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«Grupo salvaje», cincuenta años del «western» que inventó la violencia

El carácter de Sam Peckinpah acuñó una leyenda que era temida incluso en Hollywood, un lugar donde las excentricidades son tan comunes como la cerveza en la Feria del Libro de Madrid.

  • «Grupo salvaje» se estrenó hace cincuenta años. Aún es considerado uno de los mejores «western» de la historia
    «Grupo salvaje» se estrenó hace cincuenta años. Aún es considerado uno de los mejores «western» de la historia

Tiempo de lectura 2 min.

19 de junio de 2019. 03:28h

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Javier Ors 19/6/2019

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Gonzalo Suárez, al hilo de un libro de corte biográfico, evocaba la figura de Sam Peckinpah y comentaba una anécdota que escuchó un día al actor Gene Hackman cuando recordaba al director: «La vida es demasiado corta para desperdiciar cuatro semanas trabajando a su lado». El carácter de Peckinpah acuñó una leyenda que era temida incluso en Hollywood, un lugar donde las excentricidades son tan comunes como la cerveza en la Feria del Libro de Madrid. Sam Peckinpah, que asumió que el whisky formaba parte de su riesgo sanguíneo, junto a los glóbulos rojos y las plaquetas, trabajó una cinematografía con esa utilería que es la violencia.

Un código que venía domesticado de aquellas películas de indios y vaqueros donde los apaches (generalmente blancos maquillados) morían sin que a nadie le importara un pimiento. Sam Peckinpah, que siempre hizo un cine muy viril, muy masculino, con genitales, vamos, recuperó la violencia subiendo su volumen hasta un nivel casi insportable para la época. Lo hizo, supuestamente, con el propósito de sacudir al espectador y crear un rechazo en él.

Justo lo contrario de como la han tratado posteriormente los «stallones» de turno, donde los vietnamitas son los nuevos Sioux, o el propio Tarantino, que a partir de «Pulp Fiction» la ha convertido en parte del argumento, como las guapas en las pelis de James Bond. Entre las artesanías que sacó de la chistera Peckinpah, que siempre tuvo que lidiar con la desgracia de un temperamento tan grande como la planta de su ego; una personalidad que daría para repartir entre varios equipos de fútbol, figuran «Perros de paja», con Dustin Hoffman, que no era un paseo por el campo; «La huida», con un espléndido Steve McQueen, a la sazón ídolo sexual; la coyuntural «Pat Garret y Billy el niño» o la «Cruz de hierro», que marcó el cine bélico posterior de la misma manera que «Salvar al soldado Ryan», de Steven Spielberg. «Grupo salvaje», que estrenó el 18 de junio de 1969, hace cinco décadas ahora, y que reunía a William Holden, Ernest Borgnine y Robert Ryan, le dio el actual renombre a Sam Peckinpah, un realizador que siempre sostuvo sonoros enfrentamientos con los estudios por los que sentía un hondo desprecio.

El filme daba una visión de los pistoleros nada romántica y muy crepuscular, anticipándose así a la desmitifación que Clint Eastwood traería después con «Sin perdón». El relato de aquella banda de forajidos, de hombres de frontera ya en decadencia, encuentra justo final en un tiroteo que continúa siendo antológico. Aunque, según se cuenta, la masacre sucedió en la sala de montaje, donde quedaron muchos minutos fuera del metraje.

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