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Everest, todavía en lo más alto

El grupo Paraninfo compra la marca y los activos de este mítico sello editorial para relanzarlo después de su dramático cierre

  • La editorial Everest se ha caracterizado por sus libros escolares
    La editorial Everest se ha caracterizado por sus libros escolares
  • La editorial Everest se ha caracterizado por sus libros escolares, pero también por sus títulos sobre turismo y gastronomía, como se ve arriba
    La editorial Everest se ha caracterizado por sus libros escolares, pero también por sus títulos sobre turismo y gastronomía, como se ve arriba
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

10 de septiembre de 2018. 00:15h

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J.O.  Madrid. 10/9/2018

Un sello editorial no es únicamente unas cuentas de resultado o una suma de beneficios, ni siquiera una empresa de carácter particular o perteneciente a una sociedad o una multinacional, sino algo más, algo que cala en los lectores y que, de una manera sutil, acaba formando parte de la educación intelectual y sentimental de varias generaciones de adultos y niños, los mismos que guardan los ejemplares en las estanterías y regresan a sus páginas de vez en cuando para redescubrir sus líneas olvidadas. Cuando trascendió que Everest, uno de los pilares de nuestra tradición editora, atravesaba dificultades, muchas personas temieron lo peor, y cuando ya se anunció lo peor, no fueron ni uno ni dos los que sintieron emocionalmente ese final. «Cuando viajabas a León y comentabas lo que había sucedido, notabas que la gente estaba afectada moralmente. Era una empresa de la que se sentía orgullosa la provincia entera y la comunidad autónoma. Su cierre supuso una catástrofe moral y tuvo un enorme impacto en los habitantes de la región. Hay que tener en cuenta que existen muchas cosas que son patrimonio cultural de un país y las empresas también lo son», comenta Pelayo García, de la Editorial Paraninfo Nobel Mundiprensa, y uno de los emprendedores que no se han resignado a que el destino marque la pauta, sino que ha decidido tomar cartas en el asunto.

«Hace unos años, Everest entró en crisis, en concurso de acreedores y llegó a la liquidación. Nosotros estuvimos antes de que eso ocurriera, deseábamos adquirirla en funcionamiento, pero no hubo acuerdo con la propiedad y se liquidó. Hemos seguido este concurso», explica Pelayo García. Él mismo precisa, para evitar malentendidos, que «no es que hayamos la comprado como empresa o unidad productiva, sino la marca y el grueso del fondo. Editorial Everest era la mayor empresa de León, pero no nos hemos hecho cargo de ningún empleado. Únicamente nos hemos quedado con activos para dar continuidad al sello». Para Pelayo García, ahora lo principal es atar cabos sueltos, antes de reorientar o adentrarse en la faena del catálogo. «Everest es una de las marcas españolas históricas, que está en la mente de todos, como La Casera, que está impresa en nuestra memoria. Es un patrimonio nacional, que es muy valorado aquí y en Latinoamérica, aparte, por supuesto, de que exista detrás un negocio. Ahora, con una buena gestión se puede tener una editorial potente».

Restos del naufragio

Sobre este asunto, apunta que «aunque quedan flecos, la operación está cerrada. Lo único que pasa es que todavía es un poco pronto para tocar asuntos concretos. Se debe pensar que todavía habrá muchos autores que no saben que esto ha pasado. Estamos en una fase de los restos del naufragio. Ahora lo más importante es sacar todo y ordenarlo. No estamos en ese momento en que se puedan señalar puntos tan específicos como los títulos que publicaremos en el futuro. Debemos tener presente, eso sí, que Everest tenía una destacada presencia en educación y literatura infantil, y que ahí centraremos el foco. No compramos el fondo pensando en títulos, sino en relanzarlo en su conjunto, como si no hubiera sucedido nada, aunque haya pasado». La idea es ahondar en las líneas que han caracterizado a esta editorial. «Se había hecho célebre por sus publicaciones infantiles, de turismo o de gastronomía. El único motivo por el que quebró es que la deuda coincidió con la crisis, y no hubo manera de sostener el sello, porque, además tenía imprenta propia, que siempre requiere muchos trabajadores, y, bueno, no se pudo sostener esta parte económica del grupo, pero la editorial continuaba funcionando».

Everest, todavía en lo más alto
Motivos empresariales, razones humanas

Pelayo García desea «reconstruir parte de lo que había con parte de los recursos humanos que se han perdido. Esto no quiere decir que vayamos a contratar a todas las personas de la empresa, pero sí estamos intentando localizar a los que puedan ayudarnos en este nueva etapa». Detrás de las razones empresariales también existen motivos humanos. Y en este caso, coinciden. Pelayo García, que cuenta en esta aventura con su hermano David, comenta que vive en Asturias y lo importante que es fomentar iniciativas en lugares alejados de las grandes urbes. «Aquí existen muchas tensiones migratorias, por eso es esencial mantener un tejido productivo. Esto es una industria cultural. No tiene nada que ver con el monocultivo, pero genera una clase de profesionales cualificados, de autoría, y esto genera una abundante riqueza. Y eso es bueno».

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