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El apocalipsis según Camus

Chevi Muraday estrena en el Español «Black Apple», una pieza basada en la «La peste» con la que celebra 20 años de compañía.

  • El apocalipsis según Camus
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

16 de enero de 2018. 22:27h

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Juan Beltrán.  Madrid. 16/1/2018

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«Y no fue, como se podría esperar, el de los dos amantes que la pasión arrojase uno hacia el otro por encima del sufrimiento. Se trataba del viejo Castel y de su mujer, casados hacía muchos años. La señora Castel, unos días antes de la epidemia, había ido a una ciudad próxima». Éste es un pasaje –del capítulo II– de la «La peste» Albert Camus, obra sobre la que la compañía Losdedae, ha creado «Black Apple y los párpados sellados», pieza dramática de danza con la que quieren celebrar su 20º aniversario en los escenarios. Al frente, Chevi Muraday, autor de la idea y de la coreografía, y Paloma Sainz-Aja, como señor y señora Castel. El texto es de Paco Tomás y la dirección de David Picazo y estarán en el Teatro Español desde hoy al 28 de enero.

Para Muraday, «cerrar este aniversario con “Black Apple” en el Español es un broche de oro después de un año intenso y agotador, un regalo. La idea empezó hace tres años que releí el libro y pensé, ¡qué maravilla!, esto hay que ponerlo en escena. De momento, las circunstancias no lo permitieron, pero con el tiempo, su aspecto humanista y, en especial estos dos personajes, me decidieron. Camus habla de ellos, pero no desarrolla su historia, los deja en un punto muy inquietante que los catapultaba a un lugar que me apetecía desarrollar. Mi propuesta fue comenzar donde él los deja y, a partir de ahí, desarrollar qué les pasa posteriormente».

Contagio y muerte

Por otro lado, apunta Paco Tomás, «si recordamos, el señor Castel está dentro de la ciudad, ya sitiada por la peste, pero ella está fuera y decide volver, sabiendo que va a contagiarse y a morir. Prefiere estar al lado de la persona con la que ha estado toda la vida, que plantearse sobrevivir fuera alejada. Desde ese punto de partida, comenzamos a trabajar esta relación. En el fondo y utilizando ese ambiente oscuro de ciudad contaminada y sitiada, hemos acabado hablando de incomunicación en la pareja, de lo que somos capaces de hacer con el desamor, de cómo gestionamos esos dolores, del sentimiento de dependencia y del deterioro a través del tiempo. En esta historia era muy importante ver hacia dónde van con sus emociones».

Y prosigue Muraday: «Y condicionados por esa situación, por los ruidos de fuera, por el miedo a salir a la calle, a quedarse sin comida... Todo va deteriorando a la pareja y los va sumiendo en un lugar apocalíptico. La obra acaba de una forma casi operística. El escenario es simple, por lo que el nivel de exposición es brutal porque hay que meterse emocionalmente en ese agujero para poder llegar a donde hay que llegar. Hay que transitar por unos estados anímicos tan bestias, que es muy arriesgado. Pocas veces he tenido una sensación de exposición tan potente, aparte de su dificultad técnica por ese espacio tan reducido. Pensamos acotarlo para tener la misma sensación de claustrofobia y angustia de ellos». Y apostilla Picazo: «Queremos que sea un espectáculo descarnado, que todo esté muy a la vista, que estén desprotegidos y se pueda mirar muy de cerca lo que les va sucediendo». En cuanto al final, «no sabíamos cómo iluminarlo, cómo acabarlo. Y decidimos dar más oportunidades a los personajes creando dos finales y que el público decida qué pasa con ellos. ¿Siguen vivos?, ¿se infectan por la peste? Dramatúrgicamente, es un reto. La historia condiciona estas dos posibilidades. Los dos finales son consecuencia de lo que les pasa», concluye.

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