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Montiel junto a Gómez-Martínez en un programa bien urdido

  • Montiel junto a Gómez-Martínez en un programa bien urdido

Tiempo de lectura 4 min.

29 de mayo de 2018. 13:31h

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Gonzalo Alonso 29/5/2018

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Obras de Puccini y Respighi. María José Montiel, mezzo. Gianluca Terranova, tenor y Nicola Alaimo, bajo. Orquesta y Coro de la RTVE. Miguel Ángel Gómez-Martínez, director. Auditorio San Lorenzo de El Escorial, 25 de mayo de 2018.

El patio de butacas Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial se va llenando gracias a la programación que en él ofrece la Orquesta de la RTVE mientras se reforma el Monumental. Este viernes se llenó prácticamente a pesar de la granizada que amenazó con romper los cristales de los coches y muchos de estos verse obligados a parar porque parte de la carretera era una laguna. El programa y su ejecución merecieron el esfuerzo.

Abrió, como preludio que realmente es, la triste evocación “I Crisantemi” de Puccini, con sus melodía de inmenso lirismo contenido que después volvería a emplear en “Manon Lescaut” y que condujo adecuadamente a la hermosa tragedia que supone “Il Tramonto” de Respighi. Una pareja que, en el disfrute de un atardecer, yace junta y, al llegar el alba, ella encuentra que el amante ha fallecido. Su misión a partir de entonces es cuidar de su anciano padre. Esos quince minutos de un declamativo que combina los pasajes tiernos con los dramáticos requiere una mezzosoprano que sea artista para reflejar la evolución de la triste narración. María José Montiel, muy bien acompañada por Miguel Ángel Gómez-Martínez, supo expresar tragedia y dulzura con su voz en plenitud, segura en los fortes y evocadora en filados y pianos como aquel que acompaña al epitafio que pide “¡paz!”. La mezzo madrileña volverá al Escorial junto al director en julio para una “Tercera” de Mahler. Algo para no perderse.

En la segunda parte la “Misa de Gloria” de Puccini, compuesta a los 22 años como trabajo fin de carrera en el conservatorio y que denota claramente tanto la juventud del autor como su valía para armonía, contrapunto y fuga. Puccini había de pensar más en un ejercicio académico que en una obra destinada a la liturgia eclesiástica y por eso esta misa no es realmente tal. Frente a las dos páginas previas, desborda alegría, con grandes momentos para las explosiones del coro y también tenor y barítono en sus dos parejas de intervenciones. El maestro granadino, sin partitura durante todo el concierto, sabe muy bien como conjuntar estas obras casi operísticas para que nada se escape sin que la música deje de fluir y para que los solistas puedan cantar a gusto. Por razones que sólo Puccini podría explicar, prefirió terminar la partitura casi desvaneciendo en vez de con uno de los pletóricos finales de partes previas como la fuga del “Cum Sancto Spiritu” del “Gloria”. En cualquier caso encajaban bien las palabras finales “dona nobis pacem” con la paz pedida en “Il Tramonto” en su conclusión. Un programa bien urdido que sedujo a los asistentes.

Una pregunta ¿no podría informarse en el programa de mano de fecha y hora en la que se ofrezcan estos conciertos por TVE?

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