El mejor Steiner está aquí

La Europa de finales del pasado siglo y principios del actual arroja un impresionante balance de espléndidos indagadores de la conciencia contemporánea: entre tantos, Pascal Quignard, Tzvetan Todorov, Gérard Genette o Marc Fumaroli, sin olvidar a nuestros Rafael Sánchez Ferlosio o Fernando Savater. Para todos ellos existe un referente indiscutible: George Steiner (París, 1929), ensayista, crítico literario, agitador cultural y lúcido pensador sobre las más acuciantes realidades de nuestro tiempo. Este hombre de permanente sonrisa bonachona, un punto irónica, de extensa producción literaria –recordemos tan sólo «Errata», su luminosa autobiografía– y amplio reconocimiento internacional nos ofrece ahora «Fragmentos», una obra de curioso subtítulo: «un poco carbonizados»; y es que este libro, que parte del conocido recurso retórico del «manuscrito encontrado en...», se idea sobre el hallazgo ficticio de un pergamino semiquemado escrito por un supuesto filósofo de la antigüedad clásica. Steiner, en funciones de mixtificado paleógrafo, interpreta y comenta estos textos en lo que acaba resultando un breve compendio de sus más características ideas.

Se abordan así cuestiones como la importancia del silencio en la composición artística; el valor de la amistad como sentimiento excluyente del amor y mucho más consistente; la consideración genética de la inteligencia heredada; el mal resultante de mesiánicas utopías; la relación entre el dinero y las emociones: «La libreta de ahorros suscribe lo erótico», el carácter telúrico de la música y la muerte como lenitivo de la devastadora vejez, sin perder de vista su inevitabilidad: «el recién nacido tiene edad suficiente para morir» o «La gran maestra de la democracia es la muerte». Una mordaz ironía recorre esta prosa aduciendo, por ejemplo, que la conocida sentencia de que «El hombre es un lobo para el hombre» es un serio insulto a los pobres lobos. El mejor Steiner, incansable fustigador de banales modernidades, directo y sencillo en su eficaz inteligencia, enemigo de todo prejuicio, está en estas páginas de imprescindible, gozosa e inagotable lectura.