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Madonna, seis décadas de ambición

La cantante celebra su cumpleaños siendo la auténtica diva del pop actual y reinventándose siempre en cada nuevo disco. Su carrera es un canto a la determinación, el talento y la obsesión por lograr el éxito

  • Tanto en sus inicios como ahora, la cantante todavía sigue arrasando en sus conciertos y demuestra que sobre el escenario hay pocas que sean como ella
    Tanto en sus inicios como ahora, la cantante todavía sigue arrasando en sus conciertos y demuestra que sobre el escenario hay pocas que sean como ella
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de agosto de 2018. 22:40h

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Alberto Bravo .  Madrid. 13/8/2018

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Madonna cumplirá 60 años el jueves y lo hará contemplando el mundo desde la cima. Son seis décadas de «ambición rubia», de un carácter inasequible al desaliento que le permitió gobernar el pop sin tener una gran voz. Con indómito carácter, su decisión para afrontar retos y su visión de futuro le han permitido ser vanguardiahasta hoy. Detrás de la artista de Bay City, Michigan, hubo toneladas de trabajo. Llega el momento de repasar una vida que incluyó fama, decepciones, amores y odios.

1958-67: Forja de un carácter

Detrás de un personaje característico se encuentra una infancia característica definida por un acontecimiento singular. En el caso de Madonna fue la temprana muerte de su madre, víctima de un cáncer de mama, cuando tenía cinco años. Aquel hecho definió su personalidad. Aprendió a cuidar de sí misma. También aparecieron dos cualidades distintivas: su espíritu rebelde y su ambición.

1968-77: Una chica nueva

Lo que hacía Madonna en su juventud tenía un sello. Sus profesores recordaban su inteligencia y su familia celebraba sus notas. Pero también mostraba un gran regocijo por la provocación, que tantos réditos comerciales le proporcionaría. No se afeitaba las axilas, no se maquillaba y se levantaba la falda para que los chicos vieran su ropa interior. Sus clases de danza fueron el comienzo de su decisión de dedicarse al espectáculo y a finales de 1977 decidiría marcharse a Nueva York. «Fue la primera vez que viajé en avión y que monté en un taxi», rememoraría. Trabajó como camarera de un Dunkin’ Donuts, siguió con la danza y vivió escenas repugnantes, como cuando fue obligada a realizar sexo oral en un callejón.

1978-87: El gran golpe

A pesar de las decepciones, siempre tuvo paciencia. La oportunidad llegaría en 1979, cuando se enroló en el grupo de bailarinas del cantante Patrick Hernández. Una ocasión para examinar los entresijos del mundo del espectáculo. Su capacidad para procesar la información sería decisiva. Aprendió a tocar guitarra y batería, pero sobre todo brillaba cuando asumía el centro del escenario. Era una líder con carisma y sabía cómo llamar la atención. Sire Records, filial de Warner, la descubrió y el 6 de octubre de 1982 llegaría su primer éxito, «Everybody», y, después, «Burning Up». Ambas en su álbum de debut, «Madonna», que contaría con su primer golpe internacional gracias a «Holiday». Lo siguiente sería la MTV. Nada como el vídeo musical para explotar la visión de Madonna. La cámara le adoraba y ella enseñaba a las adolescentes cómo debían vestirse, qué cantar y cómo debían posicionarse ante la vida: cómo andar, cómo tratar a los novios, cómo vivir las emociones juveniles. Lo que se hace ahora, pero con más clase. «Like a virgin», de 1984, supondría la consagración como estrella, un disco que rompería récords con «Material Girl» e «Into the Groove». Un año después llegaría la comedia «Buscando a Susan desesperadamente». Madonna era lo más grande junto a Michael Jackson. Y más tarde, otro pelotazo: «True Blue».

1988-97: Consolidación

Todo era salvaje con Madonna. Durante sus primeros siete años de carrera había vendido 75 millones de discos. Eran los tiempos más felices de la industria y ella convertía en diamante lo que tocaba. «Like a prayer» escandalizaría a la comunidad católica y llevaría al Vaticano a su condena pública. El escándalo ayudaría a vender el disco: 15 millones de copias. Madonna no era una artista de éxito, sino el icono de una generación. MTV y Billboard la proclamarían como «la artista de la década». Seguirían películas, libros y el álbum «Erotica», de 1992, donde explotaría su capacidad para provocar. Antes de que el personal se hartara de sus juegos comerciadejaría su imagen más «suave»:«Bedtime Stories», de 1994. La película «Evita», dos años después, sería su reconciliación con la crítica tras un rodaje devastador para ella.

1998-2007: Nueva vida

Con el nacimiento de su hija Lourdes llegó una nueva Madonna. «Ray of Light» sería la plasmación de esa imagen mientras ella se entregaba al misticismo para defenderse de las amenazas del estrellato. «Music» supondría una incursión en la música electrónica. El nuevo siglo lo estrenaría con nueva pareja, el director Guy Ritchie. Sus giras seguían siendo garantía de éxito y en 2006, con su «Confessions Tour», ganaría 200 millones de dólares.

2008-2018: última estación

«Hard Candy», de 2008, debutó en el número uno. Para entonces, ya había demostrado que estaba lejos de convertirse en una estrella decadente. Siempre tenía algo diferente que ofrecer. Se retocaba el rostro, moldeaba su cuerpo en el gimnasio, estaba atenta a lo que se vendía, tenía la última palabra en sus giras, vigilaba su contabilidad, ejercía de madre. Una personalidad única que todavía provoca asombro, porque todo lo que hace continúa interesando. Eso es ser una verdadera estrella.

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