Cultura

Los Chichos: ...y de repente el Mad Cool se puso rumbero y "quinqui"

El trío rumbero amagó con retirarse el año pasado, pero regresa a Madrid por todo lo alto en un evento insólito que nadie esperaba

El trío rumbero amagó con retirarse el año pasado, pero regresa a Madrid por todo lo alto en un evento insólito que nadie esperaba

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En el mastodóntico Mad Cool siempre hay lugar para lo inesperado. Que suceda algo entre Miles Kane y George Fitzgerald que deje al personal al borde de la irrealidad. Por ejemplo, que suenen los acordes de una rumba que sueña con la libertad, con escapar a la cárcel de la marginación.

Anoche, sin previo aviso, en el gran evento se presentaron Los Chichos y la gente se preguntaba: ¿«Son ilusiones»? Allí aparecieron Emilio González Gabarre (Madrid, 1947), fundador del grupo junto a su hermano Julio (Madrid, 1952), y el hijo del primero, Emilio González García Junior (Madrid, 1969), que se incorporó al grupo tras el fallecimiento de Jeros. Los rumberos de El Pozo del Tío Raimundo, un topónimo que asusta con sólo pronunciarlo en Madrid, habían anunciado su retirada hasta un par de veces con espíritu trilero: «Nunca hemos dejado de estar en activo. En realidad habíamos pensado dejarlo ya hace unos años pero nos quedamos en casa un mes y no sabíamos qué hacer. Mi padre se ponía malo, así que vamos seguir hasta que el cuerpo aguante», dice Emilio hijo.

A su lado, su tío Julio corrobora la trampa: «Si alguna vez dijimos de retirarnos fue solo para crear expectación. Si hace falta, moriremos en el escenario». Sus fans les reclamaban un esfuerzo más: «¿Por qué te crees que estamos aquí? Empezaron los chicheros a escribirnos y a decir que no podíamos parar. Y nosotros seguimos porque cantamos de la vida, de la realidad y de la calle –dice Julio González–. Ya lo hacíamos con la dictadura. Escribimos ''La cachimba'' y también ''Quiero ser libre''. Y hemos seguido siempre la tónica de cantar temas reales, de hablar de los problemas, aunque eso era lo que le correspondía hacer a los políticos. Pero como ellos no lo decían, alguien tenía que hacerlo. Y si seguimos en activo es porque la realidad sigue siendo la misma».

La gente joven ha recuperado el interés por las rumbas de Los Chichos o de Las Grecas. «A nosotros nos siguen ya tres o cuatro generaciones, pero la media de nuestro público está entre los 18 a 26 años. Cumplimos 46 como grupo y se supone que debía seguirnos gente mayor, de 50 o más. Pero nuestra música es una fotografía del pasado de España y eso sigue interesando», señala Emilio padre.

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Aquel Primavera Sound

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El grupo ya hizo aparición en el Primavera Sound hace dos años y recuperaron una cierta fiebre de actividad en directo, una nueva vigencia. «Nosotros no pasamos de moda porque hablamos del meollo, de los problemas que puedes tener tú y yo, todos. Y porque las buenas canciones nunca pasan de moda», apunta el hermano mayor horas antes de su aparición estelar en el escenario Vibra Mahou, que ni siquiera es un escenario al uso, sino una atracción de coches de choque ubicada en medio del festival y que ha hecho las delicias de los asistentes. Bueno, hasta una hora prudente, cuando ya no hay licencia de conducir que aguante ni siquiera un coche neumático. «¿Como no se va a identificar la gente con nosotros? ¿Quién no tiene un amigo o un familiar con problemas de drogas o amor y desamor? Somos universales», proclaman.

Casposos y hampones

Ahora, esta afirmación suena a posmoderna, pero en su contexto, en los 80, Los Chichos fueron esquinados. A la izquierda les parecían casposos y, la derecha, hampones. «Siempre hemos tenido más valor y más realidad que los políticos, que deberían hablar de los problemas de la gente. Deberían trabajar por el pueblo y para el pueblo. Y eso sigue pasando hoy en día. Sólo vemos política del insulto, menos mal que estamos nosotros para meternos en todos los charcos. La política debería ser eso, pero no lo es», lanza Julio, que especifica que ellos son apolíticos, y que les gustaría «lo bueno de todos los bandos junto».

Sin embargo, algunas realidades no han cambiado tanto. «Hace 40 años hicimos un a canción sobre la violencia machista. ''Papa tú no pegues a la mama'', y eso no ha sido reconocido. Nunca. Siempre hemos sido marginales porque cantábamos problemas y eso era mejor encubrirlo, hacer que no pasaba nada y que el problema no existía. Decir que no había droga ni delincuencia en la calle. Éramos políticamente incorrectos».

De su contacto con la realidad no se puede dudar. Igual que hiciera en su día Johnny Cash, Los Chichos fueron a actuar en un presidio. «¿En uno? ¡En todos! En La Modelo, en Meco, en la 1 ya 2... –enumera Julio–. En todas donde nos han llamado. Lo hicimos porque son canciones que van con los internos, como ''Quiero ser libre'' o ''Libertad'', por ejemplo. Y porque íbamos con gusto. Hemos tenido amigos en la cárcel». Los presos, con ellos, reían y lloraban. «Bueno, lloraban más que reían. Es que si llegas y les preguntas cómo están... Pues a ti qué te parece... Es duro». Por eso, pocos músicos han ido a una prisión a actuar. «No lo sé, nosotros tenemos nuestra idiosincrasia y nos gusta ir a ayudar. Por lo visto, no es lo que se estila entre nuestros compañeros», apunta Emilio hijo.

Algunos de sus temas más famosos hablaban sobre la delincuencia y fueron bandas sonoras de las películas del cine «quinqui» o cantaron a aquellos personajes de las malas calles, muchos de ellos muertos por la droga o la violencia. «Todo eso no fue una defensa del crimen, era contar la realidad. Lo que nosotros queremos es que nadie tenga que cometer un delito para seguir adelante». Además, su música tiene un contenido de, palabro moderno, «transversalidad»: «Le gustamos por igual a payos y gitanos. Bueno, yo creo que más a payos. Y no entendemos de fronteras ni de nacionalismos. Nos quieren en Cataluña, Galicia y Madrid. Somos chicheros y punto». Y había cientos en el Mad Cool.

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