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"Sansón y dalila": Del Antiguo Testamento hasta hoy

Tiempo de lectura 2 min.

29 de junio de 2019. 01:47h

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Raúl Losánez 29/6/2019

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Autoría: Camille Saint-Saëns. Dirección: Paco Azorín. Intérpretes: María José Montiel, Noah Stewart, David Menéndez, Simón Orfila... Festival de Mérida. Hasta el 30 de junio.

Nada menos que 2.600 personas ocuparon anoche las localidades del Teatro Romano de Mérida en la inauguración de la 65ª edición de su festival de teatro para ver el esperado estreno, visualmente sobrecogedor, de «Sansón y Dalila». Con la inestimable ayuda de Carlos Martos en la coreografía, Paco Azorín ha logrado mover con orden y sentido en el escenario a las 400 personas que componen la figuración y que representan en su mayoría al pueblo hebreo, sometido a los opresores filisteos hasta la llegada de Sansón, que los conducirá hacia la liberación. Seis grandes letras ensangrentadas –las de la palabra «Israel»– son elementos fundamentales con los que Azorín, muy experimentado en este complicado espacio de Mérida, ha jugado con inteligencia en su escenografía para ir adecuando la funcionalidad de los mismos sin lastrar el ritmo dramático por un lado y, por otro, sin desaprovechar el marco original en el que está trabajando. Dicho de otro modo: las piedras del teatro lucen más hermosas que nunca sin un excesivo aparataje escénico y, además, las transiciones se resuelven de una manera mucho más acorde con la forma que tenemos hoy de entender un espectáculo. También en lo musical resulta complicado trabajar en este titánico espacio tan abierto, empezando por la dificultad que supone para los cantantes salvar con sus voces una orquesta que está situada sin foso entre el público y ellos. Dentro del lujoso elenco, gran trabajo del barítono David Menéndez, como el Sumo Sacerdote, y del bajo Simón Orfila en el papel del Viejo Hebreo. Asimismo, pudo lucirse, especialmente en las arias más conocidas, una aplaudida María José Montiel a la que, no obstante, le faltó un poco se magnetismo en el terreno dramático para convencer más seduciendo a Sansón, que estuvo interpretado por Noah Stewart, algo afectado en el lenguaje físico y que fue, en lo musical, de menos a más. De acuerdo con la intención de Azorín de revestir toda la ópera de Camille Saint-Saëns de contemporaneidad, destaca el trabajo de Ana Garay, que ha sabido mostrar a través del vestuario cómo la historia es cíclica y los dominados cometen los mismos errores que los dominadores. Así, no es casual que los judíos se parezcan en el escenario a los palestinos de hoy; y los filisteos, a los israelíes.

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