Cultura

Galcerán de Requesens, el marino catalán que comandó la Armada de los Reyes Católicos

Tuvo un importante papel en el asedio a Málaga, en la reconquista de Granada, y brilló junto a El Gran Capitán en Nápoles y Sicilia frente a los franceses

Castel del Ovo, en Nápoles, el castillo que rindió la flota de Galcerán de Requesens frente a los franceses
Castel del Ovo, en Nápoles, el castillo que rindió la flota de Galcerán de Requesens frente a los franceses FOTO: Luca Aless (Creative Commons)

Noble catalán, Galcerán de Requesens i Joan de Soler sirvió en su juventud a Fernando I de Nápoles. Era hijo del gobernador de Cataluña, Galceran de Requesens i de Santacoloma, y hermano del también gobernador, Lluís. En 1465 derrotó a la flota angevina en la batalla de la isla de Ischia, donde se habia levantado Juan de Torrelles y López de Gurrea, partidaririo de Renat d’Anjou y conde de Ischia, al que obligó a capitular.

En 1471, con diez galeras, se unió a la flota veneciana por fustigar a los otomanos, donde junto con Pietro Mocenigo, dux de Venecia, atacó las islas de Rodas, Cos y Samos, localizadas en el archipiélago del Dodecaneso (Mar Egeo), en la actual Grecia.

Fue también embajador del Rey de Nápoles en Barcelona (1472). Sus éxitos fueron recompensados con los condados de Trivento y Avellino.

Ya bajo las órdenes directas de la Corona de Aragón, o sea, de Fernando II de Aragón y V de Castilla (el Rey Católigo), combatió a los rebeldes de Arborea, provincia de Oristán (isla de Cerdeña), con los que firmó un tratado de paz. Efectivamente, más tarde hizo de mediador entre Fernando el Católico, el ya vencido Leonardo de Alagón (juez de Arborea) y el embajador napolitano en la Corona de Aragón.

La guerra de Granada exigió la formación de una armada real para asegurar el flanco marítimo. En ella se integraron naos de alto bordo y, también, galeras aragonesas al mando de Galcerán de Requesens, que dejó el servicio del rey de Nápoles para combatir a las órdenes de los Reyes Católicos. Galcerán de Requesens fue, desde 1486, capitán general de esta armada, creada para impedir el tráfico marítimo entre el reino de Granada y el norte de África y que tuvo un importante papel en el asedio marítimo que contribuyó a la conquista de Málaga.

Sobre este asedio, Andrés Bernáldez, cronista de la Historia de los Reyes Católicos, escribió con admiración: “Era una gran hermosura la gran flota de la Armada que siempre estaba en el cerco, e otros muchos navíos que nunca paraban, trayendo mantenimientos al Real”.

Por sus servicios, Fernando el Católico concedió a Galcerán de Requesens el condado de Palamós y barón de Calonge..

Finalizada la reconquista, Galcerán de Requesens, que se hizo construir un palacio en la localidad de Palamós completando así el que ya había desde mediados del siglo XV., estuvo al mando de las naves que llevaron a Italia al Gran Capitán en 1495 y le apoyaron durante la primera campaña de Nápoles.

Ambos mandaron una flota de 60 naves y 20 leños, con 6.000 infantes y 700 jinetes. Su finalidad será desalojar a los partidarios del Rey de Francia de las plazas de Nápoles y Sicilia que tenían ocupadas. Lo consiguen, incluso llegando unos meses más tarde hasta las puertas de la misma Roma. Un año antes de su muerte, el Rey Católico le confirmó el título de conde de Avellino.

Según relata Fernández Duro en sus «Principios de la Edad Moderna y de la Armada Española (1476-1500)», del Instituto de Historia y Cultura Naval, “Se disponían en Cartagena y Alicante hasta sesenta naves y veinte leños, formando escuadra á las órdenes de Galcerán de Requesens, conde de Trivento, general de las galeras ordinarias de Sicilia, y embarcaban seis mil hombres de á pie y seiscientos jinetes, teniendo por cabeza á Gonzalo Fernández de Córdova, elegido entre los buenos capitanes de la guerra de Granada para aquella expedición, en que, por mejor, había de merecer el dictado de Gran Capitán.

Hízose la travesía con malos tiempos, dividida la armada en dos grupos principales: el de la vanguardia, dirigido por Requesens, llegó primero á Sicilia; el otro, en que iba Gonzalo de Córdova, tocó en Mallorca y Cerdeña, reuniéndose en Mesina el 24 de Mayo”.

A poco de arribar a Nápoles, lograron los españoles que los franceses se encerraran en los castillos Nuevo y del Huevo y, al no poder recibir refuerzos, “rindiéronse, por consecuencia, los castillos de Ñapóles, quedando á los franceses, las plazas fuertes de Gaeta y de Tarento con alguna otra de menos importancia, esperanzados todavía de refuerzos, que no recibieron, ó de ocurrencias imprevistas: la muerte del rey D. Fernando, por ejemplo, sucedido por su tío D. Fadrique. Requesens bloqueó de seguida á Gaeta con cuatro carracas y cinco naos manteniéndose en crucero mar afuera Miguel Ferrer con otras cuatro, una carabela y dos galeras, con objeto de interceptar los socorros, como lo hizo, apresando á la nave genovesa Madaletia con trescientos soldados y cargamento de harina”.

Finalmente, la victoria fue para las naves comandadas por el Gran Capitán y Requesens, con lo que los franceses tuvieron que huir: “De aquel brillante ejército que atravesó los Apeninos ganoso de gloria, pocos volvieron á su país, afligiéndoles por tantas maneras la fortuna como se vió en la capitulación de Gaeta, por cuyos términos se consentía á la guarnición llevar consigo los objetos de su pertenencia. Habiéndolos embarcado en dos naos grandes, dieron al través con temporal en Terracina, perdiendo en el naufragio la plata de las iglesias, acaparada con muchas cosas de valor, á ejemplo de su rey Carlos VIII cuando sacó de Ñapóles las joyas y obras de arte que cayeron en manos de corsarios pisanos y vizcaínos”.

De su actuación en esta campaña dijo el autor: “Confirmó su crédito de buen marinero Galcerán de Requesens, conde de Trivento, presente en las principales acciones, sin tener que sentir de los tiempos o de los enemigos merma que se apuntara”.