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Rusia será el nuevo granero del planeta

El gigante se tambaleaba acuciado por los problemas: aumento de los gastos militares, fragmentación del país y el fin de las armas nucleares. La solución vino de parte del cambio climático.

  • En 2021 Rusia se comprometió a desactivar todo su arsenal. La falta de poder de Moscú estimuló a la venta de armas al mejor postor / Reuters
    En 2021 Rusia se comprometió a desactivar todo su arsenal. La falta de poder de Moscú estimuló a la venta de armas al mejor postor / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

17 de agosto de 2019. 03:00h

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Juan Scaliter 17/8/2019

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Tras años de gobernantes discutidos políticamente, tanto fuera como dentro del país, problemas de corrupción y líderes acusados de gobernar exclusivamente para Moscú, Rusia entra en el 2029 muy lejos del pronóstico de Buen rolliski que cantaba Georgie Dann en 2018, durante la Copa Mundial de Fútbol. Son varios los aspectos que han contribuido en este presente de la Federación Rusa.

Ciberseguridad y «fake news»

Durante más de una década, el país fue reconocido como un centro innovador en lo que a expertos en informática se refiere. A veces financiados por empresas y otras por intereses particulares, se dedicaron a cuidar las fronteras internas de la red y a buscar vulnerabilidades en otras naciones, mediante ataques cibernéticos y noticias falsas. Pero llegó un momento, durante las elecciones de 2023, en el que las revueltas populares influyeron en estos expertos, que decidieron usar sus herramientas para derrotar a quienes tenían el poder. Así se liberaron numerosos documentos que no solo pusieron en jaque al oficialismo, sino a toda la clase política y se produjo un vacío de poder que llevó al siguiente paso.

Provincias autónomas

El levantamiento contra Moscú entorpeció significativamente la capacidad de la capital para controlar toda la Federación Rusa. Así surgió un vacío en los fragmentos individuales de la Federación Rusa. Lo que muchos buscaban era desestabilizar todo el sistema propiciando la independencia de las distintas naciones en el territorio ruso. Si bien esto no se consiguió, sí facilitó que el país se convirtiera en una cadena de regiones semiautónomas que no ocultaban su animadversión entre sí. Osetia, Crimea, Chavasia, Chechenia.. y así otras 10 repúblicas, junto a los distritos federales y las ciudades autónomas que hasta ese momento mostraban una convivencia aceptable, mostraron sus verdaderas intenciones y se las reconoció, al menos en los organismos internacionales como regiones semiautónomas.

Economía

Todo esto generó, lógicamente, una crisis económica mucho mayor que la vivida a inicios de los años noventa cuando se estableció el poder que, en apenas 5 años, privatizó todo el país, creando una nueva generación de ricos y un enorme número de personal especializado pero desempleado cuya salida más fácil era a menudo la delincuencia. Debido a las tensas relaciones entre la federación y los organismos internacionales, el Banco Mundial y el FMI se negaron a enviar ayudas a Rusia, lo que propició que la crisis fuera más profunda y longeva. Las sanciones, la caída de los precios del petróleo, la caída del rublo fueron otros «incentivos» que vivió el país y ahogaron aún más a la población.

Armamento

Cuando en 2021 se firmó el Tratado Internacional de Armas Nucleares, Rusia se comprometió a desactivar todo su arsenal. Y comenzó a hacerlo, al menos hasta que la falta de poder de Moscú estimuló a muchos personajes locales que, armados con iniciativa y contactos en otras naciones, buscaron vender los restos del almacén nuclear al mejor postor. Así nació la mayor crisis del siglo XXI. Mientras muchos países sancionaban a Moscú y a menudo lo dejaban abandonado por las buenas (y por las malas, también), Rusia gastaba más y más en recursos armamentísticos y tecnológicos que no podía permitirse, con el objetivo de hacer algo para recuperar la confianza del planeta: hallar las armas nucleares perdidas.

La solución

La respuesta, al menos aquí, llegó de manos del cambio climático. Al igual que ocurrió en Escandinavia y en el norte de Canadá, la zona boreal de Rusia pasó de ser un territorio yermo a un verdadero oasis para la agricultura. De este modo el país miró hacia atrás y quienes habían quedado desempleados comenzaron a reclamar tierras sin dueño y a cultivarlas. De este modo favorecidos por el nuevo clima y el viejo orgullo el país puede aspirar a convertirse con el tiempo en el nuevo granero del planeta.

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