L'Osservatore Romano

Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Año L, número 30 (2.577) Ciudad del Vaticano 27 de julio de 2018 Oremos por las víctimas del fuego en Grecia Telegrama del Papa en página 2 Foto: Incencios recientes en Grecia (Reuters/Costas Baltas) La encíclica Humanae vitae cincuenta años después L UCETTA S CARAFFIA C incuenta años después de la publicación, la encíclica Humanae vi- tae de Pablo vi se presenta a los ojos de los hombres de hoy de un modo completa- mente diverso: en 1968 era un documento valiente —y por lo tanto, controvertido— que iba contra el aire del tiempo, aquel de la revolu- ción sexual, que para reali- zarla eran fundamentales un anticonceptivo seguro y tam- bién la posibilidad de abor- tar. Era también el tiempo en el que los economistas hablaban de «explosión de nacimientos», es decir, del peligro de sobrepoblación que amenazaba a los países ricos y podría disminuir su prosperidad. Dos fuerzas po- tentes, por lo tanto, se ali- nearon contra la encíclica: la utopía de la felicidad, que la revolución sexual prometía a cada ser humano y la rique- za, que hubiera sido la con- secuencia lógica de una dis- minución de la población a gran escala. Hoy, cincuenta años des- pués, vemos las cosas de otro modo. Estas dos visio- nes utópicas se han realiza- do, pero no han traído los resultados esperados: ni la felicidad ni la riqueza, pero sobre todo nuevos y dramá- ticos problemas. Si la caída de la población en los países avanzados se está confron- tando con esfuerzo con la llegada de masas de inmi- grantes necesarios pero al mismo tiempo inaceptables para muchos, desde el con- trol médico de los nacimien- tos se inició la invasión de la procreación por parte de la ciencia, con resultados ambi- guos, a menudo preocupan- tes y peligrosos. Hoy, cuan- do estamos pagando todos el coste de una brusca y fuerte disminución de la natalidad, cuando muchas mujeres des- pués de años de anticoncep- tivos químicos no son capa- ces de concebir un hijo, nos damos cuenta de que la Igle- sia tenía razón, de que Pablo VI había sido profético pro- poniendo una regulación na- tural de los nacimientos que habría salvado la salud de las mujeres, la relación de pareja y la naturalidad de la procreación. Hoy que las S IGUE EN LA PÁGINA 4

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