Literatura

Los clásicos son para el verano: ¿cuánto tenemos de griegos y romanos?

La canícula es buen momento para acercarse a las raíces de nuestra civilización con libros como «Locos por los clásicos»

PERICLES
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Los clásicos son para todo momento, son de ayer, de hoy y de siempre. Los clásicos son muchos, por supuesto: los musicales, los del siglo de oro, los del cine… pero siempre, por excelencia para nuestra cultura, son los griegos y romanos. Hay un momento auroral en nuestra historia en los que, en los pocos kilómetros cuadrados que abarcaban las murallas de la Atenas de Pericles o los límites de las siete colinas de la Roma de Augusto, se sentaron las bases y los fundamentos de todo lo que somos. La proliferación de sabios modélicos, la creación de paradigmas para siempre, la profusión de ideas renovadoras en los ámbitos de la estética, la literatura, la política, la filosofía, el derecho o la ciencia fue de tal magnitud, que aún hoy seguimos sintiendo la onda expansiva de aquel Big Bang civilizatorio que fue el mundo clásico.

¿Cómo no vamos a estar «locos por los clásicos» todavía hoy –como titula Emilio del Río un estupendo y entretenido ensayo– si seguimos siendo en el fondo y en la forma tan parecidos a ellos y tan dependientes de ellos? Esto es lo que reivindica Del Río también en su programa radiofónico, que lleva el mismo título que su último libro: ¿cómo no enamorarse hasta enloquecer de estos viejos maestros y compañeros que nos han instruido, inspirado, provocado y exhortado a una vida mejor desde hace más de dos milenios? Por eso, puede decirse que el autor apuesta sobre un valor seguro en su reivindicación de los clásicos. Con un estilo para el gran público, ágil, fresco y desenfadado, pero que contiene en el trasfondo toda la erudición y el conocimiento para hablar de estos temas de un profesor titular de latín en la Complutense, «Locos por los clásicos» va pasando revista a los grandes autores de la antigüedad, desde los historiadores griegos, Heródoto y Tucídides, los dramaturgos atenienses, los poetas de la corte de Augusto o hasta llegar los maestros de la oratoria clásica.

La mejor autoayuda

Destaca la modernidad de Juvenal, quien se queja de las incomodidades de Roma, la de Plutarco describiendo los amores de Cleopatra o la de Marco Aurelio, que nos asegura la mejor autoayuda, la de la filosofía. ¡Cuánta es la potencia creativa de estos nuestros padres precursores! Y todo ello con un estilo muy personal, casi radiofónico, intercalando entre sus buenas vistas a la historia de la literatura antigua y de las grandes obras –desde la «Odisea» a la «Eneida»–, otras vistas no menos evocadoras al cine y a la música de nuestro tiempo. Del Río es un gran cinéfilo y melómano y esto se nota en sus continuas alusiones culturales. Este libro es, pues, un paseo imprescindible y necesario para todos los públicos por la historia de nuestra cultura. Es el libro de un gran comunicador que además es un gran filólogo, no en vano experto en retórica clásica.

Gracias a él nos damos cuenta de nuevo de hasta qué punto somos griegos y romanos en todas nuestras manifestaciones culturales. Y es una inversión segura: los clásicos nunca fallan. Son para leerlos y disfrutarlos, evocarlos y rememorarlos a través del cine o de la música, en la playa, en la piscina o en la montaña, en las vacaciones y durante nuestros momentos de asueto. Siempre inspiradores, siempre nuevos, los clásicos también son para el verano.