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Primero, Picasso, y luego, los demás

La primera sesión de la subasta de la colección Rockefeller confirmó que el artista sigue siendo el rey. Ya son cuatro las obras suyas entre las diez más caras vendidas en subasta. Ayer sobrepasó los 100 millones.

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Nueva York.

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10 de mayo de 2018. 03:57h

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Julio Valdeón Nueva York. 10/5/2018

Un récord detrás de otro. Matisse y Monte. O Picasso. Todo en una subasta rompedora, celebrada en Chris-tie's, que en apenas unas horas ya había recaudado 578,6 millones de euros, la mayor cantidad jamás lograda para una colección. Y todavía faltaba otro día, el último, cuya recaudación no se conocía al cierre de esta edición. Claro que la colección no era cualquier cosa. Se trataba nada menos que de la apabullante muestra de arte reunida por David Rockefeller y su esposa Peggy. Una colección fastuosa, que agrupa buena parte de los grandes nombres del siglo XIX y XX, incluidos los titanes del impresionismo y los mascarones de proa de las vanguardias. Entre otros, Juan Gris, Paul Gauguin y Henri Matisse. Pero los tesoros no acaban aquí: hay muebles del siglo renacentistas, vajillas dieciochescas, porcelanas de China, Corea y Japón, mobiliario del 1.700, candelabros rococós, ... y obras de De Kooning, O'Keefe, y dibujos de Toulouse-Lautrec. Una segunda subasta, compuesta por joyas dignas de los tesoros de un faraón egipcio, con anillos de platino y diamantes de inmensa pureza, saldrá a la venta próximamente.

A la caridad

Hijo y nieto de multimillonarios de leyenda, presidente él mismo del Chase, consagró buena parte de su capital, no menos de 900 millones, a la caridad. Incluidas donaciones a la universidad de Harvard y, sobre todo, a su querido MoMA. Donaciones a las que habrá que sumar las ingentes cantidades recaudadas estos días por Christie's. El patrón, que falleció el 20 de marzo de 2017, consignó en su lecho de muerte que fueran destinadas también a la caridad. A ello serán destinados, por ejemplo, 115 millones de euros que alguien pagó por «Fillette a la corbeille fleurie», de Picasso. El óleo de 1905 está dedicado a una jovencísima prostituta del Barrio Latino, a la que el artista retrata desnuda, apenas cubierta por un ramo de flores, y de la que algunos cronistas, como Bykyle Swenson, se malician si no debiera de provocar las iras del #MeToo y/o de quienes, hace apenas unos meses, pedían la censura de obras como «Teresa soñando», de Balthus, que cuelga, y afortunadamente ahí sigue, de las paredes del Metropolitan. Parece que la muchacha trabajó como modelo para el malagueño y también para Modigliani. Con esta obra ya son cuatro las que el pintor ha colocado entre las diez más vendidas en una subasta.

Hablando de la totémica pintura picassiana, Marc Porter, presidente de Christie’s America, que concibió y organizó la sesión, ha escrito que «Picasso, el mejor artista del siglo XX, vio nuestro futuro en 1905, cuando pintó ''Fillette à la corbeille fleurie''. Representa los temas con los que él lucharía a lo largo de su vida: el amor, el sexo, la belleza, la ternura, la violencia, y cuanto define a la humanidad. En esta obra maestra revela su brillo singular en una diosa fascinante e intemporal que contempla el universo». Sin embargo, la de Picasso no fue la única obra que alcanzó precios estratosféricos. Ahí están, por ejemplo, los más de 80 millones de dólares por «Odalisque couchée aux magnolias», de Matisse. O los casi 85 millones por un delicado lienzo de Monet.

Romper el techo

Vista la fastuosa nómina de obras, y los precios que los millonarios de todo el mundo estaban dispuestos a pagar, no sorprende que Christie's aspire a rematar la semana con cifras cerca de los mil millones de dólares. Esto es, rompiendo el techo de lo recaudado por una colección. Un hito que llega apenas unos meses después de que «Salvator Mundi», de Da Vinci rompiera cualquier marca conocida y alcanzara los 403 millones de euros. Para comprender la magnitud del negocio basta recordar que la casa logró asegurar la subasta, frente a su competidora Sotheby's, cuando acordó pagar a los Rockefeller un mínimo de 582 millones de euros, con independencia de lo que finalmente pudiera recaudarse. Lo contaba, Pogrebin, uno de los buenos conocedores del lujoso y opaco mundillo de las subastas en las páginas del «New York Times». Tal y como explica el cronista, haciéndose eco de la intención de la propia casa, la histórica subasta aspiraba a algo más que a figurar como una mera transacción comercial. Algo más, sí, que un enloquecido baile de cifras a cambio de una abigarrada serie de joyas. Incluso algo más que el pistoletazo definitivo que marque la recuperación de los precios del arte y el negocio de las subastas. Lo anunciaba Christie's desde el propio título que había elegido: «Vive como un Rockefeller». Es decir, llévese a casa, o mejor, a la villa romana o el palacete, alguna de las obras de la última dinastía de millonarios estadounidenses, los mismos que en buena medida habían forjado la era Gilded, junto a los Astor, los Vanderbilt, los Carnegie y los Doheny.

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