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Discusión pianística

Tiempo de lectura 2 min.

16 de febrero de 2019. 01:42h

Comentada
Gonzalo Alonso.  16/2/2019

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Los conciertos no son solo sus dos horas de duración, sino que tienen un antes y un después y este después a veces se alarga y alcanza interés. Así ha sucedido con el «encuentro» en Madrid de Pollini y Kissin el lunes y martes pasados. Luis Gago en «El País» y yo en LA RAZÓN hemos opinado de forma muy similar a los conciertos de ambos. Los críticos a veces, por nuestras críticas, parece que asistamos a espectáculos diferentes. La sección «Diálogos de Besugos» en beckmesser.com, la web musical especializada más leída e influyente, nos retrata esto con frecuencia. No ha sido así en esta ocasión y otros críticos como Reverter o González Mira también han coincidido. Sin embargo, nuestros dos comentarios han levantado polémica en las redes. A algún gestor cultural y a algún director de orquesta e instrumentista no les ha gustado que reflejásemos la decadencia del pianista italiano. El primero escribe en Facebook: «Me sorprende la arrogancia e incluso la mala educación de algunos periodistas, sobre todo del crítico del País, que hablan de ''ocaso del pianista'', de ''decadencia'', de ''tristeza''. Parece que haya una voluntad de buscar el adjetivo más demoledor para resaltar su propria inteligencia y perspicacia» y añade «Que los dedos y las manos, antaño prodigiosas, casi increíbles por su destreza, de Pollini ya no sean la de hace veinte o treinta años, es ley de vida. Pero lo que no falta ni faltará nunca, hasta que el Maestro deje de pisar un escenario, será su profundísima inteligencia musical, su sabiduría, su personal visión de los compositores». El segundo le apoya: «La crítica española necesita humildad y no dar lecciones a quien no las necesita. ¿Cuando crearán los periódicos la figura de los críticos al crítico?» Al poco tercia otro crítico, Justo Romero del «Levante»: «Conozco bien a los admirados y queridos colegas que han criticado el concierto. Lo que he leído refleja milimétricamente lo que yo intuyo que pasó al escuchar el emborronado vídeo de la propina (seamos claros: ningún alumno de conservatorio aprobaría con semejante «versión»). Respeto, admiración y aplauso al gran Pollini. Pero también a la realidad: por muy dolorosa que sea. Así que admiración, respeto y aplauso también a mis admirados y competentes colegas». El tema dará para muchas reflexiones, pero ahora solo hay espacio para una: lo difícil que es para un artista reconocer que seguir en los escenarios cuando no se puede mantener un nivel ocasiona que en la memoria del público se borre la grandeza de una época y quede la mediocridad de un ocaso. ¿Quieren ejemplos? Mejor citar a una Greta Garbo que lo supo comprender.

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