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Humor para sobrevivir en los campos nazis

Eduardo Goldman retoma la risa como elemento para subrayar el horror y el drama que representó el Holocausto en su novela.

  • Jerry Lewis caracterizándose como payaso para el filme que rodaba sobre el Holocausto
    Jerry Lewis caracterizándose como payaso para el filme que rodaba sobre el Holocausto

Tiempo de lectura 5 min.

16 de abril de 2018. 00:12h

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16/4/2018

A mediados de los 70, Horacio Convertini, periodista argentino, entrevista al diplomático alemán Erich von Thaler, quiere contar la peculiar historia de su amigo judío Paul Jacobi, realizar un documental sobre su vida, pero fallece y es su hija quien continúa la investigación. «El último chiste del gran Jacobi» (Huso), del argentino Eduardo Goldman, es la historia de Paul Jacobi, famoso cómico político del cabaret Barbarroja de Berlín durante la República de Weimar entre 1918 y 1933. El nazismo lo llevó a Auschwitz y, tras escaparse, dejó Alemania para establecerse en Buenos Aires, donde acabó padeciendo la dictadura militar de 1976 a 1983. «Esto es una novela histórica en cuanto que refleja un periodo del siglo XX, aunque todos los datos son ciertos y, por supuesto, sigue una cronología real –afirma Goldman–, pero hay que matizar que los personajes son ficticios. En realidad, es una biografía novelada. He recogido fielmente la época y el ambiente y esa realidad es el fondo donde se desarrollan los personajes. Entre la investigación y la escritura posterior estuve cinco años porque soy muy obsesivo para ciertos detalles, exactamente la marca de cerveza que tomaban, qué comían, tabernas y restaurantes que visitaban, nombre de calles, ropa, utensilios, eventos culturales, músicos, cabaret...refleja ese Berlín maravilloso de la República de Weimar. Un momento muy importante para la cultura hasta que se cayó con el nazismo». La trama gira en torno a un triángulo amoroso «entre Jacobi, su gran amigo Erich von Thaler, que termina siendo oficial de la SS y una chica aria. Una amistad traicionada por este oficial que después fue diplomático», explica Goldman.

Una situación delicada

La novela tiene elementos dramáticos y también toques humorísticos, como reconoce Horacio Convertini en el prólogo: «Es un drama brutal. Pero tratándose de Goldman, el corazón de la novela es el humor». Aunque, ¿estaba la situación para chistes? «Victor Frankl –autor de la renombrada obra “El hombre en busca de sentido”–, que estuvo encerrado en un campo de concentración, asegura que el humor era diario porque fue una manera de escapar de aquella realidad, una especie de tabla de salvación. Aunque, obviamente, era un humor muy negro, todos ellos respetaban la situación que estaban viviendo». Y prosigue: «Al principio como crítica, luego como bálsamo y, después, como arma revolucionaria de denuncia, cada situación va colocando el humor en el rol que le corresponde. Así afronta este cómico la situación».

Es llamativo el funcionamiento de la Jüdischer Kulturbund, un teatro judío permitido y estimulado por el mismo Goebbels ¿cómo se explica esto? «Fue al principio con el propósito de demostrar a las potencias occidentales que no había racismo en Alemania, pero todo fue un completo engaño –explica–. En cuanto empezó la guerra, ya no tenía sentido mantener la mascarada y los mandaron a todos a los campos de concentración». Cuando logra escapar se va a Argentina, donde revive la situación con la dictadura militar. La historia se repite, como ha sucedido toda la vida. Genocidios ha habido siempre lamentablemente. Ahora los sirios, pero se ha hecho con los armenios, los tutsis, los camboyanos... La historia es cíclica». Pero todavía queda en el aire una pregunta que se repiten hoy en día muchos historiadores y ciudadanos: ¿cómo es posible que una sociedad tan culta y refinada como la alemana cayera en semejante barbarie, en lo más abyecto? «Porque, aunque se afirma que el ser humano es racional, no es así, es un ser emocional que razona. Al hombre se le maneja por el miedo, la culpa... Cuando la gente reacciona con miedo, no piensa, se adhiere por instinto de conservación a lo menos peligroso». Lo mejor de estas situaciones son las excepciones. El libro destaca la actitud de miembros de las SS que «salvaron muchos prisioneros en Auschwitz», y «el coraje de algunos diplomáticos españoles que arriesgaron sus carreras y sus vidas por rescatar a miles de judíos de las garras del nazismo».

Lo que nos hace humanos

Una de las cuestiones que Eduardo Goldman abordó con interés es cómo el hombre actual está reaccionando a las grandes tragedias de esta época, un asunto relevante para él: «Hoy en día, nos estamos acostumbrando a ver tragedias en los medios de comunicación, como las de los refugiados políticos que vienen a Europa buscando protección o las miles de pateras de inmigrantes que llegan a nuestras costas a diario como si nada. Estamos perdiendo la conciencia del dolor y de lo que supone la desgracia ajena. Nos acostumbramos a ver los dramas igual que los romanos en su tiempo eran capaces de comer mientras veían en la arena de los circos cómo los cristianos eran devorados por los leones». En una reflexión posterior, en la que ahonda sobre la naturaleza del hombre, Goldman matiza: «Llega a suceder, de vez en cuando, que el hombre se deshumaniza y esto ocurre siempre cuando se bloquean sus sen-timientos. Pero se nos olvida en ocasiones que lo que hace humano al hombre son precisamente estos sentimientos. Son ellos lo que nos permiten entender el dolor del otro y solidarizarse con él. Cuando eso se adormece, deja de ser humano».

Al preguntarle si se ha superado el nazismo y si el nacionalismo radical que predicaba ha quedado definitivamente atrás en la historia de Europa, no lo duda, y responde: «Existen brotes, por ejemplo, en ciertos eventos deportivos, como el fútbol, en el que aparecen, solo de vez en cuando, manifestaciones semejantes, pero como movimiento político, ya está superado definitivamente».

Para concluir, el autor reconoce que «cuando escribí esta historia, lo hice con la idea de no dar un mensaje preciso, aunque hay quien sí lo ha encontrado, aunque no era mi intención. La mía es que cada uno saque sus conclusiones».

Jerry Lewis y su polémico proyecto

Cuando se estrenó en el cine «La vida es bella», muchos espectadores protestaron. Roberto Benigni se atrevía a bromear con el Holocausto y eso era algo muy Serio. Pero no era la primera vez que alguien intentaba abordar desde unas coordenadas parecidas el genocidio. Jerry Lewis se atrevió a recurrir a la risa (y a las lágrimas) para explicar este genocidio en un proyecto cinematográfico inacabado: «El día que el payaso lloró» (en la foto). En la literatura, tampoco es muy distinto. Martin Amis recibió muchas críticas por «La zona de interés», donde usa la risa para resaltar la crueldad del Holocausto.

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