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Rocío Márquez tira del hilo

La cantaora presenta “Visto en El Jueves”, un disco sobre la memoria del cante con material obtenido del mercadillo sevillano e incluso un popurrí de coplas de Rocío Jurado.

  • Rocío Márquez busca en la memoria colectiva del cante para «volver a pasarlo por el corazón»
    Rocío Márquez busca en la memoria colectiva del cante para «volver a pasarlo por el corazón»

Tiempo de lectura 4 min.

05 de abril de 2019. 01:09h

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Ulises Fuente 5/4/2019

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El Jueves es el mercadillo al aire libre más antiguo de Sevilla y dice Wikipedia que su origen es anterior a la conquista de la ciudad por Fernando III de Castilla. Sea moro o sea cristiano, en la calle Feria sigue desplegándose cada semana un fascinante carrusel de objetos antiguos y modernos, de primera y de quinta mano, que renacen cada vez que se transmiten. Allí solía ir Rocío Márquez cada semana, a bichear entre las cajas de vinilos antiguos y de casettes. Y la onubense se preguntaba, cada vez que ponía en casa un disco antiguo cuántas vidas tiene una canción. Cuánto vive un cante. «Yo creo que puede ser tan larga como queramos, pero para eso es necesario que exista una memoria colectiva y ese es un asunto que me ha estado preocupando mucho últimamente. Así que convertí a la memoria en el punto de partida de mi trabajo», comenta la cantaora sobre su último disco, «Visto en El Jueves», que presenta este fin de semana en Madrid en el Festival Internacional de Arte Sacro, en los Teatros del Canal.

En un tiempo en que el ser humano tiene la capacidad de grabarlo todo, de registrar casi hasta el último segundo de su actividad, parece que tenemos menos memoria que nunca. «A mí eso no deja de sorprenderme y era el tema que me apetecía poner sobre la mesa. Creí que era un foco bonito desde el que partir, a través de la reutilización de materiales en una sociedad en la que vamos usando y tirando. Se puede reinventar y se debe recordar», dice Márquez.

Cantes en desuso

En el disco parte siempre de lo prestado, de los discos del famoso mercadillo. Canciones, por ejemplo de Bambino, Paco Ibáñez, Concha Piquer, El Cabrero, Turronero, Pepe Marchena, José Menese y Manuel Vallejo que en el disco conviven hasta con un popurrí de coplas de Rocío Jurado, que son releídas por la cantaora con la ayuda de Juan Antonio Suárez «Canito» a la guitarra. «Las reutilizo, pero no desde una visión historicista, sino volviéndolas a pasar por el corazón. Y luego está el romance, que es de Antonio Orihuela y que es un poeta que admiro y con el que me encuentro por la calle. Me encajaba, porque el mensaje es el mismo del disco, porque los romances, que son mitad hablados mitad cantados, y esos otros cantes en desuso, como la mariana y la serrana, eran muy adecuados para este proyecto. Así que partí siempre de las canciones de esos discos viejos, pero las he ido cambiando completamente», explica.

Pero la memoria también es, inevitablemente, política. Y si no la tenemos para el arte... «Pues más nos vale no olvidar los errores del pasado. En Andalucía sabemos de lo que estamos hablando, porque no solo es que no nos acordemos, es que parece que no nos queramos acordar. Estamos asistiendo a un retroceso de los derechos conquistados. Han irrumpido discursos que estaban superados, porque hemos olvidado». De ahí toman fuerza en 2019 dos temas como «Andalucía» o «Andaluces de Jaén», que interpreta junto a Kiko Veneno. «Nunca había sido antes tan explícita y no lo pienso, sino que aparece. Vox dice barbaridades en contra de los derechos de la gente y eso está en mi cabeza y aparece. La memoria es política, es transversal». Así que Rocío Márquez ha hecho un disco nuevo, de cante antiguo, con arreglo clásico pero discurso moderno. «Me gusta jugar con los espacios físicos y temporales. Y tener conciencia de la importancia de la memoria y de la historia, pero que sea el punto de partida, que te proyecte hacia el futuro. Que te dé posibilidades de crear». A Márquez no le preocupa ser o no ser clásica, ni dejar de ser moderna o serlo. «Eso ya lo pasé. Me costó. Porque llevaba desde los 8 o 9 años cantando en peñas, en lugares muy ortodoxos y escuchando discursos conservadores e interiorizándolos... Y el miedo a la no aceptación es muy grande. Yo recuerdo que después de ganar la Lámpara (se refiere a la Lámpara Minera que ganó en 2008) pensé que iba a defraudar a mucha gente si hacía lo que quería de verdad. Pero pensé que entre defraudarles a ellos o a mí, pues que a ellos». Lo que parece inevitable es que todo lo que hagamos, sea Rocío o cualquier otro, termine en un mercadillo.

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