Lo que Pedro Sánchez puede aprender de los libros que compró de Stefan Zweig

El presidente del Gobierno visita la Feria del Libro de Madrid y compra varios libros del novelista

El presidente del Gobierno visita la Feria del Libro de Madrid y comprar varios libros del novelista

No suele ser frecuente encontrar a los presidentes de gobierno visitando exposiciones o merodeando por actos literarios (siempre que no sean memorias de colegas, claro). Pedro Sánchez ha decidido romper este estereotipo de los inquilinos de Moncloa, que siempre han dado esa imagen hosca, de personas alejadas del arte y la palabra escrita. Ya ha demostrado que le gusta ir a conciertos, aunque eso le haya procurado alguna polémica de altos vueltos. Pero ahora también ha decidido acudir a la Feria del Libro de Madrid.

La visita, hecha por sorpresa, puede que incluso improvisada, debe ser bien recibida porque la presencia de un presidente en cualquier lugar -no solo en un evento cultural- da ejemplo y anima a la gente a seguirlo. Él no solo ha estado paseando por las casetas del Retiro, sino que se ha detenido a comprar varios volúmenes, todos de la editorial Acantilado y todos de Stefan Zweig, que es un autor de que convirtió la calidad literaria en «best seller» y que se hizo famoso por una serie de biografías que continúan vendiéndose como si fueran novedades.

La pregunta es por qué estos libros le pueden interesar y, sobre todo, qué puede aprender de ellos. Entre los que ha adquirido está, no podía faltar, «El mundo de ayer», la autobiografía del novelista austriaco. En esta obra, el escritor muestra cómo era la Viena de su infancia y en qué se convirtió centroeuropa con la llegada del nazismo. Esta es probablemente la lección más evidente y clara, entre otras, que puede extraer de esta lectura: cómo los nacionalismos y la xenofobia pueden convertir la cuna de toda una cultura en una fuente de intransigencias y horrores.

Para reforzar el europeísmo que rezuman estas páginas, ha adquirido «Tres maestros», las semblanzas que hizo Zweig de Balzac, Dickens y Dostoievski, algunos de los padres de la narrativa moderna y unos escritores que impregnaron su obra con diferentes aspectos espirituales y humanos, algunos de ellos muy sociales, como sobresale en el caso de Dickens, preocupado por las miserias de la y pobrezas varias de la revolución industrial.

En esta misma línea, de reforzar el instinto unionista de la UE, ahora tan castigado por los políticos del brexit, la ultraderecha y el nacionalismo, está «El legado de Europa», una serie de ensayos que apuntalan el europeísmo.

Sánchez, que es un resistente, se ha llevado también un título que habla de las diferentes pasiones que albergamos y que es «Amok». Todos ellos son buenos impecables. La lástima es que se haya olvidado adquirir otro libro del maestro austriaco: «Castellio contra Calvino», una verdadero alegato contra la intransigencia política y humana, y que puede leerse también en clave política, de cómo, de nuevo, la intolerancia política y los extremos pueden conducir al hombre a su ruina.