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Una gran tarde de cámara

Obras de Antón García Abril, Granados y Turina. Javier Perianes y el Cuarteto Quiroga. Auditorio Nacional, Madrid, 26-1-2016

Tiempo de lectura 2 min.

28 de enero de 2016. 00:41h

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28/1/2016

Me decía recientemente un altísimo cargo del gobierno que ni IVA cultural ni nada, que la mayoría de los espectáculos estaban llenos. No es evidentemente una afirmación realista, pero lo pareció la tarde del martes en Madrid: en los Teatros del Canal se representaba «El caballero de la triste figura» de Tomás Marco, en la sala sinfónica del Auditorio Nacional el Orfeón Donostiarra cantaba a Mozart y en la de cámara se estrenaba una obra de García Abril junto a otras de Granados y Turina. Todo ello con llenos. En estas páginas irán apareciendo nuestras crónicas.

Hace casi cuatro años que García Abril escribió su «Cuarteto de cuerdas n.4», bautizado como «Siete espacios para cuarteto» en homenaje a sus padres, fundamentalmente al padre, que era muy aficionado al saxofón. Quiso en un principio escribir una pieza para este instrumento pero acabó sin él, con un cuarteto de cuerda. La obra, de unos veinticinco minutos y siete partes sin interrupciones, desde sus pizzicatos iniciales rezuma nostalgia, logra trasladar la emoción que debió sentir al componerla y suena a música nueva sin ser lo que muchos consideran «música nueva». No es fácil de tocar y seguro que con un par de veces más el estupendo Cuarteto Quiroga se sentirá menos encorsetado al abordarlo.

Es una pena que los quintetos con piano de Granados y Turina no sean más conocidos, ya que reúnen una gran belleza. El de Granados, más breve que la anterior obra del maestro turolense, se estructura en tres movimientos y llega a nuestros oídos lleno de romanticismo y nacionalismo. El tiempo central, dominado por inspiradas notas del piano, es una joya y el último, con más protagonismo de violín y viola, nos traslada al mundo folklórico de Brahms. Más extenso es el de un joven Turina de apenas veinticinco años desarrollado en cuatro movimientos en los que la fuga adquiere relevancia, de aires vagamente gregorianos el primero, con un final rompedor el segundo y potentísimo el tercero. No creo que puedan escucharse ambas obras mejor tocadas que como lo hicieron Javier Perianes, cada día más en vena, y el Cuarteto Quiroga, provocando el entusiasmo del público en la abarrotada sala.

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