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Súbditos de un poder invisible

Joroslaw Bielski lleva a las tablas del Fernán Gómez la versión de Waserman de «Alguien voló sobre el nido del cuco»

  • Bielski ha optado por un reparto de 15 actores para llenar el escenario de la Sala Guirau del Fernán Gómez / Teatro Fernán Gómez
    Bielski ha optado por un reparto de 15 actores para llenar el escenario de la Sala Guirau del Fernán Gómez / Teatro Fernán Gómez

Tiempo de lectura 4 min.

10 de octubre de 2018. 01:50h

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Raúl Losánez.  10/10/2018

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Algo tendrá esta versión teatral de «Alguien voló sobre el nido del cuco» cuando los responsables de los derechos de la novela en la que se basa no permiten que se represente ninguna otra. Sí, digo bien: de la novela; porque eso era originalmente la archiconocida película protagonizada por Jack Nicholson. Ken Kesey la había escrito en 1959, aunque solo logró publicarla tres años más tarde; poco después, en 1963, llegaría la adaptación teatral de Dale Waserman –que es la que ahora se estrena en Madrid–, y no sería hasta 1975 cuando Milos Forman rodase aquel premiado filme que, como suele ocurrir en cine, opacó todo lo anterior.

Sin embargo, no es esta la primera vez que el texto dramático de Wasserman llega a nuestros escenarios. Jaroslaw Bielski, también al frente de este nuevo montaje, la había llevado ya a las tablas hace 15 años, curiosamente con Pablo Chiapella de protagonista, igual que ahora. «Siempre me ha interesado mucho este texto –reconoce el director polaco afincado en Madrid–. Creo que es más fiel a la novela original que la película, en la medida que habla del ser humano de una forma mucho más rica y más atractiva». Interesado por el teatro como gran metáfora de la vida, como reflexión general y profunda del mundo, parece lógico que a Bielski le guste más la versión de Wasserman, por su mayor abstracción, que la narratividad que caracteriza la película. Por eso, en su propuesta escénica, no son tan importantes las peripecias particulares del protagonista –el inolvidable Randle McMurphy, que finge estar loco para escapar de la cárcel y es recluido en una institución mental–, como el análisis de los mecanismos que rigen el encierro de un individuo que no se somete a la norma. «Aquí todo se expone de una manera menos naturalista –explica el director–. El centro psiquiátrico se convierte en una alegoría del propio mundo, como en Shakespeare o en Calderón, y en él podemos ver reflejados de una manera amplia los grandes problemas del ser humano: el poder, la libertad, el miedo, la responsabilidad...».

En cuanto a las diferencias entre su primera aproximación al texto y esta de ahora, Bielski asegura que vienen determinadas por el cambio que hemos experimentado a la hora de entender las estructuras de poder. «Hace 15 años el poder dominante era más visible, más detectable. Ahora todos seguimos padeciendo ese poder, pero es prácticamente invisible. Nos convertimos en súbditos de algo que aparentemente es inexistente; y al final no sabemos si nuestras decisiones son realmente nuestras o están condicionadas por alguien o algo. Y de todo eso habla esta obra».

Puede llamar la atención que un director como Bielski, vinculado a la escena independiente y a la creación más arriesgada, cuente para este proyecto con algunos actores que hoy podrían ser considerados «comerciales»; él, sin embargo, se ríe de las etiquetas: «Precisamente, muchos de ellos han sido alumnos míos. Así que no están aquí por ser actores comerciales, sino por ser actores excelentes. Tanto Pablo Chiapella como Rodrigo Poisón ya estuvieron en el primer reparto de hace 15 años». Mona Martínez, Emilio Gómez o Niko Verona son algunos otros intérpretes que conforman un vasto elenco de 15 actores.

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