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Berlín: «Y el sucesor es...»

Tiempo de lectura 2 min.

09 de mayo de 2015. 01:57h

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Gonzalo Alonso 9/5/2015

El próximo lunes se celebrará la votación de los músicos de la Filarmónica de Berlín para elegir quién será su titular a partir de 2018, cuando Rattle deje su cargo. Es una ceremonia que se sucede cada vez que se acaba un contrato. La de Berlín tiene una solidísima tradición de grandes maestros: Von Bülow, Nikisch, Furtwängler, Karajan, Abbado y Rattle. La que sin duda es una de las mejores agrupaciones del mundo, la considerada nº1 en tiempos de Karajan, es también una de las más conflictivas. El perfil y la misma forma en que eligen cada nuevo músico determinan una fuerte personalidad en cada atril. Quizá no sea tan difícil colocarse una vez en su podio, lo difícil es regresar a él. Todo depende de la opinión mayoritaria. Y también es una orquesta problemática para su director titular. Incluso se rebelaron contra Karajan cuando a éste la enfermedad le hizo perder energías. Tampoco Abbado o Rattle lo tuvieron fácil y a quien venga le sucederá lo mismo.

En el fondo, ¿a quién le importa fuera de Berlín quién sea el titular de una agrupación a la que se podrá escuchar en bien pocas ocasiones? Pero el asunto tiene morbo por las características de la mítica orquesta. Las quinielas están abiertas como nunca. Lo importante es, antes que un nombre, la definición de lo que la Filarmónica desea para su futuro. Estuvo claro al elegir a Rattle que se trataba de más discos, más giras y más repertorio. El balance de su era aúna aspectos muy positivos junto a uno negativo de gran peso: la pérdida de aquella personalidad que la dotaba de una sonoridad única e inconfundible. El que venga habrá de volver a crear un sonido especial y eso no es tarea que pueda acometer cualquiera. Hoy todas las instituciones tienen como objetivo la ocupación y se concentran en repertorios manidos de los que no se puede vivir eternamente. Quien aterrice habrá de investigar en repertorios atractivos pero más infrecuentes. En el pasado los discos servían para llegar más allá de la Philharmonie y hoy ese papel lo cumplen Arte, Mezzo, Medici y demás transmisiones en stream. Ahora, cuando la descarga sustituye al soporte físico, son imprescindibles una buena plataforma propia de difusión y una figura al frente de gran gancho. Y esa figura ha de tener una conexión perfecta con un pasado de la orquesta que habrá de reincorporar a su actividad.

Y quién... Los jóvenes –Dudamel, Nelsons, etc.– están aún verdes para tales retos. La vieja guardia –Mehta, Barenboim, Jansons, Muti, etc.–, con problemas de salud o demasiado mayor para empezar en 2018. En la generación intermedia hay problemas: Thielemann y sus incómodas ideas políticas amén del repertorio, Petrenko y sus miedos, Gilbert y su escasa proyección, Chailly y sus contratos en vigor... Quizá no fuera malo pensar en dos figuras: una de transición hasta 2020 –Mehta o Jansons– y otra para el relevo posterior.

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