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Jane Hawking: «Stephen Hawking me trataba como a una sirvienta»

  • Jane Hawking, primera mujer del físico Stephen Hawking, durante la entrevista
    Jane Hawking, primera mujer del físico Stephen Hawking, durante la entrevista
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

21 de enero de 2015. 00:12h

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Madrid. 20/1/2015

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Tras 25 años de convivencia con uno de los genios de la física de este siglo, el que predijo que los agujeros negros emitían radiación, el cansancio pudo con Jane Hawking y se separaron. «Era un genio minusválido, con sentido del humor, pero que estaba obsesionado con la física». Eso sí, tras varios años de distanciamiento, hoy se ven a menudo. «Aún hoy leo su mente antes de que escriba lo que quiere decir en su ordenador», afirma risueña. En su biografía «Hacia el infinito» (Lumen) narra su enamoramiento y los momentos más duros de su convivencia con el cosmólogo.

–¿Cómo definiría la convivencia con él?

–En nuestro matrimonio no estábamos solos; teníamos dos compañeros más: la enfermedad y la física.

–Cuando se casó con él, ¿era consciente de la esperanza de vida de Stephen Hawking?

–Su padre y el médico le dijo a Stephen que sólo le quedaban dos o tres años. Yo era una joven muy optimista que quería dedicarme a él, hacer su vida más feliz.

–¿Se arrepintió alguna vez de su decisión?

–No era la vida con la que soñé de joven, pero hallaba consuelo en el éxito de Stephen y en mis hijos.

–Como narra en su biografía, su fe cristiana y el ateísmo de Hawking chocaban.

–Mi fe era mi apoyo, tenía que existir alguien que me sostuviera en momentos tan duros, pero yo entendía que Stephen, con su diagnóstico, no podía creer en un Dios benevolente y a eso hay que añadir sus conocimientos científicos, que dictan que el universo está regido por ciertas leyes.

–¿Cuáles fueron los motivos de la separación?

–Llegó un momento en el que no podía más. No era falta de amor, sino agotamiento. Mi marido actual entró en mi vida para ayudarme con todo lo que Stephen no podía hacer: con la casa, con los niños, con el propio Stephen... En ese momento estaba tan paralizado que no podía hablar, no podía moverse...Yo fui leal a Stephen, pero había llegado un momento en el que él no podía expresar nada. Fue cuando llegó Jonathan. Sin él me habría suicidado. Después de 1985, cuando estuvo a punto de morir y necesitó una traqueotomía, la vida cambió. Tuve que escribir a organizaciones filantrópicas de Estados Unidos para pedirles dinero para financiar a las enfermeras que le cuidaban. En ese momento, la vida de la familia cambió mucho. Esas cuidadoras entraron en casa y su único interés fue Stephen. Mis hijos y yo fuimos apartados a un rincón como si no sirviéramos para nada. Las cuidadoras vinieron a adularle como yo nunca había hecho. Ganaron mucho poder, sobre todo una de ellas. Al final él se fue con ella. Se convirtió en su segunda esposa.

–En sus memorias de 1999 dibuja a Hawking como «poderoso emperador».

–Sí, es cierto, porque las enfermeras le habían elevado al nivel de un Dios y él se lo creía. Hablar con él se hizo muy difícil.

–A lo largo de los años de convivencia, ¿se sintió menospreciada por él?

–Sí, no existía equilibrio en nuestra relación porque él sólo se concentraba en la física. Me trataba como a una sirvienta. Estaba allí para prepararlo todo. No me tenía mucho respeto.

–¿Él no permitía que nadie más le ayudara?

–No, yo tenía que hacerlo todo. De principio a fin. Yo quería dar clases de literatura española, pero él no lo aceptó. Fue muy egoísta. Una de las enfermeras decía: «Jane, por qué no cuidas a Stephen, tus clases no importan nada». Ella le convenció de que tenía que estar ahí. Él no tenía tiempo para interesarse en otras cosas, debe de ser un efecto de la enfermedad.

–¿Alguna vez le agradeció lo que hizo por él?

–No.

–Pero, en un documental, dijo que gracias a usted había superado la depresión.

–Pues a mí nunca me lo dijo.

–Con todo lo que cuenta, aguantó mucho tiempo a su lado.

–Por mi lealtad a él. Descubrió cosas muy relevantes para la física, y también por mis hijos. ¿Qué pasaría con ellos si yo me hubiera suicidado? Porque lo pensé, incluso antes de que llegaran las enfermeras.

–¿Cuándo se dio cuenta de la dureza de la enfermedad?

–En el décimo cumpleaños de nuestro hijo le felicité porque aún seguía con vida. Él no respondió, como si le hubiera insultado. Nunca hablaba de su enfermedad.

–¿Cómo es su relación actual con Stephen Hawking?

–Ya no es un Dios, si no más bien una persona que sufre mucho, pero que conserva su sentido del humor. Es importante guardar las relaciones de familia y estar juntos en fechas señaladas.

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