L'Osservatore Romano

Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00 L’OSSERVATORE ROMANO EDICIÓN SEMANAL Unicuique suum EN LENGUA ESPAÑOLA Non praevalebunt Año LI, número 17 (2.614) Ciudad del Vaticano 26 de abril de 2019 En el Regina Caeli el Papa vuelve a condenar los atentados en Sri Lanka Actos deshumanos jamás justificables Pascua de Resurrección «Actos terroristas, actos deshumanos, jamás justificables»: con estas palabras el Papa Francisco volvió a condenar los atentados perpetrados en Pascua en Sri Lanka. Al término del Regina caeli del lunes “del ángel”, el 22 de abril, el Pontífice expresó nuevamente su dolor por la masacre y pidió a los fieles reunidos en la plaza de san Pedro rezar por las víctimas. Anteriormente Francisco había dedicado la reflexión introductiva a la narración evangélica (Lucas 28, 8-15) de las mujeres que del sepulcro vacío se dirigen hacia los discípulos para anunciar la resurrección. Queridos hermanos y hermanas, buenos días H oy, y durante toda esta semana, se prolonga en la liturgia, también en la vida, el gozo pascual de la resurrec- ción de Jesús, cuyo evento admirable hemos recordado ayer. En la Vigilia pascual reso- naron las palabras pronunciadas por los ángeles junto a la tumba vacía de Cristo. A las mujeres que se habían encaminado al sepulcro al alba del primer día, después del sábado, ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lucas 24, 5- 6). La resurrección de Cristo constituye el acon- tecimiento más sobrecogedor de la historia hu- mana, que atestigua la victoria del Amor de Dios sobre el pecado y sobre la muerte y dona a nue- stra esperanza de vida un fundamento sólido co- mo la roca. Lo que humanamente era impensa- ble, sucedió: «Jesús de Nazaret [...] Dios lo resu- citó, liberándolo de los dolores de la muerte» ( Hechos 2, 22.24). En este lunes “del Ángel”, la liturgia, con el Evangelio de Mateo (cf. 28, 8-15), nos lleva cerca del sepulcro vacío de Jesús. Nos hará bien ir con el pensamiento al sepulcro vacío de Jesús. Las mujeres, llenas de temor y de gozo, van corrien- do a llevar la noticia a los discípulos que el se- pulcro está vacío; y en ese momento Jesús se presenta ante ellos. Ellas «se acercaron, lo abra- zaron los pies y lo adoraban» (v. 9). Lo tocaron: no era un fantasma, era Jesús vi- vo, con la carne, era Él. Jesús disipa de sus cora- zones el miedo y los anima aún más a anunciar a los hermanos lo que ha sucedido. Todos los Evangelios subrayan el papel de las mujeres, María de Magdala y las otras, como primeros te- stigos de la resurrección. Los hombre, atemoriza- dos, estaban encerrados en el cenáculo. Pedro y Juan, avisados por la Magdalena, hacen solo una rápida salida en la que constatan que la tumba está abierta y vacía. Pero fueron las mujeres las primeras en encontrar al Resucitado y a llevar el anuncio de que Él está vivo. Hoy, queridos hermanos y hermanas, resuenan también para nosotros las palabras de Jesús diri- gidas a las mujeres: «No temáis; id y anun- ciad...» (v. 10). Después de los ritos del Triduo Pascual, que nos han hecho revivir el misterio de la muerte y resurrección de nuestro Señor, ahora con los ojos de la fe lo contemplamos resucitado y vivo. También nosotros estamos llamados a en- contrarlo personalmente y a convertirnos en sus anunciadores y testigos. Con la antigua Secuen- cia litúrgica pascual, en estos días repetimos: «Cristo, mi esperanza, ha resucitado». Y en Él también nosotros hemos resucitado, pasando de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad del amor. Dejémonos, por lo tanto, alcanzar por el consolador mensaje de la Pascua y envolver de su luz gloriosa, que dispersa las tinieblas del miedo y la tristeza. Je- sús resucitado camina junto a nosotros. Él se ma- nifiesta a quienes lo invocan y lo aman. Antes que nada en la oración, pero también en los sim- ples gozos vividos con fe y gratitud. Este día de fiesta, en el que es costumbre gozar de un poco de distracción y de gratuidad, nos ayuden a experimentar la presencia de Jesús. Pidamos a la Virgen María poder tocar con las manos llenas la paz y la serenidad del Resucitado, para compar- tirlos con los hermanos, especialmente con los que tienen más necesidad de consuelo y de espe- ranza. Al finalizar el Regina caeli, después del llamamiento por Sri Lanka el Papa saludó a los diversos grupos presentes en la plaza. Queridos hermanos y hermanas, Quisiera expresar nuevamente mi cercanía espiritual y paterna al pueblo de Sri Lanka. Estoy muy cercano a mi querido hermano, el cardenal Malcolm Ranjith Patabendige Don, y a toda la Iglesia archidiocesana de Colombo. Rezo por las numerosísimas víctimas y heridos, y pido a todos no dudar en ofrecer a esta querida na- ción toda la ayuda necesaria. Deseo, también, que todos condenen estos actos terrostitas, actos inhumanos, jamás justificables. Recemos a la Vir- gen... [ Ave, o Maria ] Buena y Santa Pascua a todos. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ha- sta luego.

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