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En la oscuridad de Lars von Trier

Fernando Soto pone en escena en el Teatro Fernán Gómez una versión «muy cinematográfica» de la famosa película «Bailar en la oscuridad», que le valió al cineasta danés la Palma de Oro de Cannes y a Björk el premio a la Mejor Actriz por un papel que ahora interpreta Marta Aledo.

  • Marta Aledo, protagonista del espectáculo, durante uno de los ensayos
    Marta Aledo, protagonista del espectáculo, durante uno de los ensayos

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22 de febrero de 2019. 03:10h

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Raúl Losánez .  22/2/2019

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Hace aproximadamente un lustro que el actor Fran Calvo le habló a Fernando Soto, que en aquel tiempo era su director en la obra «Constelaciones», de la posibilidad de llevar a las tablas el guion de la película «Bailar en la oscuridad». Después de muchas dificultades «y muchos noes», según revela Soto, aquel proyecto ve ahora la luz en una coproducción levantada, junto a estos dos artistas, por Seda y por el Teatro Fernán Gómez, la sala donde se estrenará la semana que viene. Aunque no lo parezca, han pasado ya 20 años desde que Lars von Trier rodara ese filme que hoy está considerado un clásico del séptimo arte en Europa y que, en su estreno en Cannes, en la primera edición del festival en el presente siglo, se alzó con la Palma de Oro y con el premio a la Mejor Actriz para la controvertida Björk. Después vendrían otros muchos galardones internacionales, incluido el Goya en España, y las nominaciones a los Globos de Oro y a los Oscar.

Una versión americana

Nadie hubiera vaticinado que aquel melodrama germano-danés, rodado de forma tan poco convencional, y que incluía canciones que se apartaban de la línea comercial de los musicales, conquistaría también Estados Unidos. Pero así fue. Y hasta tal punto que fue un dramaturgo norteamericano, Patrick Ellsworth, el único en obtener el permiso de la productora de Von Trier para hacer una adaptación teatral, que es la que ha podido verse en otras partes del mundo y la que ahora llega a Madrid. Según explica Soto, que toma las riendas del espectáculo, con Calvo integrado en un reparto que completan Marta Aledo, José Luis Torrijo, Luz Valdenebro, Inma Nieto y Álvaro de Juana, «se trata de una versión fiel a la película; se estructura con unos “flashbacks” muy cinematográficos, aunque Ellsworth le ha dado un aire más musical a todo y ha añadido algunas cosas relacionadas con el pasado de Selma que permiten dar a la historia una entidad más teatral, para que el espectador pueda seguir ese viaje iniciático del personaje».

Esa Selma, a la que dio vida en cine Björk y a la que interpreta aquí Marta Aledo, es la protagonista de esta dura historia sobre una mujer, madre soltera e inmigrante en Estados Unidos, que sufre una enfermedad degenerativa que le está haciendo perder la vista y que su hijo también ha heredado. Trabaja con ahínco en la fábrica de un pueblo con el único objetivo de ahorrar dinero para costear la operación que garantizaría la salud ocular de Gene, su hijo. Sin embargo, la enfermedad de Selma avanza y su vida cotidiana resulta cada vez más complicada. Solo las canciones y los números de baile le sirven para evadirse de su miserable realidad. «Podría definirse como una tragedia musical –dice su director–. Creo que el espectador se encontrará con una historia emotiva y muy real, muy dura, pero que a la vez es dinámica. Está contada con lenguajes muy teatrales de toda la vida. Yo tengo como referencias de maestros, por ejemplo, a Wajdi Mouawad y a La complicité, que trabajan con pocos elementos y que permiten que sea el actor quien genere la acción. Pero sí, por supuesto que es una historia muy dura. Hay momentos para los actores muy difíciles, porque están obligados a tirarse a la piscina completamente desnudos». A esos «momentos difíciles» que viven los actores en virtud de la sordidez que encierra la propia trama, se suman otros de naturaleza más técnica, ya que la función exige que sea el propio intérprete –sin ninguna ayuda de realización, como ocurre en el cine– quien tenga que virar el dramatismo de las situaciones que protagoniza hacia otro estado anímico más propicio para cantar y bailar. «Es muy complicado –reconoce Soto–. El otro día, en un ensayo, nos dábamos cuenta, por ejemplo, de lo tremendamente complejo que resultaba una escena en la que Marta (Aledo) estaba llorando, sumida en un estado de desolación, y de repente tenía que transformarse y salir de allí para interpretar una canción que sirviese de liberación al personaje. Es verdad que ese salto resulta a veces muy complicado, pero creo que hemos logrado darlo, porque también es necesario».

Además de la tragedia emocional de los personajes, «Bailar en la oscuridad» toca otros temas de índole social que también se mantienen en esta versión teatral, como son la pena de muerte, la inmigración, las diferencias de clase que se establecen a la hora de impartir justicia, los problemas éticos del capitalismo desmedido o la deshumanización que acarrea el materialismo contemporáneo. «Sin duda, es una obra que nos pone en alerta sobre la perversidad de un sistema; pero, como contrapartida de todo eso, está Selma, un personaje bondadoso y puro. Eso es lo bonito de esta función. Desde que hice “El Quijote” con José Sacristán –concluye Soto–, me interesa mucho esa idea de la bondad y del sacrificio por el prójimo».

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