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Los fotógrafos de la España real

El Museo Reina Sofía dedica una gran exposición a 13 artistas del grupo Afal. Una muestra que exhibe una selección de 200 imágenes del total de 650 fotos que componen la reciente donación que la familia Autric-Tamayo ha realizado a esta institución.

  • Julio Ubiña retrató el contraste entre la España tradicional y la moderna con esa imagen de dos ancianos con el cartel de Pepsi Cola
    Julio Ubiña retrató el contraste entre la España tradicional y la moderna con esa imagen de dos ancianos con el cartel de Pepsi Cola
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de junio de 2018. 02:58h

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J. O. .  Madrid. 13/6/2018

Vnieron a liberar la mirada, a rescatarla del corsé del oficialismo, de eso que Oriol Maspons llamó el «salonismo», que no era más que un arte agradecido, de salón y premio. Ellos hicieron de la cámara una pértiga para saltar hacia la libertad y descubrir qué España escondían las alfombras del franquismo, dando así con un país inconveniente, que nada tenía que ver con esa nación que documentaba el «NO-DO». Asomaba así una geo-grafía diversa y contradictoria, lo que contravenía la ideología monolótica que aireaban los megáfonos de la dictadura. Alrededor de la revista «Afal», fundada por Josér María Artero y Carlos Pérez Siquier, y que se publicó entre 1956 y 1963, se aglutinaron Joan Colom, Gabriel Cualladó, Gonzalo Juanes, Ramón Masats, Francisco Gómez, Oriol Maspons, Francisco Gómez, Xavier Muserachs, Francisco Ontañón, Leopoldo Pomés, Julio Ubiña, Alberto Schommer y Ricard Terré. Una selecta gavilla de fotógrafos, henchidos de juventud entonces, dispuestos a elevar la cabeza y enfocar lo que hasta ese momento había quedado fuera de encuadre. Sacaron a la luz la pelusa de los cincuenta y sesenta: la emigración del campo, la irrupción del turismo, el impacto del desarrollismo, el aplomo que aún mantenía aquella religión ritualizada sobre la educación y la conciencia de las personas. Con un enfoque desprejuiciado, vital, desacomplejado, estos creadores nos dieron la estampa vívida y real de lo que sucedía, sin maquillar por el cuento de ningún relato político. Su punto en común era su independencia estética, la falta de un denominador común artístico. Les unía solamente la intención de traer Europa, o sea, la modernidad, a este desierto provincial en que había derivado España. Cada uno venía desde su propia tierra y traía consigo sus maneras, sus estilos, porque siempre hay varios dentro de una misma personalidad, que nos enseñaron por primera vez la fauna que poblaban las orillas de la marginalidad, el impacto de la publicidad, el hombre con boina que anuncia habitaciones de hotel con el cartel «rooms», la moda que va liberando de vetustos tradicionalismos a la mujer española y las playas, por donde vino parte del desembarco de extranjeros que irían poniendo en contacto con el mundo.

Veinte años de coleccionismo

A estos aventureros de la instantánea, que para muchos formaron la edad de oro de la fotografía, el Reina Sofía les dedica una exposición que ha reunido más de doscientas imágenes, muchas de ellas, verdaderos clásicos, fotos que forman parte de nuestro patrimonio visual. La muestra es una selección de la donación que la familia Autric-Tamayo ha hecho a la institución museística; un legado compuesto por 650 instantáneas que dan el retrato exacto de este movimiento sin manifiesto, hecho de almas independientes. Adolfo Autric, que durante más 20 años ha estado coleccionando obra de estos artistas, reconoció ayer que «comenzamos a comprar pero sin el propósito de centrarnos en «Afal». Solo reparábamos en los fotógrafos que nos gustaban y luego nos dimos cuenta de que formaban un grupo, que tenían relación entre ellos». Adolfo Autric comenta que su casa ha sido punto de reunión de grandes maestros de la fotografía, como García Álix, Cristina García Rodero, Isabel Muñoz... y que todos coincidían en señalar que aquellos innovadores eran «la Generación del 98 de la fotografía. Ellos son nuestra edad de oro. Nosotros los adquiríamos dejándonos guiar por el gusto». De esta manera, acabaron colgadas en las paredes de sus hogares el mejor legado de un puñado de maestros, de clásicos. Hace un tiempo conocieron el interés que el Reina Sofía tenía en los trabajos que habían reunido. Al principio barajaron prestarlos durante un tiempo, una cesión, pero al final se decantaron por hacer una donación con la condición de que el Museo les dedicara una sala permanente al grupo Afal que llevara su nombre, que se organizaran exposiciones y se publicara un catálogo.

La modernidad

Para redondear este «regalo», Adolfo Autric y Rosario Tamayo decidieron completar huecos, rellenar vacíos, acabar de perfilar la narración de estos innovadores. Para ello pidieron ayuda al Reina Sofía, que les aconsejó que se dejaran guiar por Lura Terré, hija de uno de ellos, Ricard Terré. Ella sabía dónde se escondían las últimas joyas y les ayudó a adquirir ciertas piezas a un valor menor del real (algunas familias y artistas sencillamente les dieron las obras para que pudieran contar con ellas). De esta manera, han reunido un conjunto que pasa de las 600 fotos y que está valorado entre 1.5 y 2 millones de euros. Aunque Adolfo Autric y Rosario Tamayo se han quedado con unas obras –«Es que a veces era una cuestión sentimental, como ver partir a un hijo, porque siempre las hemos tenido ahí», confesaba ella–, al final han contribuido a que el Reina Sofía integre en sus colecciones al grupo Afal, al cual Manuel Borja-Villel, director de esta institución museística, definió como «esencial. Tenían que estar representados aquí». Para el director, estos nombres son tan importantes como los de El Paso y con ellas se da «entrada la modernidad, a pesar de la especificidad de la mirada de cada uno. Ellos abrieron España a las tendencias internacionales y se dedicaron a buscar un lenguaje en sintonía con su tiempo. No fue un grupo homogéneo con una sola sensibilidad, pero fueron capaces de mantener su individualidad». Sus fotos ahora alumbran una España que nos parece inaudita, y que también lo era en su momento, en esa España aún cegada por el peso político, pero que empezaba a ver.

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