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Rattle hace música con la LSO

Obras de Elgar y Rachmaninov. Orquesta Sinfónica de Londres. Director: Sir Simon Rattle. Palacio de Carlos V. Granada. 2-VII-2016.

  • Sir Simon Rattle y la Orquesta de Londres cautivó al público congregado en el Palacio de Carlos V de Granada
    Sir Simon Rattle y la Orquesta de Londres cautivó al público congregado en el Palacio de Carlos V de Granada

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04 de julio de 2016. 21:08h

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Gonzalo Alonso 4/7/2016

Obras de Elgar y Rachmaninov. Orquesta Sinfónica de Londres. Director: Sir Simon Rattle. Palacio de Carlos V. Granada. 2-VII-2016.

Plato fuerte en el Festival de Granada con Simon Rattle y la Orquesta Sinfónica de Londres, toda vez que la presencia de la Filarmónica de Viena no llegó a cuajar. En el programa, dos partituras más o menos de los mismos años: las «Variaciones Enigma» de Elgar (1899) y la «Segunda sinfonía» de Rachmaninov (1908). Ambas quizá ya lejos conceptualmente de las tendencias que surgían y ambas problemáticas, a pesar de su indudable atractivo.

La obra de Elgar sigue siendo un enigma en nuestros días, ya que nadie ha podido descifrar cuál es el tema que la inspira, si es que éste de verdad existe como tal. Seamos sinceros, posiblemente se programaría mucho menos de lo ya relativamente poco que se hace si no contuviese una impresionante variación n.9 «Nimrod». Es el corazón de la obra y así lo exhibió Rattle desde su pianísimo inicial con una soberbia arquitectura que, como a lo largo de toda la pieza y también en la de Rachmaninov, se caracterizó por la templada y emotiva construcción de los clímax.

Las sinfonías de Rachmaninov siempre han creado controversia por su ampulosidad y su exacerbado romanticismo. La segunda de las tres que escribiera es la que goza de mayor popularidad. Los temas de sus cuatro movimientos llegan fácilmente al oyente, aunque exasperan a quienes ven en ellos excesiva reiteración y melodismo fácil. Sin embargo, no hay más remedio que pasar por alto ambas últimas connotaciones ante una versión como la planteada por Rattle, buscando profundidades y emociones sin caer jamás en la edulcoración o el exceso. Soberbios corno y clarinete y asombrosa la cuerda, tanto la aguda como la grave, con acordes de ésta que sorprendían aún a los conocedores de la estupenda agrupación. Las piedras del palacio de Carlos V destilaban un calor sofocante, que obligó a los músicos a tocar en mangas de camisa pero con pajarita. Quien escribe se compadeció del director, que no se sacó la chaqueta abotonada hasta el cuello. Los ingleses están muy sufridores últimamente y, ya lo dice el refrán, sarna con gusto no pica. Él se mostró feliz al acabar el concierto, rogando al público que permaneciese en la sauna cuatro minutos más, tres porque iban a tocar deprisa la «Danza eslava en Do mayor», de Dvorak. Triunfo clamoroso.

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