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Trapiello, de umbral al rastro

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Tiempo de lectura 2 min.

10 de enero de 2018. 23:59h

Comentada
Jesús Ferrer.  10/1/2018
Trapiello, de umbral al rastro
  • Título:

    «Mundo es»

  • Autor:

    Andrés Trapiello

  • Editorial:

    PRE-TEXTOS

  • Nº de páginas:

    448 Páginas

  • Precio:

    290 euros

Andrés Trapiello une a su condición de reconocido novelista, ensayista y poeta una larga trayectoria como diarista. Ahondando hábilmente en una pormenorizada evocación del pasado cercano, ha ido publicando durante dos décadas largas, con anual puntualidad, un retrato íntimo y comunitario a la vez de los vericuetos de la cotidianidad que incluye un rico anecdotario personal, logradas escenas costumbristas, un ejercicio de atinada crítica cultural, sedimentadas reflexiones éticas y la caracteristica...

Andrés Trapiello une a su condición de reconocido novelista, ensayista y poeta una larga trayectoria como diarista. Ahondando hábilmente en una pormenorizada evocación del pasado cercano, ha ido publicando durante dos décadas largas, con anual puntualidad, un retrato íntimo y comunitario a la vez de los vericuetos de la cotidianidad que incluye un rico anecdotario personal, logradas escenas costumbristas, un ejercicio de atinada crítica cultural, sedimentadas reflexiones éticas y la caracteristica ironía del mejor escepticismo. Desde el primer volumen de la serie del «Salón de los pasos perdidos», «El gato encerrado» (1990), hasta el reciente «Mundo es» –afirmación de la realidad proveniente de «La Celestina» y centrado en 2007–, asistimos a la novelización de la experiencia autorial basada en una visión literaria de la vida, la machadiana conciencia de la temporalidad, una azarosa alternancia entre felicidad y tristeza, y la contundencia del desinhibido opinante, sin olvidar las magistrales semblanzas de los quienes se cruzan en esta peripecia.

Destacan episodios y comentarios tan variados como la estancia del diarista en Colombia, protagonizando diversos eventos literarios, con participación de García Márquez incluida, y algunos avatares entre divertidos e inquietantes; jocosos contratiempos domésticos, alguna visita hospitalaria a un cercano amigo, admirables apreciaciones sobre Proust o Josep Pla, el resignado compromiso de la firma de libros, ciertas andanadas contra Gil de Biedma, Barral y Umbral, los acostumbrados recorridos por el Rastro madrileño o una curiosa visita a las tumbas de Falla y Pemán. Todo ello bajo un asumido tono galdosiano, de matizado realismo, escrutadora mirada contemplativa, aforística agudeza y sutil lirismo cotidiano: «Cuando una mariposa se posa y junta sus alas tan suavemente, me recuerda a don Elpidio, un maestro que tuve; al cerrar un Quijote infantil, del que se servía para los dictados, decía: ‘‘Esto es todo por hoy’’» (pág.190). Continúa brillantemente este extenso friso de la memoria personal , un clásico ya de la evocación intimista y literaria.

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