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Morricone sumerge Madrid en la gran belleza

  • Ennio Morricone / Foto: Rubén Mondelo
    Ennio Morricone / Foto: Rubén Mondelo

Tiempo de lectura 4 min.

08 de mayo de 2019. 03:45h

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Ulises Fuente 8/5/2019

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Ennio Morricone, Orquesta Roma Sinfonietta y Coro Talía. Wizink Center. 10.000 espectadores. 7-V-2019.

Con una apabullante orquesta de 200 miembros, Ennio Morricone se presentó solemne. Una leve reverencia y comenzó a dirigir a los músicos a través de los pasajes de «Los intocables». El Wizink Center a rebosar guardaba el escrupuloso silencio de los auditorios y el público se imaginaba las escenas cinematográficas de la monumental producción de este venerable artista de 90 años, 60 de carrera y más de 500 películas que ha contribuido a engrandecer.

Morricone ha trascendido el papel de compositor para ser parte de la cultura pop. Sus piezas son legendarias y tarareables, se han imprimido en la conciencia colectiva de generaciones pero anoche sonaron con el brillo y la majestuosidad que se merecen, porque desde la humildad de haber sido concebidas como piezas de acompañamiento de la imagen, se elevan a cotas de clasicismo y belleza como «Others Who Will Follow Us» (para «La tienda roja») y las piezas para «Novecento», que sonaron en forma de popurrí, desvergonzadamente, sin pretender darse más importancia a sí mismas, sin creerse más o menos de lo que son: bellísimas melodías. Pero presentadas con la mentalidad pop de la que hablábamos antes, sea con 200 músicos de conservatorio si es menester. Valga la gira de despedida del maestro italiano para celebrarle por última vez, porque el público, anoche, comía palomitas (y no es una forma de hablar), y no era para ver, sino para escuchar.

El maestro también dirigió su trabajo para «Átame!» (Almodóvar), una composición tan delicada que casi parece un oxímoron del cine del manchego. Luego, «La gran belleza» de «Nostromo», con la ayuda de la soprano Susanna Rigacci, pieza de una melancolía tal que solo podemos lamentar que Morricone nunca haya trabajado con Paolo Sorrentino. Y a continuación, lo que todo el mundo esperaba: el cine de Sergio Leone. «El bueno, el feo y el malo» y «Érase una vez en América» principalmente anoche. Estas son las películas que le han vuelto mito moderno. Porque a Morricone, que en su orquesta incluye guitarra eléctrica, le han versionado desde Metallica (el viernes pasado en Madrid como en toda la gira incluyeron «The Ecstasy of Gold») hasta Wu Tang Clan; de Paul Anka a Flying Lotus; de Georges Moustaki a Massive Attack y de Hans Zimmer a Rita Pavone, Gorillaz y los Ramones. Si esto no es transversalidad, pregunten a los más de 10.000 espectadores de anoche en Madrid, de todas las edades. Imagínense el galope de «El bueno, el feo y el malo» y la tensión melodramática del «Ecstasy of Gold» tocados por un ejército de músicos. Pareció el «Carmina Burana» en modo western. Y aún quedaban «Los odiosos ocho» de Tarantino (por la que obtuvo su único Oscar no honorífico), el bloque de cine social con voz de Dulce Pontes, que incluyó «La luz prodigiosa», «La batalla de Argelia», «Sacco y Vanzetti» y «Sostiene Pereira», entre otras. El repaso a la vasta obra de Morricone la completó su maravillosa música para «La misión», en lo que fue una maravillosa noche de película muda.

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