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Puccini aparca en el garaje

Opera Garage trae “La Bohème” a Madrid el día 14 después del éxito que ha tenido en Bilbao y Barcelona esta propuesta contemporánea, en la que Mimí y Rodolfo se enamoran

  • Mariola Cantarero como Mimí, en el estreno en Bilbao
    Mariola Cantarero como Mimí, en el estreno en Bilbao

Tiempo de lectura 8 min.

09 de marzo de 2019. 20:51h

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D. Mendoza.  9/3/2019

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París, alrededor de 1840. En una humilde buhardilla del Barrio Latino, un poeta y un pintor sobreviven a duras penas al inclemente invierno. Cuando una vecina costurera llega a pedirles fuego para encender su vela, el poeta se enamora de ella en el acto. Saltemos adelante siglo y medio: Madrid, alrededor de 2015. En un garaje abandonado de la periferia de la ciudad, un guionista de cine y un artista plástico apenas sobreviven al inclemente invierno. Cuando una joven estilista de moda aparece en el garaje, el guionista se enamora de ella de inmediato. Esta versión «underground» –nunca mejor dicho– de «La Bohème» de Puccini, en la que Mimí ya no es una frágil jovencita sino una mujer decidida, y en la que Rodolfo no alimenta la hoguera con los manuscritos de sus poemas, sino de sus guiones, se estrenará en Madrid el 14 de marzo en el garaje Aída, en Tetuán.

Se trata del primer espectáculo, que ya arrasó en Bilbao y Barcelona, del concepto Opera Garage ideado por Emiliano Suárez, co productor y director de escena de esta «Bohème», cuya intención es cambiar los grandes teatros por escenarios más urbanos que despierten el entusiasmo de los jóvenes por la ópera, no solo por su formato más informal, sino porque las entradas son más accesibles. «Mi acercamiento a la ópera era pura inercia creativa; al final, es mi gran afición. Hace algún tiempo decidí que tenía que cumplir mis propios sueños y unir mi experiencia en el ámbito ejecutivo con la música, el teatro, el arte y todas las cuestiones que me remueven y me dan la energía necesaria para seguir avanzando», afirma Suárez quien, sí, es nieto del fundador de la joyería Suárez. Entre esos sueños por cumplir estaba el montaje de una «Bohème» contemporánea que le fue encargado hace alrededor de tres años por Amigos de la Ópera de Coruña. El proyecto, sin embargo, no terminó de cuajar: «No se pudo llegar a un acuerdo porque no había dinero para afrontarlo. Terminé exhausto, defraudado, y metí el proyecto en un cajón, pensando: “Aquí se queda, y probablemente nunca vuelva a abrir este cajón”», recuerda Suárez.

No fue así, claro. Dos años más tarde inauguró su exposición de fotografía «Textures of New York» en el garaje San Mamés de Bilbao, su ciudad natal. Macarena Bergareche, comisaria de la muestra, recuerda que «cuando estábamos colgando los cuadros, Emiliano, gran amante de la ópera y con dotes de tenor, se puso a cantar y se dio cuenta de que el garaje tenía una acústica espectacular». El cajón de «La Bohème» volvió a abrirse, esta vez con Bergareche como socia. «El garaje me atrapó. Y de repente, dije: “Pero si esto es la bohemia del siglo XXI; los espacios alternativos a las afueras de las ciudades donde los jóvenes talentos emergentes prueban y crean. Esta es nuestra escenografía”», recuerda el director de escena. El lugar, con sus vigas expuestas, cristales rotos y su aspecto decadente en general, era perfecto para la versión que él había ideado de la famosa ópera de Puccini.

El espectáculo más caro

En ese garaje, y con las entradas agotadas, estrenaron el otoño pasado el montaje, que más tarde llevaron a Barcelona y que después de Madrid continuará su gira, idealmente pasando por Pamplona, Las Palmas de Gran Canaria y Valencia. Su calidad «portátil» es una de las claves del éxito de Opera Garage. Como explica Suárez: «Es un formato fácil de mover y de montar y parte de la rentabilidad del proyecto está en reducir los costes habituales que tiene hacer ópera, que es el espectáculo más caro del mundo tal y como se concibe hoy en día». Añade que no se posiciona en contra de que los grandes teatros inviertan sumas considerables en ambiciosos montajes y en contratar a los mejores directores y artistas, «pero ese coste tiene una repercusión directa para el espectador. La gran mayoría de las entradas son muy caras, aunque no todas, no vale esconderse detrás de la afirmación de que la ópera es para ricos. La música es universal y quien quiere, va».

Las de su espectáculo están entre los 40 y los 60 euros. En Bilbao se vendieron todas en menos de una semana y, según Bergareche, el 40 por ciento de las personas que asistieron no había ido nunca a la ópera o no habían visto jamás «La Bohème». También afirma que la edad media del público hasta ahora ha sido de entre 35 y 45 años. Otra manera de reducir los costes es que no cuentan con orquesta ni con coros, sino que se trata de una versión a piano a cargo del maestro repetidor Borja Mariño. Suárez afirma que el piano le otorga «un punto melancólico, intimista, que va muy bien con lo que estamos contando. Una orquesta en esta producción sería como meter un elefante en una cacharrería. Lo mismo que meter un coro. Cuando apagamos la luz y comienza la primera nota, se hace la magia. “La Bohème” es una historia de emociones, que gira en torno al amor y a otras cuestiones más complicadas, y la muerte acecha desde el primer momento. Su éxito está en que los espectadores tienen el corazón encogido desde la primera nota hasta la última». «El público está muy cerca y puede ver cómo respiramos, observar las expresiones de la cara, detalles que en un gran teatro pasan desapercibidos», afirma Mariola Cantarero, que interpreta a Mimí. Sobre cómo este novedoso formato ha repercutido en su propia interpretación, asegura: «Te sientes más libre porque tienes la cercanía y la intimidad de un recital o de un concierto con piano, donde el público está más contigo, y, a la vez, la intensidad de Puccini. Su música ya te emociona un montón, pero al sentirlo tan cercano, más todavía. Cuando mi personaje muere y veo al público desde tan cerca, completamente inmerso en lo que sucede... es alucinante, es otra película». En esta versión, que «se hace desde un profundo respeto a la partitura», en palabras de Cantarero, se presentan en su totalidad los actos I, III y VI, y un extracto del II. Los únicos cambios al libreto se realizaron con la intención de eliminar los coros.

«Para el público tradicional es una novedad muy interesante y para el que no ha visto nunca una ópera es una manera bastante buena de acercarse a ella», insiste la soprano. Es precisamente uno de los objetivos de Suárez: «Aquellos a los que nos apasiona el género tenemos la responsabilidad de abrir las puertas a nuevos públicos y a la gente joven. Cuanto antes sientas curiosidad por la música, antes podrás desarrollar esa afición». La suya nació cuando apenas tenía diez años y sus padres le llevaron a ver «Adriana Lecouvreur» en el Teatro de la Zarzuela.

Pura pasión

«A Madrid hay que venir con los deberes hechos», asegura Suárez sobre la importancia que otorga al estreno en la capital. También confiesa que «dirigir la escena era un reto que me acojonaba bastante porque, además, los artistas que colaboran con nosotros lo hacen por pura pasión y son de primerísimo nivel». Cantarero le conoce desde hace años y dice que Suárez le «vendió muy bien» el proyecto: «Nunca había hecho algo así, era una aventura. Después de casi veinte años de carrera es cierto que me apetecía probar algo nuevo. A estas alturas, busco que los proyectos me reconforten artísticamente. Aunque al principio pude tener mis dudas, ahora pienso: “Bendita locura”», asegura la soprano, y añade: «Los cantantes somos de un circuito bastante alto, hemos cantado juntos en los distintos teatros y ya eso era una señal de que iba a haber calidad. Todos nos hemos embarcado con la misma ilusión». Entre ellos el tenor Shalva Mukeria, que sustituye a Francisco Corujo en el papel de Rodolfo, ya que Corujo estrena en breve «El barberillo de Lavapiés» en el Teatro de la Zarzuela. Stefano Palatchi interpreta a Colline, Manel Esteve a Marcello, Javier Galán a un Schaunard convertido en artista pop, con chupa y botas de cuero, y Ruth Terán a la excéntrica Mussetta.

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