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«Señor ruiseñor»: Sin pelos en la lengua

  • «Señor ruiseñor»: Sin pelos en la lengua

Tiempo de lectura 4 min.

11 de enero de 2019. 03:22h

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R. Losánez.  11/1/2019

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Obra: Señor ruiseñor. Autor: Ramón Fontserè, en colaboración con Dolors Tuneu y Alberto Castrillo-Ferrer. Dirección: Ramón Fontseré, en colaboración con Alberto Castrillo-Ferrer. Intérpretes: Ramón Fontserè, Dolors Tuneu, Juan Pablo Mazorra, Rubén Romero, Pilar Sáenz...

Teatro María Guerrero. Desde el 9 hasta el 27 de enero de 2019.

La capacidad de Els Joglars para dinamitar cualquier corriente de pensamiento que trate de asentarse en la sociedad bajo presupuestos falsarios, irracionales o inmorales no tiene límites. Siguen siendo los reyes del teatro satírico en España y el mejor azote, en clave artística, a la corrección política. La marcha de Boadella no ha variado ni un ápice la demoledora sustancia crítica de la que se nutre la compañía: ya sin su fundador, y con Ramón Fontserè como nueva cabeza visible, pusieron el periodismo actual a caer de un burro en Zenit y sacudieron en VIP a las nuevas generaciones de padres por la sobreprotección que ejercen con sus consentidas criaturitas.

Aunque bien dotadas de ingenio en su fondo argumental y en la concepción estética de algunas escenas, aquellas dos obras adolecían, no obstante, de cierta laxitud en su narratividad y en su forma de presentar la acción sobre las tablas. Ahora, en Señor ruiseñor, ayudados por Alberto Castrillo-Ferrer en la dirección, los Joglars recobran el brío escénico perdido y ensanchan de nuevo el campo a su pulsión interpretativa para asestar el más inteligente, divertido y descomunal batacazo al independentismo catalán que se haya podido ver hasta la fecha dentro de un teatro. De hecho, creo que sería imposible, por desgracia, que pudiera representarse hoy esta obra en Cataluña sin que hubiese altercados e intentos de sabotaje.

Tomando como punto de partida argumental la ficticia –aunque nada inverosímil- transformación de la Casa-Museo de Santiago Rusiñol (Cau Ferrat) en un supuesto Museo de la Identidad Catalana, Señor ruiseñor analiza de manera descarnada y amena la reciente implantación del pensamiento nacionalista en la vida pública y pone en revelador contraste ese pensamiento con el de un catalán tan preclaro y genial como fue Santiago Rusiñol. Fontserè y Castrillo-Ferrer idean algunas escenas memorables en su composición plástica, musical y coreográfica –espectacular trabajo audiovisual de Manuel Vicente- en las que se enmarca una perspicaz y desatada burla a la deriva política en Cataluña, con alusiones a personajes como “Carlitos Puigdemente” o Jordi Pujol, a instituciones como “TeOdium Cultural” y a asuntos como los lazos amarillos, las caceroladas, la pretendida especificidad del adn catalán, la manipulación del lenguaje, la connivencia de los medrosos, la fobia a lo “español”... Y, frente a todo ese delirio, el arrinconado Rusiñol hablándonos desde otro tiempo con su hermosa sabiduría: “Por encima de las fronteras, de las miserables inclinaciones del egoísmo, va la patria universal en que todos comulgamos, o sea, la de la verdad, la virtud y la belleza”.

Lo mejor: El acertado guiño al cuento de El traje nuevo del emperador

Lo peor: Que tengamos en la butaca más miedo a reírnos que la compañía en el escenario a hacernos reír.

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