La doble de Ava Gardner

Una novela como «Las inviernas» desmiente sobradamente la pretendida crisis del género. Cuando se repiten manidos argumentos y tópicos personajes, resulta reconfortante encontrarse con la sorprendente historia de dos hermanas, Dolores y Saladina (apodadas como el título de la obra), quienes tras un largo exilio de niñas de la guerra civil regresan a su aldea natal, Tierra de Chá, en la misteriosa Galicia profunda. Tienen ahí, en esa fascinante y enigmática ruralidad, cuentas pendientes, algún encuentro con el pasado, viejas historias sin resolver y una curiosa obsesión: se han enterado de que Ava Gardner vendrá a España –finales de los años cuarenta– para interpretar aquella mítica película de culto, «Pandora y el holandés errante»; fruto de su pasión cinéfila, sueñan con obtener el papel de, ni más ni menos, la doble para algunas escenas de la inolvidable actriz. Fluye así una trama habitada por el atrabiliario abuelo de las protagonistas, que «compraba» los cerebros de sus convecinos para estudiarlos a su muerte, el desaparecido marido de una de ellas, y el esperpéntico protésico dental que pretende a la otra, o eso se imagina ella. El tío Rosendo piensa que el destino de cada cual se resuelve en un concreto instante de su vida; aquí asistimos a los decisivos de personajes que se mueven en un original imaginario de intrigantes adivinadoras, alguna viuda que vuela y cierto burro que habla. Sin olvidar la ambivalencia entre la fantasía –el cine y los fantasmales Clark Gable, Audrey Hepburn o Greta Garbo– y la realidad de un pasado de crímenes guerracivilistas. Bajo la espléndida ascendencia de Valle-Inclán, Cunqueiro o el primer Luis Mateo Díez, esta novela homenajea la oral narratividad popular. Así, una adecuada dosificación de la intriga, una perfecta recreación del ambiente rural y la presencia de un tormentoso pasado modelan esta novela de inquietante amenidad, rigurosa escritura y legítima, lograda ambición.