José María Gil-Robles: «Una gran coalición nos hubiera evitado la guerra»

El hijo de Jose María Gil-Robles, líder de la CEDA hace memoria de un periodo en el que apenas tenía un año.

José María Gil-Robles hijo
José María Gil-Robles hijo

El hijo de Jose María Gil-Robles, líder de la CEDA hace memoria de un periodo en el que apenas tenía un año.

Heredero de su padre en nombre, profesión e ideales. Para los dos José María Gil-Robles la solución hace ochenta años y ahora tenía y tiene su solución en el entendimiento de los grandes, en una «gran coalición».

–¿Qué le viene a la mente de ese febrero del 36?

–De forma directa nada, porque yo no tenía más de un año, pero de oír hablar a mis padres hay muchos, entre otros, la angustia que vivieron al cambiar de domicilio cada noche.

–¿Por miedo?

–No había ningún tipo de seguridad y les podía pasar lo mismo que le ocurrió a Calvo Sotelo.

–Asesinado meses después... ¿Todo esto fue en Madrid?

–Sí, iban de casa en casa.

–¿Cómo era ese incómodo recorrido?

–Pues entre cuatro o cinco amigos que tenían se iban repartiendo los días y dejándoles dormir allí.

–¿Cómo preparó las elecciones Gil-Robles, su padre?

–En primer lugar, trató que el presidente de la República tuviese un gobierno con una persona firme al frente que pudiera manejar cualquier condición de seguridad o, mejor dicho, de inseguridad, que es lo que había. Y este hombre no era precisamente Portela Valladares, pero en eso el presidente de la República, que tenía la obsesión de hacerse un partido de centro a su medida, no le hizo caso. Después, ya vistas cómo venían las cosas, su segundo objetivo fue intentar agrupar a todos los partidos de derechas ante las candidaturas del Frente Popular, que lo logró, pero tardíamente.

–¿Cuál era la necesidad de esa España? ¿Qué tenían que aportar las urnas?

–Debía continuar con una etapa de gobierno de orden razonable y tratar de mantener una economía controlada dentro de un sistema de mercado, entonces llamado liberal. De otra forma se iba a ir hacia una economía socialista y de vuelta a las expropiaciones de tierras y a las amenazas y confiscaciones.

–¿Y qué significó la victoria del Frente Popular?

–Fue el triunfo de los que en aquel momento querían excluir a la mitad de España de la vida pública. De los que consideraban que el 50% no sólo no merecía gobernar, sino tampoco vivir. Tristemente es así. Ya empezó la primera manifestación en el examen de actas de las propias elecciones, donde se cometieron toda suerte de expolios, hasta el punto de que el presidente de la comisión, Indalecio Prieto, dimitió de su cargo antes de presidir la aprobación de aquello.

–¿Qué se perdió España con la derrota de la CEDA?

–La posibilidad de tener un régimen en el que cupieran todos los españoles, sin gentes de primera ni segunda, donde hubiese un mínimo de orden económico, social y público para expresar las opiniones y defenderlas en la calle.

–¿Habría cambiado la historia?

–Nos hubiéramos evitado la Guerra Civil.

–¿Con qué certeza?

–Seguramente surgiría algún tipo de movimiento, pero se había dominado como en 1934. Ya entonces fue un primer intento de no aceptar que en España podía haber un gobierno de la CEDA en coalición con la izquierda moderada. Se paró porque existía un gobierno dispuesto a mantener el orden público. La guerra vino porque se incitaba a que no se sostuviera dicho orden público.

–¿Tiene su reflejo ahora? Sin tiros, evidentemente.

–No se pueden hacer extrapolaciones a hoy. Hay que tener en cuenta que España es el 36 era un país en situación de miseria económica grande y con mucha gente pasando hambre. No estaba metida en la Unión Europea, ni en una alianza occidental. Ahora seguramente haya alguien que puede intentar una deriva, pero será frenada como se ha hecho en Grecia.

–¿Qué papel desempeñaría su padre en un panorama político como el de hoy?

–Estoy seguro de que estaría intentando realizar una coalición como la que quiere montar el presidente Rajoy. Es decir, un grupo que pudiera seguir la línea política de los últimos cuatro años y no volver a hace cinco, con el desastre que eso supuso.

–¿Qué gran coalición se podría haber hecho en el 36?

–Había una posibilidad que intentaron, por parte del Partido Socialista, Indalecio Prieto, y, por parte de la CEDA, Manuel Giménez Fernández por encargo de mi padre. Fue la coalición de los moderados del PSOE, la parte que quedaba sana de los radicales, y la CEDA, pero la mayoría de los socialistas no la quiso.

–Aquí sí hay tintes actuales.

–Siempre se puede pensar que en el PSOE hay dos almas y que una de ellas es menos razonable, pero este partido no es como el del 36.