Cultura

Los 60 años de Els Joglars contra el buenismo

Ramon Fontserè lleva las riendas de la compañía que fundó Albert Boadella en los años 60 y que tras luchar contra la dictadura de Franco ahora se enfrenta a otra muy diferente, la de la corrección, la cual combaten en su nuevo espectáculo

Ramon Fontserè en «¡Que salga Aristófanes!»
Ramon Fontserè en «¡Que salga Aristófanes!» FOTO: Jorge Zapata EFE

Echando un ligero vistazo a la actualidad uno puede comprender la necesidad de poner un Aristófanes en nuestras sociedades. Hace 25 siglos que desapareció de este mundo, pero dejó su legado en obras como «Lisístrata», «La paz» o «Los acarnienses». Mensajes de paz. «¡Era un pacifista!», explica Ramon Fontserè. No es que hablemos, para el actor y director, de «un hombre excesivamente original» en cuanto a temas de educación o política, pero, por el contrario, «tenía un gran sentido común». Estaba harto de las guerras entre las ciudades-estado. Aquello era la ruina y solo pedía concordia, «que era más confortable, divertido y bueno». Y es esta razón tan simple, pero convincente, por la que Els Joglars recupera al comediógrafo en «¡Que salga Aristófanes!» (Teatros del Canal) y en el año en el que la compañía celebra el 60 aniversario de su primer estreno.

Es lo último de un grupo formado por Albert Boadella a principios de los 60 y a través del cual «se puede seguir la historia de España», asegura Fontserè. Como bien le dijo Hamlet a Polonio: hay que tratar bien a los cómicos, que no les falte de nada, pues ellos son una breve crónica de los tiempos. Y así se lo han tomado estos teatreros durante décadas. El director llegó en los 80 a la compañía, pero ya hace tiempo que es por derecho propio el sucesor de Boadella desde que este decidiera dar un paso al lado (2012). «A veces hemos sido los notarios que hemos puesto sobre el escenario una mirada, crónica, diferente de la oficial». Han destapado esa verdad oculta que lleva a la catarsis sobre las tablas, como ese Aristófanes que permitía a la gente reírse del poder durante el tiempo que duraba su función. Para Fontserè, eran espectáculos en consonancia con las fiestas dionisiacas, momentos de libertad: «Desmadres controlados que ahora solo se pueden ver en las chirigotas». Aristófanes como símbolo de la libertad, pero también del ciudadano comprometido, serio, y como individuo capaz de gritar los aspectos que le parecen mal de una sociedad.

Es por esto que los Joglars tienen mucho del ateniense. Empezaron sin abrir la boca, solo con el mimo, no se han callado en 60 años. Ni siquiera con la censura de la dictadura de Franco, donde la crítica solo llegaba hasta lo que permitía esa especie de Tribunal de la Inquisición o a lo que se podía deslizar sutilmente entre líneas. En ocasiones, demasiado para un régimen inflexible incluso en los albores de su mandamás. Ahí, «La torna» supuso un punto de inflexión en la compañía: 48 después de su representación en Reus (diciembre del 74) la Policía se presentó en casa de Boadella con la orden de prohibición de la obra y con una citación para acudir al juzgado militar. Sería procesado, detenido y encarcelado en la Modelo de Barcelona por un presunto delito de injurias a las Fuerzas Armadas.

Tiempos de oscuridad (pero sin achantarse) en una trayectoria que ha vivido otros dos «momentos importantes», en palabras de Boadella: «El enfrentamiento con nuestra tribu, Cataluña, por estar en desacuerdo con la línea política que se seguía, y por lo que nos quedamos sin público y tuvimos que marcharnos... una pena; y la otra etapa la estamos viviendo ahora, con unas generaciones que han accedido al poder y han colocado un conjunto de temas intocables. Hemos perdido la libertad de los 80 y los 90. Muchos montajes de Els Joglars de entonces no se podrían hacer hoy», cuenta el fundador de un grupo con el que, pese a su salida, sigue siendo «parte de la familia».

El que fuera su discípulo, «y ahora maestro», dice de Fontserè, es el que lleva la batuta en estos tiempos de «dictadura del buenismo». «Estamos en una crisis muy seria de autocensura –se arranca Boadella–. Pese a que las leyes son muy abiertas en cuanto a la libertad de expresión, hay mucho miedo de ponerse contra a los valores establecidos». Y ahí está la batalla de la nueva pieza: «Enfrentarse a esa realidad». Se relame Fontserè con «las muchas» cosas que denunciar en 2022. «Señalamos al nuevo puritanismo. Todo está minado. No puedes hablar con tranquilidad porque hay ofensa en cualquier lado. La gente se ofende por lo más mínimo». No encuentra el actor al culpable de esta situación, «aunque supongo que los políticos tendrán buena parte de la responsabilidad en su carrera por sacar rédito de todo, pero también los grandes poderes mediáticos». Dispara a un «mundo Disney» que le da miedo, «sobre todo, porque es falso. Es un bluf. Es demagogia».

Y es ahí donde radica una lucha actual que Joglars combate con un texto situado en un centro de salud mental en el que un grupo de pacientes está ensayando una obra de teatro sobre Aristófanes. La función estará dirigida por un ex catedrático que ingresó en la clínica tras ser expulsado de su trabajo debido a unos polémicos tuits que lo hundieron personalmente.

Los que no tienen pinta de sucumbir son ellos, Els Joglars, que han pasado de una dictadura a otra, han estado en celdas por su arte, les han hecho encerronas que solo la Policía era capaz de frenar, han sufrido manifestaciones a favor y en contra, amenazas de bomba... Y aquí siguen celebrando el teatro, la vida, lo irreverente y los 60 años. «Y sin olvidarnos de que el arte tiene que provocar y que no puede ser moralista», zanjan.

  • Dónde: Teatros del Canal (Sala Roja), Madrid. Cuándo: del 9 de febrero al 6 de marzo. Cuánto: desde 9 euros.

NI SOCIOLOGÍA NI PSICOLOGÍA

Albert Boadella , Antoni Font y Carlota Soldevila firmaron en 1961 el acta fundacional de la compañía, aunque no sería hasta diciembre del año siguiente cuando estrenarían su primer espectáculo, una recreación del cine mudo en el Palau de les Nacions de Montjuïc. Nacía así un grupo referente de los escenarios catalanes y españoles que explotarían del todo en los años 70 («El joc», «Mary d’Ous»...) «con el teatro como arte y no con esta corriente de ahora que se pega a la sociología y a la psicología», dice Boadella.