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Y Montserrat Caballé volvió a sonreír

El Liceo le dedica un emotivo homenaje el día que la soprano hubiera cumplido 86 años y en el que participaron grandes de la lírica.

  • Bernabé Martí, marido de Caballé, y Montserrat Martí, su hija, al recibir la Medalla de Oro póstuma de Barcelona, que entregó la alcaldesa Colau antes del homenaje que le tributó el Liceo. Foto: Efe
    Bernabé Martí, marido de Caballé, y Montserrat Martí, su hija, al recibir la Medalla de Oro póstuma de Barcelona, que entregó la alcaldesa Colau antes del homenaje que le tributó el Liceo. Foto: Efe
Madrid.

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12 de abril de 2019. 22:49h

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F.S..  Madrid. 12/4/2019

Compartió escenario con los más grandes, ella, grande entre las grandes. Ayer hubiera cumplido 86 años. Y por ese motivo el ayuntamiento de Barcelona le entregó la Medalla de Oro de la ciudad a título póstumo por su «destacada trayectoria artística» y por ser «embajadora artística universal». Lo hizo en el Salón de los Espejos del Liceo. Allí estaban su esposo, un emocionado Bernabé Martí, y sus hijos, Montserrat y Bernabé, así como su sobrina Montserrat, que la acompañó siempre por todo el mundo. El Teatro del Liceo, donde tantas veces cantó, su casa, le dedicó después un emotivo homenaje a la «Superba» en forma de gala en la que muchos de quienes fueron sus compañeros estuvieron presentes. No faltaron Jaume Aragall, Josep Carreras y Joan Pons, tres de los artistas que cantaron tanto junto a ella, que dio al Liceo más de 200 funciones, una mujer curiosa, valiente y que mostró un interés especial por rescatar títulos olvidados.

«La sonrisa de Montserrat Caballé», que ese era el nombre del espectáculo, estuvo dirigido por Lluís Pasqual y ofreció vídeos de primeras figuras de la lírica, que por encontrarse trabajando en otras ciudades no pudieron viajar hasta Barcelona, como Plácido Domingo, Zubin Mehta, Roberto Alagna, Juan Diego Flórez, Richard Bonynge, Teresa Berganza, Ainhoa Arteta, Carlos Álvarez y Giancarlo del Monaco, James Conlon, Valery Gergiev, Pretty Yende, Nadine Sierra y Levy Sekagapane. Entrevistas en las que hablaba de todo y en las que ríe, su sonrisa siempre, esa risa tan contagiosa, tan suya. No faltaron tampoco las voces de jóvenes distinguidos en su concurso internacional de canto.

El tenor José Bros estaba ayer emocionado. Cantó acompañado de su esposa, la soprano María Gallego, el dúo de «Fausto» «Il se fait tard, adieu», la primera ópera que cantaron en escena. «Los dos teníamos mucha ilusión. Quién me iba a decir que íbamos a debutar juntos ayer en el Liceo precisamente en el homenaje a Caballé», decía antes de comenzar. Los números musicales se combinaron con grabaciones de la artista.

Un cuento de hadas

Si para Bros fue una ocasión especial, para Gallego era aun más, pues le unía una estrecha relación con Caballé, quien la escuchó en una primera audición, le dio la oportunidad de formarse y le pagó los estudios, además de cantar con ella en su debut liceístico en escena. Cuando se cumplieron los primeros 25 años de carrera lo hizo en Madrid y con ella cantó el dúo de «Las bodas de Fígaro», y al cumplirse los 50 lo hizo en Barcelona con «Oh mio babino caro», de Gianni Schichi. Caballé fue para la soprano una maestra: «Gracias a ella pude vivir un cuento de hadas y me trató siempre como si fuera una hija. Así que ha sido un honor estar en el escenario del Liceo y cantar en su homenaje junto a José». María Gallego tiene el deseo de poder continuar con el legado que recibió de su mentora: «Quiero seguir su escuela y difundir su magisterio. Es un orgullo poder enseñar y transmitir lo que ella me enseñó y transmitió», asegura.

Caballé era capaz de aprender una ópera en apenas dos días: «Y siempre sin ninguna exigencia y mucho menos económica, me hace ilusión decirlo, porque hoy no todos los artistas son así», recordó Carreras, que interpretó una canción napolitana, «Dicintencello Vuie», de Rodolfo Falvo. El tenor Jaime Aragall cantó «Non ti scordar di me», de E. de Curtis y el barítono Juan Pons el aria «Nulla! Silenzio!» de «Il tabarro», de Puccini.

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