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Hué, el principio del fin de Vietnam

Aprovechó el Vietcong el alto el fuego por el año nuevo local para sorprender a sureños y norteamericanos y asestar, el 30 de enero de 1968, el primer golpe de la Ofensiva del Tet

  • Icónica foto del conflicto de Hué en la que una mujer vietnamita llora por el cadáver de su esposo, encontrado junto a otros 47 cuerpos en una fosa común cerca de la ciudad
    Icónica foto del conflicto de Hué en la que una mujer vietnamita llora por el cadáver de su esposo, encontrado junto a otros 47 cuerpos en una fosa común cerca de la ciudad

Tiempo de lectura 8 min.

29 de enero de 2018. 03:20h

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Jorge Vilches 28/1/2018

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Los comunistas perdieron la batalla militar de Hué, pero ganaron la guerra de opinión. En cuanto en Estados Unidos se conocieron los detalles sangrientos y sus imágenes llenaron los periódicos e informativos, la oposición antibelicista creció y salió a las calles. Los movimientos por los derechos civiles iniciados en 1963 y el mundo hippie hicieron temblar los valores tradicionales norteamericanos. La generación de los hijos de aquellos que hicieron la Segunda Guerra Mundial no quería un mundo en armas, y los movimientos sociales de los 60 parecían capaces de derrotar a cualquier gobierno.

Vietnam estaba en guerra larvada desde 1945, cuando Francia quiso restablecer su dominio colonial en Indochina. Ho Chi Minh lideró la Liga por la Independencia, el Viet Minh, uniendo nacionalismo y comunismo al estilo soviético y chino. Pronto comenzó la matanza de civiles franceses a manos de la guerrilla. Francia pidió auxilio a Estados Unidos, quien al poco tiempo asumió gran parte del gasto militar. París se retiró del territorio en 1954 e Indochina quedó dividida en Laos, Camboya y los dos Vietnam, uno al norte controlado por comunistas, y otro al sur como restaurado Imperio de Annam. La monarquía sureña no duró: el general Diem dio un golpe de Estado en 1955 para proclamar la República de Vietnam con apoyo de Estados Unidos.

La guerra se enquistó. En 1967 se ideó la «Ofensiva del Tet», a cargo del Ejército de Vietnam del Norte y del Frente Nacional de Liberación de Vietnam, conocido como «Vietcong». La pretensión era invadir la República del Sur y forzar la unificación bajo una dictadura comunista. La ofensiva se inició en la noche del 30 al 31 de enero de 1968. Tomó por sorpresa a sureños y norteamericanos ya que había una tregua para celebrar el año nuevo vietnamita (el Tet). El 1 de febrero, los norvietnamitas habían entrado en Saigón y atacado 36 capitales de provincia.

Hué era la vieja capital del Imperio de Annan. La noche del 30 de enero de 1968, la población, unos cien mil habitantes, había celebrado el cambio de año. A la mañana siguiente no había nadie por las calles. El Song Huong (Río del Perfume), que dividía la ciudad, bañaba tranquilo las murallas de la Ciudadela Imperial. La antigua presencia francesa se notaba en la parte noble de la ciudad, con sus edificios coloniales, su iglesia católica y la planificación urbana. La paz fue rota por el ruido de los disparos de mortero. Hué estaba defendida tan solo por una pequeña fuerza del ejército sudvietnamita; una compañía de élite denominada «Panteras Negras», y que estaba asignada a la 1ª División del general Ngo Luang Trong. No había presencia norteamericana, salvo un puñado de asesores. Pronto, la bandera del Vietcong, una estrella dorada sobre un campo rojo y azul, ondeaba en el antiguo palacio.

La liquidación social no tardó en llegar. Entre 5.000 y 7.000 civiles fueron asesinados inmediatamente y enterrados en fosas comunes. Era la vieja táctica del terror como arma política. Ejecutaron a los «contrarrevolucionarios» y «colaboradores» del gobierno de la República del Sur.

Casa por casa

Las tropas norteamericanas más cercanas estaban en Phu Bai, a unos 12 km. El general Foster Lahue, que ya había combatido en Europa y Corea, estaba al mando de los Marines de la Fuerza Operativa Rayos X, con tres batallones, unos 400 hombres. Lahue envió a la compañía A para contactar con Hue, pero fue atacaba por la guerrilla del Vietcong. En su ayuda envió al teniente coronel Marcus Gravel con los Marines, una sección de carros de combate y un grupo de ingenieros. Tras rescatar a sus compañeros, cruzaron el canal de Phu Cam y entraron en Hué para contactar con las fuerzas sudvietnamitas que resistían en la Ciudad Antigua. No esperaban encontrar a 6.000 soldados comunistas y fueron rechazados en el puente Nguyen Hoang.

Alertado el Alto Mando norteamericano, llegaron a la ciudad el 1er Regimiento de Marines al mando del coronel Stanley Hughes y el teniente coronel Ernest Cheatman. Los norvietnamitas estaban atrincherados en la Ciudad Antigua, y la lucha se hizo casa por casa y calle por calle, con ataques a corta distancia, francotiradores y lucha cuerpo a cuerpo, al estilo de Stalingrado. El problema para los norteamericanos era que se trataba de soldados que se habían alistado hacía poco tiempo, con un adiestramiento para el combate a campo abierto. Además, no podían recibir el apoyo de fuego pesado porque el enemigo usaba a la población civil de escudo humano.

El avance era muy lento. Las tropas norvietnamitas fueron reforzadas con otros 6.000 hombres, al igual que los norteamericanos. Mientras los primeros querían resistir, los segundos trataban de contactar con las tropas sudvietnamitas del general Trong. El 6 de febrero los estadounidenses consiguieron recuperar el Hospital, la prisión y el cuartel general de la provincia. La resistencia de los comunistas se fundaba en las ametralladoras ocultas y las trampas explosivas. Las bajas se multiplicaron. Es conocida la anécdota de cuando el coronel Gravel preguntó a un soldado que iba a ser evacuado cuántas veces le habían herido, y el chico contestó: «¿Hoy?».

Las municiones comenzaron a escasear, al igual que la comida. El monzón encapotaba el cielo e impedía el apoyo aéreo. El coronel Stanley Hughes cambió la estrategia: ataques nocturnos. La noche del 20 de febrero los Marines tomaron por sorpresa al enemigo y aseguraron el noroeste de la ciudad intramuros. El avance continuó hacia el Palacio Imperial. La reconquista parecía inminente. Sin embargo, el gobierno de la República de Vietnam del Sur se negó a que los libertadores fueron norteamericanos. Quisieron ganar la batalla de la propaganda, como hicieron los franceses en la Liberación de París en 1944.

La administración de Lyndon B. Johnson cedió. Los Marines permitieron que fueran las tropas de la compañía de Hoc Bao, los «Pantera Negra», reforzada por Infantería sudvietnamita, quienes hicieran el asalto final al Palacio Imperial el 21 de febrero. Cuatro días después, el 25, la batalla de Hué terminó oficialmente. La cifra de muertos norvietnamitas varía entre los 2.500 según sus propias fuentes, y los más de 8.000 que aseguran los EE UU. Entre los sudvietnamitas se llegó a la cifra de 452 víctimas, frente a los 216 norteamericanos caídos.

El Vietcong quedó desarmado y disuelto. El gobierno de la República del Norte decidió no contar más con los guerrilleros y planeó las siguientes ofensivas solo con las tropas regulares. Sin embargo, la guerra estaba lejos de terminar. El 4 de mayo se inició la segunda fase de la Ofensiva del Tet. Alrededor de 50.000 norvietnamitas sustituyeron a los caídos, en una guerra de desgaste físico y psicológico, pero sobre todo propagandístico. Sabían que el punto débil de Estados Unidos constituía el ser un régimen de opinión pública.

Los comunistas jugaron con la baza de las elecciones presidenciales en EE UU que se celebrarían en noviembre de 1968. Creyeron que el presidente Johnson, demócrata, retiraría su apoyó a la República de Vietnam del Sur por temor a la reacción electoral. La batalla de Hué, que había durado 26 días, había contado con muchos periodistas y fotógrafos que trasladaron a la sociedad estadounidense la crudeza de la guerra. Poco importaba que Johnson hubiera aprobado la Ley de Derechos Civiles en 1964 contra la discriminación racial, o sus programas contra la pobreza y por la educación pública. Las protestas por Vietnam, ejemplarizada con los sucesos de Hué, le empujaron a renunciar a la reelección. Los comunistas perdieron la batalla por la ciudad imperial, pero ganaron la guerra de propaganda.

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