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“España es un país muy elitista en cuanto a la música”

Nuria Fernández Herranz, directora de coro y profesora, participa desde mañana en el festival América Cantat, en Panamá: “En nuestro país se menosprecia el trabajo de los coros por ser amateurs”

  • Nuria Fernández Herranz / Foto: Jesús G. Feria
    Nuria Fernández Herranz / Foto: Jesús G. Feria

Tiempo de lectura 4 min.

05 de abril de 2019. 00:59h

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Ulises Fuente 5/4/2019

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De los periodistas musicales se dice que son huraños músicos frustrados. Nuria Fernández Herranz niega que algo así le suceda a los directores de coro: lo suyo es vocacional y pasional. Lleva dos décadas recibiendo reconocimientos a su labor y aportando su saber a diferentes agrupaciones corales e instituciones. Ahora, parte a Panamá para participar en el festival América Cantat, en el que se invita a diferentes personalidades para trabajar en programas monográficos e intercambiar experiencias.

–¿Cuál es la esencia de su trabajo, dirigir un coro?

–Pues por un lado hay que tener formación musical integral: armonía, estilos interpretativos, el tratamiento de la técnica vocal, el empaste del sonido, la afinación... y es importante conocer al menos la fonética de diferentes idiomas y cómo funcionan prosódicamente, porque cada idioma acentúa las palabras de una manera.

–Todo eso es muy técnico, pero habrá algo emocional...

–Exacto. Es clave la labor de liderazgo y que sirva para motivar a la gente que trabaja contigo y que está poniendo su saber en tus manos. La mía es una profesión que ha sufrido el intrusismo porque antes cualquiera que supiera música, ya fuera trompetista o cantante o cualquier cosa, se ponía delante de un coro. Estamos logrando cada vez más directores de coro formados específicamente. Lo más importante es que crean en ti. Si consigues eso, los resultados llegan.

–Supongo que manejar el grupo humano será lo más difícil de hacer y lo que marque diferencias.

–Sí que es difícil y depende de cada perfil de grupo. Lo más duro es conseguir un nivel de compromiso, de que todo el mundo quiera dar lo mejor. Esto requiere una gran inversión de energía, y hay días en las que hace falta el oficio. Es como los lutieres: hay que construir un instrumento pieza a pieza. Un coro está compuesto de valiosísimas partes, las personas. Y les tienes que dar forma y cuidar la individualidad. Evitar que sea alienante.

–No sé si tiene el síndrome del entrenador del fútbol que se lleva las culpas de todo y rara vez los méritos.

–(Ríe). Bueno, es que realmente es así. Nos guste o no, es nuestra. A veces hay factores externos, como la acústica del lugar, pero si somos un equipo, pues un director tiene la responsabilidad. Porque en tu mano está elegir el repertorio, que debe ser el adecuado por nivel de dificultad o características de las voces. Ahí es cuando llega el fracaso.

–¿Para una directora de coro es más importante la mano izquierda... o la derecha?

–Si la pregunta es técnica, la mano derecha sería el cerebro y la izquierda el corazón. Una va ligada a la expresión, la conducción de las frases, y la otra al tempo y los compases, que es la derecha. En el sentido metafórico, diría que hay que dar una de cal y otra de arena, buscar el equilibrio y mostrar autoridad pero no autoritarismo, porque es cierto que hay tristes casos de directores o personas que actúan de director que tratan muy mal a la gente que está trabajando bajo sus órdenes. No hay que cejar en el empeño hasta lograrlo y al mismo tiempo ser comprensivo para no llevar las situaciones a puntos de frustración.

–Existe una leyenda de exigencia máxima en la clásica ¿sucede también en los coros?

–La música coral tiene como riqueza y como lastre el ser considerada la hermana pequeña de la clásica. Que están las orquestas y los cantantes por delante. Sin embargo, los coros son una actividad cultural que involucra a muchísima gente en España. Ayuda a los niños a desarrollar su oído interno y mejorar la afinación y les permite además que puedan practicar la música. Pero España sigue siendo un país muy elitista en el ámbito profesional de la música y también a nivel institucional. Una actividad amateur como que no se ve bien, hay cierto menosprecio. Y sí, es amateur, pero también hay coros que siéndolo dan más nivel que otros profesionales.

–¿Es frecuente el ego desmedido como arquetipo?

–Es facilísimo, pero igual que en una oficina o en un bar o en cualquier ámbito de trabajo. Hay pocos grupos más heterogéneos que un coro, donde conviven personas que fuera de la agrupación no tienen nada en común aunque todos trabajan por un objetivo común: hacer música.

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