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«Tiempo de silencio»: La anestesia de los valores

  • «Tiempo de silencio»: La anestesia de los valores

Tiempo de lectura 2 min.

04 de mayo de 2018. 03:47h

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Raúl Losánez.  4/5/2018

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Autor: L. Martín-Santos. Versión: E. Pechinka. Director: R. Sánchez. Intérpretes: S. Adillo, L. Casamayor, F. Soto, L. Otón... Teatro de La Abadía. Hasta el 3 de junio.

Cuesta un poquito entrar en la función, no lo voy a negar. Sobre todo, si uno comete la imprudencia, como es el caso de este osado crítico, de ir a verla después de haber conducido cientos de kilómetros a la vuelta de un largo puente vacacional. Eso sí, tras unos primeros minutos de confusión –tal vez más de los convenientes–, la imaginación se va adaptando paulatinamente a la propuesta escénica y esta logra captar toda la atención del intelecto. De manera que al final, contra todo pronóstico, uno se va a casa más que satisfecho con lo que ha visto. Claro que, bien mirado, algo parecido ocurre con la novela de Luis Martín-Santos en la que está basada la obra. Sin renunciar al estilo vanguardista y retórico del original, con sus recurrentes digresiones y variaciones en la voz narrativa, Eberhard Pechinka y Rafael Sánchez –autor y director de la versión, respectivamente– han logrado con muchísima astucia añadir un vertiginoso sentido del ritmo a la literatura del malogrado escritor de Larache. Reduciendo la utilería a unos mínimos elementos sumamente eficaces –extraordinario, por ejemplo, lo del altavoz portátil de algunas escenas–, son los propios actores quienes constituyen la verdadera escenografía de una versión que se apoya en el elenco de manera conjunta para llegar al verdadero meollo de la historia. Y todos están estupendos en un trabajo muy coral que les obliga a incorporar varios roles. Son ellos, los actores, quienes han de facilitar la entrada y salida de los personajes –incluso uno le quita las gafas a un compañero para ponérselas a otro cuyo personaje las necesita más en ese momento– y son ellos, desde fuera de la escena propiamente dicha, con sus cuerpos y miradas amenazantes en ocasiones y cómplices en otras, quienes logran generar el clima propicio de alienación para contar esta historia sobre el fracaso vital de un individuo potencialmente bueno en una sociedad gris, mediocre e hipócrita en la que cada uno es víctima de su particular frustración y en la que ninguno es capaz del menor gesto de rebeldía ética.

LO MEJOR

La propuesta logra generar con pocos elementos un extraordinario clima para contar la historia

LO PEOR

Los efectos sonoros son en algunas ocasiones un tanto desconcertantes

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