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Libros

Sándor Márai: un tributo a la Hungría de entreguerras

La novela "Último día en Budapest" se asoma al país centroeuropeo entre las dos contiendas mundiales

El escritor Sándor Márai La Razón

Durante estas dos últimas décadas se ha ido recuperando el éxito arrollador del que el escritor Sándor Márai (Kassa, 1900, hoy en Eslovaquia-San Diego, 1989) disfrutó entre sus compatriotas con valiosas obras narrativas y teatrales a lo largo de las décadas de los treinta y cuarenta; un éxito truncado por el régimen comunista, que prohibió que se publicaran los libros de este magnífico autor. De hecho, él abandonó su país en el año 1948 y emigró a Estados Unidos, como hicieron otros muchos durante ese momento del XX. Fue, en efecto, a inicios del presente siglo cuando en España volvió a eclosionar su voz con novelas tan referenciales en la actualidad como «El último encuentro», «La herencia de Eszter» y «Divorcio en Buda», entre otras, a lo que se añadieron más novelas, dos excelentes tomos biográficos y diarios. Pero, de momento, parece que el caudal de este autor no se agota: acaba de llegar a nuestro país «Los celosos» –otro gran texto que por su calidad se acercaría a su obra maestra «La mujer justa»– y aún lo es más la formidable «Un perro de carácter». Esta obra corta vio la luz hace un año para recordarnos que un elemento novelesco cualquiera, por ejemplo la adquisición de un perro en la Navidad de 1928 en Budapest, puede levantar una construcción narrativa de primer orden. Esa anécdota constituía la premisa para exponer el clima de escasez que se vivió en la Europa del Este de entreguerras.

Todo un periodo

Algo parecido sucede con «Último día en Budapest» (traducción de José Miguel González Trevejo), que vio la luz en 1940 y que rinde culto a Gyula Krúdy (muerto en 1933), un prestigioso escritor húngaro que aquí aparece con una suerte de seudónimo legendario, Simbad. De hecho, el título original de la novela era «Simbad vuelve a casa», y parte de una anécdota simple: este hombre sale de casa con la intención de ganar el suficiente dinero como para comprarle ropa a su hija. Pero esa salida es una excusa argumental de Márai para ponerle al lector delante algunos de los rincones de la ciudad más representativos. Eso mismo tiene otra mirada aparte de la novelesca a pie de suelo, pues se asoma todo el ambiente social de un periodo que, por decirlo con la famosa expresión de Stefan Zweig, remite a un nostálgico «mundo de ayer». De esta manera, la escritura de los últimos días de Simbad significó para Márai un acto de justicia cuando a Krúdy ya se le estaba olvidando, al tiempo que tal «exhumación también era una excusa para mostrar, al margen de la Hungría oficial, histórica y actual, una imagen de la “otra Hungría”, la Hungría auténtica», explica el autor. Y, ciertamente, la obra refleja una Hungría perdida e irrecuperable que ya existía sólo apenas en la literatura, antes de que sus regímenes totalitarios coartaran las libertades del país. En ese sentido, la obra constituye también una forma de decir que son los escritores –no los filósofos, los historiadores o los políticos– quienes edifican la memoria fidedigna de una nación, como si su misión fuera civilizatoria, por así decirlo: «Los que más tarde transformaron la pradera en patria fueron los poetas y los escritores. Por ejemplo, Simbad», refiere Sandor Márai, que desveló en este y otros de los libros que fue editando el verdadero carácter que poseían sus compatriotas, alejado de los tópicos del húngaro «heroico y romántico», unos calificativo que en muchas ocasiones se les ha otorgado y que forman una especie de leyenda que ha pervivido hasta nuestros días. Y aquí está realmente lo excelente de esta propuesta, que lo más característico de los antihéroes, de estos dos persuasivos narradores, es crear unos personajes solitarios, dado que, «efectivamente, desde hace mil años, el pueblo húngaro, que ha estado rodeado por las grandes potencias eslavas y germánicas, vive en la misma soledad que una tribu beduina en el desierto».

Lo mejor: La lucidez del novelista, que siempre se revela como un maestro de enorme valía literaria.

Lo peor: Es una obra que sobre todo van a disfrutar los amantes de aquella Europa que desapareció