Cultura

Gueto de Varsovia: de la “limpieza” de Himmler al histórico levantamiento

Este horrible lugar que crearon los nazis es uno de los símbolos del sufrimiento judío durante la Segunda Guerra Mundial, así como de su lucha por la dignidad

La familia Neyer abandona el gueto de Varsovia, en Polonia, para su deportación en abril de 1943. Su misma suerte correrían muchos otros judíos
La familia Neyer abandona el gueto de Varsovia, en Polonia, para su deportación en abril de 1943. Su misma suerte correrían muchos otros judíos

Primero fue un cerco de púas y después un muro de tres metros lo que rodeó a aquel horror. Dentro de las macabras historias que orquestaron los nazis contra la sociedad judía, la del gueto de Varsovia es una de las más escalofriantes. Hasta el punto que hasta hoy se han escrito ríos de tinta, así como se han filmado todo tipo de proyectos inspirándose en aquella ratonera. La etapa de aislamiento en los guetos era la primera fase de la Solución Final de Hitler, donde las personas vivían hacinadas, sin ningún tipo de derecho ni de primera necesidad. Era la primera parte de un plan que pretendía acabar con ellas, pero no sin antes recordarles que, para la Alemania nazi, no eran más que deshechos.

En el gueto de Varsovia ingresaron 400.000 personas y sobrevivieron 50.000. De los 400 guetos que hubo en Polonia, este fue el mayor, pues hacia 1942 se calcula que vivían hacinadas 450.000 personas, lo que equivaldría a que un 30% del total de la población de Varsovia se concentró en un 2,4% del área urbana. De hecho, en las pocas viviendas que había, habitaban una media de 9 personas por habitación. Se inauguró el 16 de octubre de 1940, y existió hasta que se destruyó en mayo de 1943, pero no sin antes hacer sufrir aún más a quienes lo habitaban. Sucedió un día como hoy de 1942, cuando Heinrich Himmler ordenó a Rudolph Hoess, comandante de las SS, que limpiara el gueto de Varsovia. Durante la mañana de aquel 22 de julio, comenzaron a producirse transferencias hacia el campo de exterminio de Treblinka, a un ritmo de más de 5.000 judíos al día.

De esta manera, desde aquel día hasta septiembre, se trasladaron a 265.000 personas, que pasaban de vivir en un horror a hacerlo en una pesadilla, donde con suerte sobrevivirían, pero donde la mayoría murió gaseada. Y, si hay un aspecto histórico sobre el gueto de Varsovia no es ya por las dimensiones infrahumanas que llegaban a imponer los nazis, sino porque fue también símbolo de la resistencia judía. Mientras veían cómo los mataban, cómo separaban a familias para siempre o sus seres queridos morían de hambre, cientos son las historias de superación que hasta hoy nos han conmovido. Y, entre ellas, destaca la de aquel 19 de abril de 1943, cuando se produjo el levantamiento del gueto de Varsovia.

FOTO: WWII War Crimes Records

Una vez Himmler había ordenado lo que él llamaba “limpieza” del gueto, los nazis decidieron dar un paso más y acabar con todo lo que quedaba, en una fecha que, por cierto, coincidía con el cumpleaños de Hitler. A pesar de que la superioridad alemana era abrumadora, los habitantes del gueto ofrecieron una increíble resistencia frente a los soldados que entraron para llevárselos, lo que se convirtió en el icono histórico por excelencia de la dignidad frente a la deshumanización que los nazis imponían sobre la sociedad judía. Los primeros enfrentamientos duraron tres días, hasta que las tropas se retiraron y terminaron con todo convirtiendo el gueto en un lugar en llamas.