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Peter Brook: en la cuerda floja

El reconocido actor Antonio Gil, que ha trabajado en numerosas ocasiones con Peter Brook, galardonado ayer con el premio Princesa de Asturias de las Artes, dedica unas palabras al dramaturgo

  • Antonio Gil Martínez, en un montaje de Peter Brook
    Antonio Gil Martínez, en un montaje de Peter Brook /

    Arthur Frank

Tiempo de lectura 2 min.

25 de abril de 2019. 17:43h

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Antonio Gil Martínez.  25/4/2019

Más que merecido, este premio es debido. ¿Cómo no valorar la aportación al teatro mundial de este creador? Peter Brook fue, es y será el heredero con mente privilegiada de toda una gran tradición de teatro y cultura europeas, a la vez puente hacia una visión universal del teatro como crisol de culturas. Tuvo la osadía de sacudir los cimientos y las convicciones en su época juvenil para desprender al teatro de todo artificio y buscar la esencia. No hay hoy en día un director que no haya leído sus escritos y reflexiones sobre el teatro. Es un claro referente para todos los que nos dedicamos a este efímero e imposible arte de hacer vivo el momento escénico.

Y creo que podríamos afirmar que el teatro hoy en día no sería el mismo sin la aportación e influencia de este gran sabio. En nuestros viajes, desde Nueva Zelanda a Finlandia, nos dábamos cuenta de que es percibido no solo como EL DIRECTOR teatral más internacional, sino un creador que ha conseguido hacer universal el teatro poniendo en escena culturas extremadamente diferentes, mezclando actores de lugares como África, la India, Europa, Palestina, Israel o Japón y consiguiendo que en cada lugar donde hemos estado el público se sienta identificado, quizá porque consiguen ver en escena la esencia de lo humano, más allá del tiempo o el lugar, creencias o sistemas políticos.

La pregunta del millón a quienes trabajamos con él suele ser: «¿Cómo es trabajar con Brook?», como si compartir una sala de ensayo nos permitiera descubrir la fórmula secreta. Esta pregunta obviamente está siempre abocada a la decepción: no hay fórmula, ni truco. Hay trabajo, mucho, muy, muy cuidado. En las sesiones de trabajo, Peter nos habla de estar en el filo de la cuerda floja, en la suspensión y la contención del felino al acecho, en evitar lo vulgar, en buscar la claridad, la cercanía, para alcanzar lo universal y lo mítico.

Brook está paradójicamente presente en sus espectáculos a pesar de que su intervención es mínima, no invasiva. Prepara exhaustivamente el terreno, pero ahí dentro la evolución del actor ha de ser libre, viva, en el terreno arriesgado de la continua investigación, pero dentro de unos márgenes muy claros. Sabe que la verdadera vida, la joya, está dentro del proceso, y no mientras buscamos el resultado. Uno quisiera grabar, anotar cada palabra que dice, pero a través del trabajo con él nos damos cuenta del valor de permanecer abierto, del error, de la búsqueda, porque cada momento puede ser la llave de un pequeño tesoro.

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