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Milagroso Schubert

Crítica de clásica: Ciclo contrapunto de verano

Schubert. «Sonatas D 537, D 575 y D 850». Berg: «Variaciones op. 27». Elisabeth Leonskaja, piano. Contrapunto de verano. CNDM. Auditorio Nacional, Madrid. 2-6-2015.

  • La pianista Elisabeth Leonskaja
    La pianista Elisabeth Leonskaja

Tiempo de lectura 2 min.

05 de junio de 2015. 01:52h

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5/6/2015

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El Centro Nacional de Difusión Musical dedica este año su ya habitual Contrapunto de verano a las «Sonatas» de Schubert, en esta ocasión salpimentadas de composiciones de los tres músicos constitutivos de la Segunda Escuela de Viena: Schoenberg, Berg y Webern. Una combinación que establece relaciones técnicas y estilísticas en el tiempo y que da mucho juego. La pátina que la ucraniana Leonskaja (Tiflis, 1945) sabe imprimir a sus frases, nimbadas por lo común de una melodiosa y armoniosa fluidez y de una belleza tímbrica hija de un ataque muelle, progresivo y un estupendo manejo del pedal, otorga a su canto una cadenciosidad ejemplar y a sus planteamientos dinámicos una notable amplitud. La pianista consigue un medido, y al tiempo libre, juego lleno de sutilezas y, a menudo, curiosas inflexiones. Es admirable la «cantabilità» de su piano, sólo muy ocasionalmente enturbiado por ciertos defectos de digitación y algunos ataques de cierta aspereza. En este concierto, muy representativo del ciclo, brilló especialmente, tras una rígida y más bien grisácea interpretación de la «Sonata en si mayor D 575», de no impoluta reproducción, pese a todo nimbada de espumosa gracia en el «Scherzo», en el «Allegretto quasi andantino» de la escrita en «la menor, D 537», pleno de encanto, de sonoridades satinadas, recreada con la aplicación de un «rubato» perfecto.

Meditativo y poético

Lo mejor llegó en la virtuosa «Sonata en re mayor, Gasteiner, D 850». Fue especialmente memorable el extenso «Con moto» (más de 14 minutos), tocado con todas sus repeticiones, abierto con admirable regulación de los acordes introductorios del primer tema, meditativo, nocturnal, poético. Hermoso canto, discretos adornos, colorido variado. Una maravilla. Las «Variaciones» de Berg, con la partitura delante, evidenciaron la profesionalidad, la musicalidad de la artista en un mundo que parece no le es tan familiar. Nos reencontramos con la gran pianista en el bis: «Impromptu en mi bemol mayor, D 899/2». El público, que prácticamente llenaba la sala de cámara del Auditorio, escuchó arrobado.

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