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Renée Fleming: ¿El último «do de pecho»?

«The New York Times» asegura que la soprano dejará la ópera escenificada el 13 de mayo, mientras ella matiza que «el rumor se ha exagerado».

  • El futuro de la norteamericana René Fleming, de 58 años, está en el aire
    El futuro de la norteamericana René Fleming, de 58 años, está en el aire

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08 de abril de 2017. 00:57h

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8/4/2017

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Pocas horas después de que «The New York Times» publicara que la soprano se retiraba en el Metropolitan con uno de sus títulos fetiche, «El caballero de la rosa», de Richard Strauss, la diva salía al paso en la revista «Vanity Fair» y aseguraba que «el rumor había ido demasiado lejos, ha cobrado vida propia. Voy a seguir cantando en recitales, grabando discos y preparando nuevos paples», aunque negar, lo que se dice negar, su adiós de la ópera escénica no lo hacía. La información ha desencadenado una tormenta en el mundo de la lírica, pues los comentarios sobre la más que probable despedida de Renée Fleming habían arreciado en los últimos meses. Se dice que pondría fin a las representaciones dando vida a quien tanta vida le ha brindado a ella, el personaje de la Mariscala, junto a la mezzo letona Elina Garança en el papel de su joven amante Octavio. Las funciones levantarán el telón el 13 de abril y allí estará hasta el 13 de mayo, en un montaje que cuenta con dirección escénica de Robert Carsen, con quien ha trabajado en varias ocasiones.

Según el crítico Arturo Reverter, la edad de Fleming, 58 años, no es muy temprana para decir adiós a la ópera representada, «cada uno lo hace cuando puede, quiere o le dejan. Ella está de buen ver vocal y físicamente, y lo haría en un momento en que no se puede hablar de una decadencia, aunque, lógicamente, no cante como hace unos años. Aunque está de buen oír. Si se marcha ahora lo hará en plena forma». ¿Cuáles son las características de su voz? «Es amplia, ancha, muy timbrada, cálida y perfumada, con extensión. Tiene facilidad para cualquier tipo de canto, desde el legato, al concitatto pasando por el más tranquilo», comenta. Strauss ha sido y es en su carrera un compositor fundamental. «Ahí tenemos a la Mariscala, a Arabella, La mujer sin sombra o Intermezzo, que ha cantado, y muy bien, en la línea de una Elisabeth Schwarzkopf o una Lisa Della Casa».

Una gran expresividad

En la época en que Antonio Moral, hoy director del Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM), estuvo al frente del Teatro Real, Fleming protagonizó uno de los recitales más esperados. Fue en 2009. El año pasado regresó, pero siete después la voz, aseguraban los entendidos, no era la misma. «Me parece una cantante de una calidad excepcional y una de las mejores Mariscalas que se han podido escuchar. Canta bien, sin tener una voz importante como la de Netrebko, y posee clase. A mí me recuerda a cantantes como Kiti Te Kanawa, mujeres con enorme personalidad en escena, un timbre especial y gran expresividad. Sabe pisar un escenario». Añade Moral que la soprano norteamericana cumple con las tres reglas de oro: buenas cualidades físicas y vocales, técnica de canto y saber elegir el repertorio, «un abecedario que determina la longevidad de una voz. Ella es inteligente y sabe que no suena como antes. Si deja la ópera representada lo hará en un buen momento. Hay, sin embargo, compañeros que han empañado lo que ha sido una gran carrera por no saber decir adiós a tiempo. La suya, estoy seguro, será una retirada con matices, es decir, seguirá ofreciendo conciertos, grabando o apareciendo en actuaciones estelares en el Met». Efectivamente en el Metropolitan ha vivido momentos de gloria, sin olvidar festivales como el de Salzburgo, donde protagonizó una «Rusalka» en una producción de Carsen «que era como para enamorarse de ella cuando representaba la célebre “Canción a la luna”, o junto a Thielemann como director musical en Baden-Baden con un “Caballero” estupendo», recuerda Antonio Moral.

Si en el Met ha escenificado un idilio de años, en la Scala de Milán sufrió uno de los momentos más difíciles, hasta el extremo que se replanteó si debía seguir. Ella misma lo ha contado en sus memorias, «The Inner Voice: The Making of a Singer». Fue durante una representación de «Lucrezia Borgia», de Donizetti. Atrevesaba un momento complicado por su separación matrimonial, el tenor no estuvo a la altura y con el director musical tuvo problemas. El resultado fue un abucheo histórico. Ella misma ha relatado que necesitó ayuda psicológica y que le pasó por la cabeza tirar la toalla. Sintió pánico escénico y unos temblores la inundaban. «Me repetía una y otra vez que no podía. Me sentía como si fuera a morirme», escribía. En aquella época fue clave la ayuda de su profesora de canto, siempre a su lado y que la acompañaba del camerino a la entrada del escenario.

De momento, en su web solamente aparece una cita con la ópera escénica «El caballero de la rosa». Lo demás son varias galas, conciertos en Madrid (el 17 de mayo), París y Viena, y varios recitales de fuste por Estados Unidos hasta fin de año. Ni rastro de ópera. Sobre su retirada se informa a los seguidores de que «los rumores han sido exagerados», pero no hay una declaración tajante que los desmienta. Mientras, el agudo crítico inglés Norman Lebretch escribe en su sitio «slippedisc»: «That’s called having your cake and eating it», que equivaldría a decir que no se puede tener todo y que es necesario elegir. ¿Se lo aplicará la soprano de Indiana?

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