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¿Quién fue Robinson Crusoe?

Un personaje de ficción, creado por Daniel Defoe, pero cuyas aventuras y desventuras se basaron en una historia real, las del marinero Alexander Selkirk

  • «Robinson Crusoe» ha sido traducido a casi todos los idiomas del mundo
    «Robinson Crusoe» ha sido traducido a casi todos los idiomas del mundo

Tiempo de lectura 4 min.

16 de junio de 2019. 09:46h

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José María Zavala 19/6/2019

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El escritor londinense Daniel Defoe (1660-1731) tenía ya casi sesenta años, siete hijos y se hallaba sumido en la más completa penuria, sin trabajo en el periodismo, cuando la desesperación le indujo a probar fortuna en un terreno todavía inexplorado para él: la novela. En los doce años siguientes, Defoe escribió nueve obras de ese género, una de las cuales se convertiría en la más popular tal vez de todas las novelas de aventuras. La primera parte, «The life and strange surprising adventures of Robinson Crusoe», salió de la imprenta el 25 de abril de 1719. En agosto del mismo año, apareció una segunda entrega, «Further adventures». Pocas personas, salvo los estudiosos del singular novelista, están al tanto de que hubo aún una tercera entrega, «Serious reflections», aunque bastante más floja que las anteriores.

«Robinson Crusoe» alcanzó ocho ediciones en un solo año, lo cual en aquella época constituía un verdadero prodigio editorial, y hoy ha sido traducido ya a casi todos los idiomas del planeta. Para componer su celebérrima obra, Defoe se inspiró en las aventuras y desventuras de un personaje tan real como la vida misma: el marinero escocés Alexander Selkirk (1676-1721), coetáneo del escritor.

Marinero de agua salada

¿Quién no ha leído de niño, joven e incluso adulto la popular novela que ha inspirado un sinfín de películas, como la dirigida por el cineasta francés Georges Meliès en 1902, o la del director español Luis Buñuel, en 1952? La novela de Defoe ha tenido continuidad incluso en la esfera literaria, donde el francés Michel Tournier retomó el mito de Robinson Crusoe en su obra «Viernes o los limbos del Pacífico», publicada en 1967 y galardonada con el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa. Volviendo a Alexander Selkirk, el marinero que sirvió a Defoe para disparar luego con su pluma de ave, a modo de cerbatana, tan atinados dardos de tinta sobre el papel, fue abandonado a petición propia en una isla deshabitada tras una disputa con su capitán.

El islote distaba unas trescientas millas de la costa de Chile. Se trataba, en concreto, de la isla conocida como Más a Tierra y enclavada en el archipiélago chileno Juan Fernández. El capitán del buque Cinque Ports, Thomas Stradling, abandonó al marinero, como indicamos, con el pleno consentimiento de éste. ¿Quién iba a decirle al incrédulo e irreverente Selkirk que acabaría leyendo allí solo la Biblia y entonando salmos casi como Dios lo trajo al mundo?

Selkirk sobrevivió allí durante cinco años en condiciones extremas, siendo rescatado por fin, en febrero de 1709, por la tripulación de un barco y devuelto a Inglaterra dos años después, donde se convirtió en una especie de héroe a quien todo el mundo mareaba con mil preguntas. Entre ellos, el propio Defoe, que fue a verle a Bristol para entrevistarse con él.

Aun así, Defoe se lo tomó con calma, pues permaneció durante los siete años siguientes acariciando la idea de escribir una novela inspirada en las peripecias de Selkirk, hasta que se decidió finalmente a metamorfosearle del marinero brutal e insolente que siempre fue, al valeroso Robinson Crusoe de la ficción.

al abordaje con dampier

La vida de Selkirk daba para un novelón. Acusado en su juventud de observar una conducta indecente en el interior de un templo religioso, huyó de su pueblo natal escocés, Lower Largo, para enrolarse como marino en un buque. Comenzaba así su azarosa carrera de corsario, que le llevaría a viajar por el Pacífico Sur con el telón de fondo de la Guerra de Sucesión española, entre 1701 y 1714. Llegó a formar parte de la expedición liderada por el no menos famoso corsario William Dampier, la cual transportaba en sus bodegas patentes de corso británicas que autorizaban a los barcos el abordaje de las naves enemigas.

El trasunto literario de Defoe navegó así a las órdenes del bucanero Dampier, que también fue un conocido escritor, botánico y observador científico. No en vano, se convirtió en el primer ciudadano británico que exploró y cartografió las costas de Nueva Holanda, la Australia actual, y de Nueva Guinea.

Una vida de película, en suma, la de Selkirk, quien sin saberlo sirvió de inspiración al genial Defoe para inmortalizarle enmascarado en el personaje novelesco. Los milagros literarios existen. Y Selkirk, allá donde ahora esté, todavía sigue luchando como un coloso contra las invasiones de ratas, leones marinos o caníbales en la isla imaginaria proyectada en la pequeña pantalla del cerebro de millones de lectores.

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