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¿Qué esconde el baúl de Vuitton?

El Thyssen acoge una exposición sobre la evolución de la firma francesa desde los primeros baúles creados por su fundador a mediados de 1800 hasta las colaboraciones de este año con Supreme

  • En la imagen, algunas interpretaciones de diseñadores como Azzedine Alaïa de los bolsos más icónicos de Vuitton
    En la imagen, algunas interpretaciones de diseñadores como Azzedine Alaïa de los bolsos más icónicos de Vuitton / Alberto Roldán
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

17 de abril de 2018. 03:29h

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D. Mendoza .  Madrid. 16/4/2018

Cuando el explorador Pierre Savorgnan de Brazza preparaba su excursión a Dakar en 1885 se vio en la necesidad de llevar entre su equipaje una cama que no ocupara demasiado espacio ni pesara mucho. ¿A quién confiarle semejante encargo? A Louis Vuitton, el mejor artesano de baúles de la época, que creó para él uno del que se podía sacar una cama plegable de zinc, madera y lona. «Artículos de viaje exclusivamente franceses, con cierres herméticos perfectos para los viajes a las colonias», rezaba el anuncio con el que más tarde la casa popularizó su diseño. La cama portátil es tan solo una de las maravillosas rarezas expuestas en la muestra «Time Capsule», que se inauguró ayer en el Thyssen-Bornemisza.

Para finales de 1800, Vuitton ya se había hecho un nombre entre la alta sociedad parisina, pero cuarenta años antes era apenas un aprendiz que había llegado a pie a la ciudad desde su pueblo natal, Anchay, a casi cuatrocientos kilómetros de la capital. El recorrido le tomó dos años, más los diecisiete que estuvo trabajando para otros talleres antes de abrir el suyo propio. Vuitton se hizo famoso por la calidad de su trabajo a mano, pero también por su capacidad para empacar maletas con una insólita precisión. Tanto es así que Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón Bonaparte, le contrató para que embalara sus trajes para sus excursiones entre el Palacio de las Tullerías y el Château de Saint-Cloud.

La condesa de Teba le facilitó una exclusiva clientela y, también, las peculiares peticiones de los amantes del lujo, cuyos deseos Vuitton trataba de hacer realidad. Entre ellos, cofres para whisky –con garrafa de cristal y vasos incluidos–, baúles para kits de afeitar o con escritorios incorporados, como el que le encargó un compositor, y una pipa de madera con el monograma de la casa tallado a un lado. Después vendría el ahora famoso bolso Noé, creado en 1932 especialmente para un productor de champán que deseaba transportar al menos cinco botellas en su interior. Todos ellos, al igual que un baúl rojo hecho a medida la de un monopatín, forman parte de la muestra que recorre la historia de la «maison» francesa desde el nacimiento de su fundador hasta las más arriesgadas colaboraciones actuales, como la exitosa colección cápsula que lanzaron el año pasado Jeff Koons y Nicolas Ghesquière, el director creativo de la marca.

Un reto a Houdini

La exposición esconde decenas de anécdotas: desde los sombrereros de principios del siglo XX que también se utilizaban como cajas de herramientas para los coches –dentro había espacio para una rueda de repuesto–, hasta el reto que Vuitton planteó a Harry Houdini. Georges, hijo del fundador, había inventado un sistema de cierre con dos hebillas de resorte que, según él, era imposible de abrir. Para demostrarlo, retó públicamente al ilusionista a que se encerrara dentro de uno de sus baúles e intentara salir. Houdini, sin embargo, nunca le contestó.

La muestra es testimonio, además, de cómo los distintos creativos de la firma, de Marc Jacobs a Ghesquière, han reinterpretado los modelos clásicos diseñados por Vuitton hace más de cien años. De las bolsas de lona pensadas para colgar en los camarotes de los barcos, por ejemplo, nació el bolso «City steamer», y el Noé se convertiría más tarde en el icónico Bucket bag, el preferido de Naomi Campbell.

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