“Flow”, una ópera prima cargada de fe

“Soy todos los hombres”. Así define su oficio de actor Walter Mann, el protagonista de “Flow”, que se estrena hoy. Pero aunque en el escenario interprete desde a Vito Corleone hasta a el Hombre Elefante, en realidad en las personas que han coescrito y coproducido la película: el director, David Martínez, y Juan del Santo, quien encarna al propio Mann. Martínez presenta su ópera primer, pero anteriormente ha trabajado como ayudante de dirección de Pedro Almodóvar, John Malkovich, Pilar Miró o Mario Camus, y asegura que en el persona de Mann “se reflejan bastantes aspectos de mi vida, de mis relaciones personales, que se han disuelto en el proceso de creación. La idea del perdón, de la reconciliación, la muerte...”. Por su parte, Del Santo y su personaje se disponen a enfrentar por primera vez un papel protagonista, el primero en la pantalla en “Flow”, y el segundo en una obra de teatro que lleva por título “Lobo”, que, como explica Martínez, “paradójicamente en inglés se escribe “wolf”, a la inversa que nuestra cinta”.

El aullido de Mann se escucha mientras ensaya en el escenario. Subido allí, dice Martínez, “es capaz de comunicarse con la gente, pero fuera del teatro su vida es el aislamiento. Es un lobo solitario, con su familia habla por carta y con su mujer por teléfono”. Precisamente su hermano, al morir su padre, engaña a su hermano con una “herencia envenenada” por la que Mann pasará un año y se convertirá en vagabundo. “Este contraste de la persona que tiene de todo y se queda en la calle de una manera cruda no está tan visto en el cine”, comenta el director, “gusta a las organizaciones porque transmite un lado humano de la gente que vive en la calle, que detrás de ellos también hay una vida”.

La fe es un tema principal en la película. Mann confía en ella antes de salir a escena, pero también cuando lo pierde todo. Martínez admite que quería “investigar la religión en el cine porque hay mucho prejuicio respecto a ello. Falta un poco más de libertad para las personas que no somos claramente religiosas Yo tengo unas inquietudes espirituales claras. Y Del Santo, también, pero su curiosidad es más concreta. Creo que la espiritualidad es algo que pertenece al ser humano y se debe explorar y contar sin tapujos. El cine religioso que se hace es bastante tópico, pero se puede hablar de religión y la importancia que aporta a la vida sin la necesidad de usar los clichés típicos. Nuestro largometraje ha tenido buena aceptación por esa a manera de contar valores importantes para la Iglesia de una manera distinta. De hecho, en el Vaticano llamó tanto la atención que fue nominada a la Mejor película y premiada al Mejor Actor en la Festival Internacional de Cine Mirabile Dictu”.

A pesar de todos los reconocimientos recibidos (Mejor Película en el I Will Tell International Festival de Londres; Mejor Director, Mejor Fotografía y Mejor Actor en el Peloponesian Corinthian International Festival de Grecia; o Mejor Guión en el Follow Your Dreams Fil Festival de Estados Unidos), asegura Martínez que “sabíamos que teníamos una película difícil desde la gestación hasta verla terminada. Nos hemos planteado hacer todo el ruido que podamos con el dinero y las amistades que tenemos, no nos queda otra para hacernos visibles. Y no hablo de recuperar el dinero, que probablemente en este caso sea una causa perdida. Lo importante es que el mensaje llegue a la gente”. “Nosotros en el fondo no somos nadie”, afirma el director, pero sí cuentan con “leyendas vivas de nuestro teatro” como reclamo: Concha Velasco, Lluís Homar y Emilio Gutiérrez Caba. “Les contamos bien el proyecto y no tuvieron ninguna duda. Me parecía exótico que apoyaran a Juan del Santo, un actor que tiene bagaje pero es la primera película que protagoniza y la lleva entera a sus espaldas. Fíjate la generosidad que tuvieron que trabajamos con cada uno tres horas y lo hicieron con una entrega para quitarse el sombrero”. En concreto, el personaje de Gutiérrez Caba, el padre, es representativo del “tópico español de eue el cine es para los americanos y que el nuestro no lleva a ningún lado. Esta es una opinión generalizada en nuestro país y creo que aquí vamos a demostrar que se pueden seguir rodando filmes en España también de otra manera”, declara Martínez.

Ese modo, es el de contar con pocos recursos: “En el origen del proyecto teníamos sólo 18.000 euros, en total ha costado 60.000. Comenzamos después de la propuesta de Juan del Santo. La primera fase fue trabajar unas improvisaciones que él había traído de su bagaje personal y moverlas con ciertos temas de la vida que nos interesaban a los dos: la muerte, la religión, el arte... Lo que salió de esas dos semanas lo pusimos en práctica en el Teatro Lara con un equipo pequeño de nueve personas. Estuvimos dos días pero nos gustó tanto el material que grabamos que nos comimos la cabeza para escribir una historia que sirviera de hilo conductor de lo que ya teníamos rodado en el teatro y que, además, pudiéramos abarcar en siete días más de grabación y poder conseguir más dinero”. Un trabajo al que Martínez no estaba habituado porque, admite, “he participado en películas con grandes presupuestos”, y que de momento sólo cuenta con una semana asegurada en cartel en un par de cines de Madrid, pero también satisfactorio porque, añade el director, “cuando llega un momento en el que hay que poner la creatividad al servicio de la producción, surge algo mágico, y para mí fue un descubrimiento”.