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Josep Maria Flotats: “La más preciosa de las mercancías es el ser humano”

El actor y director barcelonés recomienda la lectura de “La mercancía más preciosa”, un cuento de Jean Claude Grumbergque que, junto a otro de Julián Quintanilla, vincula con la obra que lidera en el Teatro Español, “París 1940″

Flotats, al fondo, junto al resto del elenco de "París 1940"
Flotats, al fondo, junto al resto del elenco de "París 1940" Segundo González

Josep Maria Flotats ha vuelto a las tablas del Teatro Español, donde dirige y representa París 1940, basada en las lecciones de interpretación que el maestro Louis Jouvet impartió en París al inicio de la Segunda Guerra Mundial. “Hacer esta obra para mí es importante porque es contar mi experiencia, de donde vengo, es rendir un homenaje a mis maestros, una especie de viaje de ternura, amor y respeto a aquellos que me formaron como profesional y me permitieron realizarme como hombre”, afirma Flotats, que recomienda dos textos que lo unen con esta pieza, La vida entera, de Julián Quintanilla y La mercancía más preciosa, un cuento de Jean Claude Grumberg.

−¿Cómo son estos textos?

−Muy distintos, pero los dos me emocionan por su carga de memoria, de homenaje a aquellos que nos han construido. “La vida entera”, relata la relación del protagonista con su madre muerta que se le aparece, un libro particular, muy divertido, pero de una ternura profunda y emocionante. “La mercancía más preciosa” es terrible, porque pasa en esos horribles trenes que iban a campos de concentración y exterminio nazi y la más preciosa de las mercancías es el ser humano.

−¿Es esperanzador?

−A pesar de esto, no es triste, es conmovedor y fantástico porque está escrito bajo la forma de cuento, pero me emociona por la belleza, fuerza, simplicidad, profundidad, generosidad y humanidad con lo que cuenta, que te hace pensar que hay futuro, hay esperanza, el ser humano es mucho mejor que eso.

−Eso es estimulante.

−En este mundo tan robótico y mecanizado, la ternura, el cariño, todo lo referente a los valores humanos me conmueve profundamente. Quizá yo sea pesimista y veo el futuro un poco triste en ese sentido, me da miedo.

−¿Los vincula con el teatro?

−Sí, directamente me unen con “París 1940″ y con la profesión, por eso hablo de ellos y, aunque son mundos muy distintos, los dos van al mismo lugar, a rendir pleitesía y dar gracias por lo que somos gracias a los que nos han formado.

−¿A quién recomendaría su lectura?

−A todo el mundo, a personas de cualquier edad, el de Grumberg es un cuento para cualquiera que quiera plantearse un poco en profundidad el sentido de la vida, son libros para quien quiera leer algo profundamente humano, inteligente, brillante, con sentido de la ironía y del humor, que no está reñido con la inteligencia ni mucho menos, ni con el motivo que trata.