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«Nuestra democracia no está en peligro pero hay que purificarla»

Así lo afirma José Ramón Recuero Astray, autor de «España y su futuro. Propuestas para fortalecer la Nación y reformar la Constitución» (Aranzadi)

  • José Ramón Recuero Astray
    José Ramón Recuero Astray

Tiempo de lectura 4 min.

27 de marzo de 2018. 23:41h

Comentada
Raúl Salgado 27/3/2018

José Ramón Recuero Astray vive para pensar. Tiene ansia de saber. Y no se cansa de aprender, ni de escribir. «Solo sé que nada sé, como Sócrates», dice. Pero sabe mucho, gracias a lo que ha viajado, escrito y, sobre todo, leído en los montones de libros que atesora en su casa –los ha seleccionado uno a uno, los acaricia y los ordena por la fecha de nacimiento de los autores–. Tras casi tres décadas en el Tribunal Supremo, en su nueva obra, «España y su futuro. Propuestas para fortalecer la Nación y reformar la Constitución», sugiere medidas contra el debilitamiento y la descomposición de nuestro país, que achaca al nacionalismo exacerbado y al actual sistema autonómico. En los próximos meses publicará un libro que dará mucho que hablar, porque él no se calla, y que cerrará la trilogía que comenzó con «La cuestión de Dios».

–Usted se siente más pensador y escritor que jurista, ¿pero en qué piensa?

–El derecho me ha llevado a la filosofía. Mi afición viene por un pleito sobre la responsabilidad del estado legislador que tuve nada más llegar al Supremo que me hizo pensar mucho. Aunque quiero saber de todo, porque me apasiona la vida, en lo que más pienso es en Dios, en mi familia y en intentar mejorar las cosas de España.

–De España, precisamente, habla en su último libro...

–España es una nación que nos pertenece a los españoles, pero se está descomponiendo y desvertebrando por el nacionalismo exacerbado y por el sistema autonómico que hemos creado y que ha hecho que, al final, no seamos todos iguales. Por ello, hay que restablecer el orden constitucional, recuperar la libertad e igualdad de todos y devolver el poder político a la nación, sin compartimentos estancos, ni localismos.

–¿Qué futuro nos espera?

–Depende de nosotros, aunque inmediatamente de los políticos, a quienes en el libro pido que defiendan a España sin complejos.

–¿Tenemos políticos acomplejados?

–Egoístas, diría yo.

–¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de escribir sobre España?

–Nuestra historia, nuestro acervo común y el corazón. Y, como dijo Cervantes, escribir a la llana con palabras significantes, honestas y bien colocadas.

–¿Está la nación débil?

–Debilísima, se deshace entre nuestras manos.

–¿Cuál ha sido el golpe que más ha contribuido a debilitarla?

–La creación de los estatutos de autonomía a partir de 2006-2007, que sin contar con el pueblo español –donde reside el poder político y la soberanía- modificaron la Constitución. Lo de Cataluña sólo es la punta del iceberg del mal que padece España.

–¿Y cómo podríamos fortalecer el país?

–No dejando que los separatistas manejen el Estado, proponiendo un proyecto sugestivo de bien común para todos los pueblos heterogéneos que conformamos España. Hay que explicar la historia común, la cultura común y los retos comunes. Pero, en definitiva, para recuperar el Estado necesitamos un Parlamento que pueda legislar, un Gobierno que no resulte un mero árbitro, un Tribunal Supremo que sea supremo de verdad y no tenga limitaciones por el Tribunal Superior de Justicia y, sobre todo, modificar las comunidades autónomas.

–Usted también defiende una reforma de la Constitución. ¿Ha caducado?

–No. En términos generales es buena. El problema es el título octavo, que hay que reformar porque los estatutos de autonomía están bloqueados. Para reformar la Constitución haría falta el voto favorable de dos tercios de los parlamentos autonómicos. Pero, ¿cómo vamos a hacerlo cuando hay algunos, como el de Cataluña, controlados por secesionistas?

–¿Por qué no se ha reformado antes?

–Porque requiere un consenso que no ha habido y porque hasta que no ha surgido el tema de Cataluña no hemos sido conscientes del grave peligro que nos acecha.

–Como miembro del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo, ¿está la democracia en peligro en España?

–No lo creo, pero hay que purificarla porque tenemos una democracia de partidos, no una democracia representativa.

–Después de tantos años en el Supremo, ¿existe la división de poderes?

–Lo importante es la independencia del poder judicial. Y en España, en términos generales, lo es, aunque haya casos puntuales e interferencias. Los otros poderes siempre se relacionan. Los poderes tienen que cooperar y limitarse entre sí para que no haya un poder absoluto.

–¿Usted cuánto sabe de España?

–He leído y viajado lo que he podido. Sé todo lo que mis circunstancias y mi edad me han permitido.

–¿Eso es mucho?

–Nunca es mucho.

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