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Los Farruco: bailar de memoria

La Farruca y su hijo, «El Carpeta», homenajean a los grandes estos días en Madrid

  • «El carpeta» y su madre, la Farruca, en su espectáculo conjunto
    «El carpeta» y su madre, la Farruca, en su espectáculo conjunto

Tiempo de lectura 4 min.

28 de diciembre de 2013. 23:46h

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28/12/2013

Antonio Montoya Flores, Farruco, murió en 1997 creyendo que dejaba heredero artístico, Farruquito, vástago de su hija, la Farruca, que, un año antes, con 14, había protagonizado el docudrama «Bodas de gloria», inspirado por el patriarca y con participación de toda la familia. «Yo he sido el autor de mis bailes, pero con tu edad nadie ha bailado como tú», decía el bailaor a su nieto en el filme como si estuviera confirmando su alternativa. Aún faltaban más de diez años para que naciera de la Farruca Manuel El Carpeta, del que ahora dice su madre que será el mejor del clan. «Farruco tiene doce nietos y el único que trae una mancha en su espalda en forma de sombrero es el Carpeta», asegura orgullosa (pues los signos distintivos del abuelo eran el bastón y el sombrero). Y no es lo de menos en una familia en la que lo primero, fuera y dentro del escenario, es mantener la tradición. Farruco murió tan orgulloso de haber forjado una saga artística como de lograr «haber casado a mis cinco hijas con gitanos en cinco bodas de gloria».

La Farruca lleva algún tiempo rindiendo tributo a clásicos jondos en «Homenaje a los grandes», en el que se rememora, entre otros, a Carmen Amaya, Niño Ricardo, Arturo Pavón, El Farruco, La Perla, Manolo Caracol, Lola Flores y Camarón. Además de contar con la voz de Pedro Heredia «El Granaíno», la matriarca luce orgullosa a su cachorro, que ya ha dejado de ser el pequeño que asombraba con su duende para lucir una figura adolescente. Ambos bailan de memoria. La Farruca con la propia, esa que le permite olvidar la técnica, porque la tiene más que interiorizada, para expresarlo todo con los brazos y esos ojos que abrasan. Estremece cuando su cuerpo sirve de percusión y marca el compás, siguiendo la máxima familiar de que hay que moverse al sonido del tacón. El Carpeta, al que conocimos con un «gnomo» de personalidad arrolladora, baila, sin embargo, con la memoria del clan. Los últimos meses no solo ha pegado el estirón físico, sino que, sospechamos, se ha dejado llevar por los consejos de sus hermanos mayores y ha ganado en giro y acrobacias, pero ha perdido en espontaneidad y estilo propio, que antes era evidente con poner un pie sobre el tablao, ya que personalidad le sobra. Comparte con los herederos de la saga esa búsqueda constante de la complicidad del público con gestos y miradas completamente innecesarios, pues la audiencia, como le ocurre cada vez que su madre aparece, ruge con cada detalle de calidad. En su última etapa, el abuelo bailaba sin apenas despegar los pies del suelo, El Carpeta, pura energía, tiene que empezar a sopesar que el baile jondo no solo está compuesto de giros y taconeo.

La familia se afana en conservar lo puro al tiempo que lo combinan con técnicas de marketing como aquella que recomendó partir los en dos compañías para hacer mayores las giras. Mientras la Farruca y El Carpeta atraen al público madrileño estos días, Farruquito y su otro hermano, Farru, se preparan para giras internacionales. Lo que unos y otros deberían corregir es la confesión de la madre: «No somos mucho de ensayar», porque en el estreno madrileño del espectáculo el público sufrió más fallos técnicos de la cuenta que parecían fruto de un aterrizaje improvisado en el escenario.

Una familia marcada por la desgracia

El mal fario llamó a la puerta de los Farruco desde que el abuelo se quedó viudo a los 16 años. Después perdió a un hijo, el primer Farruquito, cuando apenas tenía 17 y una gran carrera por delante. Su hija, Farruca, dejó de bailar cuando enviudó también prematuramente. Pero, quizá, la desgracia que hizo trascender la fama del clan más allá del universo flamenco fue el denominado «caso Farruquito». En 2005, el bailaor fue condenado por el Juzgado de lo penal número 8 de Sevilla por el atropello mortal sucedido en la capital andaluza el 30 de septiembre de 2003. Según la Guardia Civil, Farruquito se saltó un semáforo en rojo mientras circulaba a 80 kilómetros por hora en una calle limitada a 40. Adelantó por el carril contrario a los vehículos que se hallaban parados en el semáforo, sin permiso de conducción ni el seguro obligatorio y dándose a la fuga a continuación. En un primer momento Farruquito llevó a reparar a su coche y luego alegó que había sido su hermano mediano (entonces menor) quien conducía el turismo.

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