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María Moliner, no sobran las palabras

Una ópera que es punto y aparte

Es uno de los estrenos de la temporada. Cuenta con un reparto de grandes nombres que encabeza la mezzo María José Montiel, la escenografía de Paco Azorín y la dirección de orquesta de Víctor Pablo Pérez

  • PIANO PIANO. Ensayo, con María José Montiel y José Julián Frontal en escena, dirigidos por Víctor Pablo Pérez
    PIANO PIANO. Ensayo, con María José Montiel y José Julián Frontal en escena, dirigidos por Víctor Pablo Pérez
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

12 de abril de 2016. 13:49h

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Madrid. 12/4/2016

«Estando yo solita en casa una tarde...», así recordaba María Moliner el momento en que decidió acometer la que sería la empresa de su vida y que ella misma definía en términos absolutamente antagónicos como «una mezcla de balneario y pudridero», según recoge Inmaculada de la Fuente en «El exilio interior: vida de María Moliner», la biografía que en 2011 publicó la editorial Turner. Lo que iba para no más de un año acabó prolongándose dieciséis. La rutina que seguía esta mujer nacida en el pueblo aragonés de Paniza en 1900 era la misma casi cada día: después de su jornada laboral como bibliotecaria emprendía su tarea de redacción de fichas, una a una y a mano. Y las tardes devenían en noches y veía clarear la mañana. Un día, y otro y después otro, en primavera, invierno, de enero a enero. Dieciséis años. Le marcó de niña la marcha de su padre a Argentina. Era médico y decidió enrolarse en un barco y poner rumbo a las Américas para mejorar la vida. Después de su segunda travesía no regresó más. Allí, en Suramérica formó una nueva familia y ella mantuvo ese secreto en su corazón. Guardaba las cartas que él enviaba a casa con cariño, los consejos que la daba, que no abandonase sus estudios, le escribía. Fue mujer cultivada, bibliotecaria de profesión, lexicógrafa y preocupada por la cultura hasta el extremo. Se inspiró para su heroica gesta en el «Learner’s Dictionary» inglés. El conocido popularmente como «María Moliner» y llamado «Diccionario de uso del español», vio la luz en 1962, con lo que este 2016 celebra sus cincuenta años de vida. No es extraño con estos mimbres imaginar una película (obra teatral ya la ha habido y ha subido al escenario) sobre esta mujer. Pero de momento no será así, pues lo que mañana (con funciones, además, los días 15, 17, 19 y 21) se estrena es una ópera documental basada en la realización de su obra magna que tendrá su estreno mundial en el Teatro de la Zarzuela. La obra fue un encargo del anterior director del coliseo, Paolo Pinamonti, y que se materializa con el actual, Daniel Bianco.

Con libreto de Lucía Vilanova y música de Antoni Parera Fons contará con la dirección musical de Víctor Pablo Pérez y la escénica de Paco Azorín, que firma también la escenografía. Fue este último quien precisamente le habló del proyecto que le rondaba a Parera Fons, con quien ya había trabajado en una ópera, «Con los pies en la luna». «Me dijo: ‘‘¿Qué te parece María Moliner?’’ Y la verdad es que a mí no me pareció nada. Yo sabía de ella por los tomos de su diccionario, pero poco más. Sin embargo, la idea empezó a fermentar y a engrandecerse y pasar a materializarse en un libreto. La compuse sin miedo a rozar el peligro. Fue un salto sin red», explica el compositor desde Suiza. Cuenta que con el tiempo se toparon con un personaje importante que definía una época: «María Moliner hay muchas, pues es una mujer capaz de acometer una revolución con las armas de que dispone, que son sus manos y su cabeza. Para culminar su obra ha de renunciar a bastantes cosas. Ten en cuenta que además, era mujer y de izquierdas, con deseos de entrar en terrenos intelectuales que en aquella época les estaban vedados. Y ella lo fue superando poco a poco», comenta.

El libreto arranca en el momento en que decide explicar a su marido, Fernando Ramón y Ferrando, a quien da voz el barítono José Julián Frontal, la misión que quiere llevar a cabo. En las páginas del libreto se esconde la gran paradoja en que se convertirá la existencia de esta aragonesa, que pasa de ser la señora de las palabras a perderlas, presa del alzheimer: «He escrito siguiendo este itinerario vital, desde la puesta en marcha y consecución de su empresa hasta la desintegración de sí misma. Pasa de la vida plena a la nada. Es una heroína», explica.

- Grabada en la piel

A María José Montiel la conoce desde hace años. Juntos han trabajado en varios proyectos y ahora se han embarcado en éste. «Ella ha cantado cosas mías y nos conocemos desde tiempo. Además de ser una gran cantante, es una muy buena artista. Desde hace tiempo ella es María no María José. Está viviendo ese gran momento artístico», dice. Y la mezzo, que derrocha ilusión, asiente. Se sabe la lexicógrafa casi desde el primer momento en que le hablaron del proyecto, una idea que lleva el nombre del director de escena, Paco Azorín. «Empezamos los ensayos el pasado 7 de marzo y nos hemos quedado sin Semana Santa, apenas parando sábados y domingos, aunque todo este esfuerzo ha merecido la pena porque es redonda, la mires por donde la mires», cuenta Montiel. A ella le hablaron de la ópera en 2011. Apenas sabía lo que todos, que María Moliner tuvo el coraje de poner en pie ella sola un diccionario y que jamás pudo ser académica. «Me documenté, leí y me atrapó el personaje. La editorial Gredos tuvo la deferencia de mandarme bastante información. Me metí en su piel desde el primer momento. La elaboración de la obra fue para ella una vía de escape a una situación un tanto gris en una etapa de la vida en España muy difícil, era una manera de salir de la posguerra». Cuando se le pregunta por la música ella dice que «es muy sobre la palabra, que en italiano sería ‘‘sui la parole’’, como si fuera un canto tipo lied que se conjuga con el canto grande. La ópera tiene dos actos y está dividida en diez escenas, unas alegres y con toques de humor y otras más dramáticas, como cuando irrumpen en casa de María los inspectores alertados por los vecinos de su casa porque han escuchado cada noche el sonido de alguien que no para de teclear con una máquina de escribir. Imagínate cómo explicar en aquella época que era porque estaba trabajando en un diccionario y que no había nada político detrás», señala la artista. «Era discreta, tenaz y recatada, pero con un enorme fuego interior y temperamento», define la cantante a la mujer que interpreta. ¿Cuál fue el papel de su esposo? «Digamos que soportó esos 16 años de elaboración de la obra. Lo hizo ella sola, a mano, con unas fichas que ella misma escribía, desde la mesa del comedor de su casa». Y con la compañía permanente de su máquina de escribir, un elemento que en la ópera está presdente, como si se tratara de un personaje más del libreto. Se cuenta que cuando a uno de sus hijos le preguntaron cuántos hermanos tenía respondió sin titubear que dos varones, una hembra y el diccionario, uno más de la familia.

Acostumbrada, como es generalmente norma, a preparar la interpretación del personaje sin contar con la ayuda del compositor, la presencia en este caso de Parera Fons añade un aliciente al proyecto: «Es un privilegio poder trabajar con él». Hemos leído las partituras en casa. Él, además, conoce perfectamentecómo es mi voz. Ha sido un trabajo mano a mano en el que he podido sugerir ciertas cosas. Estoy metida en el personaje en cuerpo y alma. Lo llevo ya en mi piel. Me ha capturado desde el primer día y me veo reflejada en la tenacidad que tiene. Forma parte de mi ADN y me ha enriquecido», señala de una mujer para la que su verdadero oficio era, como ella misma decía, remendar calcetines.

María Moliner, no sobran las palabras
Una mesa y una máquina de escribir

Moliner (en la imagen) dio forma al «Diccionario de uso del español» desde la mesa del comedor de su casa. Escribía las fichas a mano y después las pasaba a máquina. Como pensó en una tarea que no le iba a ocupar demasiado tiempo, en principio creyó que la mesa sería suficiente. Andando el tiempo y como la tarea se prolongaba, María Moliner tuvo que echar mano de un tablón que colocó entre los respaldos de dos sillas para continuar trabajando. Guardaba sus fichas en cajas de zapatos que terminaron por inundar casi cada armario del domicilio de la lexicógrafa. En la exposición que se celebró sobre ella en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid en 2012, en cuya biblioteca trabajó durante 24 años, se expuso la máquina de escribir en la que pasó a limpio las fichas que escribió a mano con tanta paciencia.

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