Los libros de la semana: De revoluciones, aventuras, maternidad y periodismo

Se reedita «Ciudadanos», un ensayo en el que Simon Schama estudia, con especial atención en los antecedentes, cómo la Francia revolucionaria emuló a la República Romana; Timothy Brook estudia, a partir de los cuadros de Vermeer, la expansión comercial de Europa, Nothomb presenta una fábula conmovedora y ácida sobre las relaciones viciadas entre mujeres... ¿Cuál eliges?

  • Los libros de la semana: De revoluciones, aventuras, maternidad y periodismo

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24 de mayo de 2019. 07:59h

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24/5/2019

Se reedita «Ciudadanos», un ensayo en el que Simon Schama estudia, con especial atención en los antecedentes, cómo la Francia revolucionaria emuló a la República Romana; Timothy Brook estudia, a partir de los cuadros de Vermeer, la expansión comercial de Europa, Nothomb presenta una fábula conmovedora y ácida sobre las relaciones viviadas entre mujer... ¿Cuál eliges?

Los libros de la semana: De revoluciones, aventuras, maternidad y periodismo

«Ciudadanos. Una crónica de la Revolución francesa»

Simon Schama

Debate

1.024 páginas,

39,90 euros

La Marsellesa tiene acento romano; por David Hdez-de la Fuente

Se reedita, coincidiendo con el treinta aniversario de la publicación de este ensayo de referencia, «Ciudadanos», en el que Simon Schama estudia, con especial atención en los antecedentes, cómo la Francia revolucionaria emuló a la República Romana

Para hacernos una idea de la profunda cesura en la historia de las mentalidades que supuso la Revolución Francesa basten dos ejemplos: es el único momento en la historia de Occidente –ni siquiera la revolución marxista se atrevió– en el que se cambió la forma de pensar en el tiempo, introduciendo una nueva datación, y se quiso crear una nueva religión del Estado –los nazis solo harían algún tímido intento–, el culto de la razón y del ser supremo, y no por casualidad durante el Terror. La Revolución Francesa, catarsis de luz y oscuridad, contrapunto de la idealista guerra revolucionaria norteamericana, es universalmente reconocida como punto de inflexión histórica. Fascina la manera en que sus protagonistas fueron conscientes de ser y hacer historia: un ejemplo clave es el recurso al pasado, al mundo clásico.

Cónsules y nomenclatura

La Francia revolucionaria, como las 13 colonias americanas, se miró en el espejo de Grecia y Roma. Si estas quisieron ser confederaciones griegas, aquella prefirió emular la República Romana con su parafernalia, su nomenclatura, sus cónsules, etc. La continua referencia a las experiencias políticas participativas clásicas es piedra angular para la reflexión de amplio calado en pos de la idea del Estado y de la sociedad moderna. Y, además, la Revolución Francesa fue modelo para revolucionarios posteriores: es famosa la cita del primer ministro chino Zhou Enlai cuando, preguntado por la relevancia de 1789, contestó, sin duda sintiéndose parte aun del proceso histórico: «Es demasiado pronto para saberlo». La historia se plegaba en una flexión asombrosa que unía así contemporaneidad, pasado y futuro de todo proceso revolucionario y transformador de la sociedad, en una confluencia que tiene como vértice los vertiginosos años que median entre 1789 y 1815.

En 1989, coincidiendo con el 200 aniversario de la Revolución Francesa, se celebraron una serie de fastos académicos y políticos, irónicamente en otro año clave de la historia. En ese marco se publicó una serie de estudios que pretendía procurar una visión renovada de este tema. Tras diversas tendencias historiográficas, tanto marxistas como de microhistoria –véanse los excelentes trabajos de la «History from below» de Richard Cobb –, el profesor de Columbia (entonces en Harvard) Simon Schama publicó un monumental estudio sobre la Revolución titulado, simple pero acertadamente, «Citizens» («Ciudadanos»). Traducido al castellano al poco de su aparición, el libro se recupera ahora de forma muy oportuna en la editorial Debate, a los treinta años de su escritura. Con ello se pone de manifiesto la vigencia de esta obra ya clásica e indispensable para conocer con detalle las circunstancias, precedentes, desarrollo y consecuencias inmediatas del gran proceso revolucionario que cambió la faz de la historia política y cultural de nuestro mundo. En su ponderada reseña en «The New Yorker», el imprescindible intelectual George Steiner, también judío como el propio Schama, elogió las soberbias descripciones de los momentos épicos y el panorama crítico que ofrecía por su «gusto refinado, capacidad de discernimiento y humanidad de sus juicios».

La obra muestra cómo se engendró una comunidad de ciudadanos libres e iguales, restaurando ideales de la antigüedad clásica y consagrando los derechos individuales, pero, paradójicamente, se produjo un Estado más fuerte, que tuvo tendencias totalizantes y totalitarias, también en lo policial, preludiando mucho de lo que ocurriría posteriormente hasta nuestras sociedades de masas. Sobrecoge aún leer las páginas sobre la Bastilla, el Terror o la Marsellesa, así como la descripción de las masacres colectivas, que, como apuntó Steiner, hablan de una «imperfección» en toda revolución: la paradoja de la violación de derechos en el proceso de liberación. Incluso panegiristas de izquierdas de las «Revoluciones» (Turner) como Gero von Randow han de admitirla.

Años vertiginosos

Schama se detiene especialmente en los antecedentes: en cómo la crisis económica, el endeudamiento por la aventura americana y el modo de vida de la corte y la administración, pero también el trasfondo de las nuevas ideas y del ideal cultural clásico, influyeron sobremanera en lo que ocurrió. Para Schama el «ancien régime» ya albergaba en sí el germen de la ideología y la violencia revolucionarias. En contraste, a partir de 1792, la crónica se vuelve veloz y casi vertiginosa. Pero fueron años así. Hay que recordar que durante un breve tiempo –casi 20 años– la Francia de la época pasó de la experiencia republicana al Imperio: en lo que su modelo, la antigua Roma, había tardado generaciones.

En suma, a tres décadas de su aparición, hay que decir que «Ciudadanos» se lee con verdadero placer intelectual y asombro ante la capacidad sintética y expositiva de Schama. Si a su pericia como historiador de la sociedad, la política y la economía se suman su inteligente valoración del contexto cultural y científico –de los vuelos de Montgolfier al pintor David– con una adecuada selección y comentarios de imágenes memorables, el viaje histórico que se presenta ante el lector será simplemente inolvidable.

Sobre el autor

Simon Schama (Londres, 1945) Caballero de la Orden del Imperio Británico, es un historiador de origen judío, experto en historia moderna. Profesor en la Universidad de Columbia, ha sido divulgador histórico en la televisión pública de Inglaterra, para la que ha realizado varias series, así como crítico de arte y cultura en «The New Yorker».

Ideal para...

comprender el carácter que envolvió a los sucesos de 1789, un acontecimiento único desde sus precedentes inmediatos para sentirnos aún parte de ese proceso histórico en nuestra sociedad actual.

Un defecto

El tono narrativo de Schama ayuda; sin embargo, existe cierto abuso del efectismo periodístico al comienzo de cada uno de los capítulos que se puede entender como un atrezzo innecesario de la historia.

Una virtud

La mirada abarcadora, sobre todo en los precedentes del proceso revolucionario, que ayuda al lector a entender todo lo que vino después, y la gran capacidad crítica que despliega el historiador.

Puntuación: 9

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ENSAYO

«El sombrero de Vermeer»

Timothy Brook

Tusquets

326 páginas,

21 euros

Vermeer es solo un pretexto; por Toni Montesinos

Timothy Brook estudia, a partir de los cuadros del pintor, la expansión comercial de Europa

El enfoque de este libro es tan estimulante como arriesgado, o, al menos, puede parecerlo en primera instancia. Casi al comienzo, se diría que Timothy Brook fuerza un poco las justificaciones con las que intenta explicar los argumentos que le han llevado a escribir «El sombrero de Vermeer». Habla de Delft nada más empezar, la ciudad donde vivió el gran pintor holandés, pero lo hace por el mero azar de un accidente de bicicleta que tuvo allí en su juventud, y aunque para su propósito lo mismo hubiera podido elegir otra ciudad, como Shanghái. Una alusión más que interesada, pues Brook es un reconocido sinólogo, autor de un estudio importante como «Confusions of Pleasure. Commerce and Culture in Ming China». Así, en definitiva, dice que va a establecer un campo de interconexiones entre Europa y China para entender cómo se fue gestando el intercambio de mercancías que también alcanzó América, de ahí que subtitule el libro «Los albores del mundo globalizado en el siglo XVII». Para penetrar en esa centuria, Brook se fija en ciertos detalles de los cuadros de Vermeer que ilustran lo que estaba ocurriendo. En «Vista de Delft» se distingue el almacén de la Casa de las Indias Orientales, la primera gran sociedad anónima del mundo y al cabo de pocas décadas la corporación comercial más poderosa del planeta. Incluso era «el modelo para las grandes empresas que ahora dominan la economía global».

En otro cuadro, «Militar y muchacha sonriente», el sombrero de uno de los personajes –que podría estar flirteando con la chica– le lleva a reflexionar sobre las nuevas normas sociales de la época y el comercio del suministro canadiense de pieles de castor, lo cual estimuló la demanda de sombreros. En «Lectora en la ventana» se aprecia una alfombra turca y una fuente china, dos de las importaciones predilectas de aquellos tiempos, lo cual conduce a Brook a hablar de los viajes comerciales en barco... Así las cosas, «El sombrero de Vermeer» es un libro de historia y arte, un estudio detallado del modo en que objetos como la porcelana china penetraron en los hogares europeos, si bien tal cosa puede acabar generando un estudio tan erudito y bien documentado como farragoso en su detallismo, como cuando explica la diferencia entre diversos tipos de tazones de sopa.

Mapas y monedas

La idea de que el autor ha querido seguir hablando del universo que tan bien conoce, la historia china, se acrecienta pese a tomar las pinturas del artista holandés como pretexto para acabar hablando de las rutas comerciales que se extendían por todo el planeta. Desde esta perspectiva, la imagen de cajón de sastre que puede dar el trabajo cobra relevancia si uno siente interés por la confección de mapas (cuadro «El geógrafo»), o la costumbre de pesar las monedas por entonces («Mujer con balanza»). Lo extraño es que este nexo común con las obras de Vermeer no será tal, ya que Brook usa obras de Hendrik van der Burch, «Los jugadores de cartas», sobre otro militar cortejando a una joven, y de Leonaert Bramer, «Viaje de los Reyes Magos a Belen».

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sobre el autor

Timothy Brook (Toronto, 1951) es historiador y titular de la cátedra Shaw de estudios chinos en la Universidad de Oxford

ideal para...

los que deseen conocer una manera novedosa de ver cómo el capitalismo y el consumismo llegaron a abrirse paso

un defecto

El tono de explicación dispersa que arrastra el libro, aunque si bien interesante, puede llegar a confundir al lector

una virtud

Aporta las reproducciones de los cuadros con buenas explicaciones y mapas de rutas

puntuación: 8

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EPISTOLARIO

«KATHLEEN Y CHRISTOPHER. LAS CARTAS DE ISHERWOOD A SU MADRE»

C. Isherwood

ALPHA DECAY

224 páginas,

21,90 euros

Querida madre: quiero vivir; por Diego Gándara

Como la de muchos escritores, la vida de Christopher Isherwood no fue nada fácil. Pero era, al menos, la vida de un hombre valiente. Nacido en el seno de una familia noble del Reino Unido, renunció muy pronto a los oropeles que le ofrecía su clase y prefirió, antes que quedarse para siempre en su tierra, recorrer el mundo y vivir según su deseo. Así, a finales de los años veinte llegó a Berlín, donde se nutrió de la efervescencia cultural y política de la época, y permaneció hasta que, con la irrupción del nazismo, dijo adiós a su peripecia berlinesca y se marchó definitivamente a Estados Unidos. Autor de novelas que reflejan detalladamente sus días en Berlín, Isherwood también registró sus vivencias en unos diarios que, sin embargo, destruyó por temor a que las autoridades alemanas se los incautaran, pues no quería que nadie se entrometiera en sus opiniones y, mucho menos, en su homosexualidad. Dejó, al menos, numerosas cartas que le envió a su madre entre principios de 1935 y finales de 1939, en un periodo de su existencia en el que empezó a tener formas de escritor y en el que disfrutaba de la amistad de poetas como W.H. Auden y Stephen Spender.

Un pasado tramposo

Como señala la académica Lisa Colletta en el prólogo a estas misivas, Isherwood aborrecía el pasado y todo lo que eso significaba. Es decir, de lo que su madre y su clase social esperaban de él. Afirma Colletta que pasó gran parte de su vida viajando por escapar de ambas cosas, aunque jamás pudo hacerlo de la influencia de su madre y se convirtió, sin quererlo, en un cronista, «en un escritor que hizo de su persona, de una manera u otra, el objeto de casi toda su obra». Isherwood, pues, le refiere a su madre cuestiones más bien generales, como la situación política en Europa o el activismo de sus amigos, pero también otras más íntimas y personales, como la angustia que siente por su amante alemán, Heinz, las dudas que tiene sobre su escritura y los sentimientos que le inspiran las críticas hacia su obra. Todo expresado con una sinceridad y una cercanía que transmiten de manera fehaciente las esperanzas y los miedos de aquel entonces. Pero no le escribe solo desde Berlín. También desde Copenhague, Bruselas, Amsterdam, París, Portugal, China, Nueva York y otros lugares por los que transitó. Su madre es para él una especie de agente literaria, de interlocutora y, sobre todo, algo que lo unía con Inglaterra y con su pasado. Un pasado del que no pudo escapar ni cuando se mudó a Hollywood y dejó de ser, como afirma Colletta, un cínico europeo para convertirse en un californiano con conciencia.

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sobre el autor

Fue uno de los principales novelistas del siglo XX y uno de los luchadores más activos del movimiento por los derechos de los homosexuales

ideal para...

ver una cara más íntima y cercana de Isherwood

un defecto

Ninguno que merezca reseñarse

una virtud

El arte para combinar su escritura con su vida y reinventarse mediante la palabra

puntuación: 9

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BEST-SELLER INTERNACIONAL

«La sospecha»

Fiona Barton

TAURUS

600 páginas,

19,50 euros

(e-book: 12,34)

Una periodista en el centro de la noticia; por Lluís Fernández

Fiona Barton redondea con «La sospecha» su trilogía sobre la investigadora Kate Waters

Es inevitable recordar que Fiona Barton es ya una veterana de la mejor intriga doméstica. Tras «La viuda» y «La madre», remata el trío con «La sospecha». Las tres mantienen unidad de estilo y los personajes protagonistas: la periodista Kate Waters y el policía Bob Sparkes. Un tándem novedoso que cumple las funciones usuales del dúo investigador. En «La sospecha», el carácter de la periodista intrépida se ha atemperado y el policía, por dramas personales, ha caído en la melancolía. La voz cantante la lleva ella, que investiga la desaparición de dos chicas en Thailandia.

Los primeros capítulos recuerdan al drama carcelario «Sueños rotos», pero pronto deriva al de «mujeres desaparecidas». Subgénero con una genealogía que parte de «Alarma en el expreso» (1938), de Hitchcock, «Breakdown» (1997) y Gillian Flinn con «Perdida» (2014). Otra característica común de la literatura de intriga familiar es la alternancia entre el estilo indirecto y el directo. Es efectivo porque permite a su autora mantener la tensión entre el discurso general, que informa de los acontecimientos imprescindibles de la trama, y el personal: el relato de Kate Waters que informa por adelantado de los sucesos y trasmite el trasfondo moral del relato.

La actualidad le ha añadido la inmediatez de internet, los chats, móviles y correos, y la prensa digital y televisiva, causantes de la pena del telediario. Fiona Barton siempre ha utilizado los medios para plantear el problema de la intrusión en la esfera de la intimidad del periodismo sensacionalista, que se inmiscuye en la vida trágica de los padres y, so capa de ayudarlos, se convierte en la quintacolumnista de la crónica negra.

Pero el giro más imprevisto comienza cuando la periodista se convierte en noticia y queda atrapada en un dilema similar al de los familiares acosados por la jauría periodística luchando por un clic. Incapaz de sustraerse a investigar la noticia, pero convertida en primicia, se debate entre su responsabilidad de madre y el deber de esclarecer una verdad letal para ella y para su hijo.

Finales cuestionables

El problema de los lectores de las novelas de esta autora es que se decepcionan con el final. Cierto, es previsible. Hay dos o tres giros argumentales apenas espectaculares porque la autora sabe que al rizar el rizo se cae en el tópico y prefiere resolver el rompecabezas mediante un dilema moral y aterrizar sin recurrir a rocambolescos golpes de efecto y a esa montaña rusa que finaliza en batacazo.

El tipo de intriga psicológica que practica es el giro moral. Como en «La viuda», la crítica de la mezquindad del mundo familiar de los padres y el lado oscuro de los hijos le permiten un relato cocido a fuego lento de la actualidad, creada por los medios, ávidos de impactantes revelaciones. Ante este panorama desalentador, su ácida crítica supera literariamente a las triviales intrigas domésticas al uso. Ni quiere ser amable ni pretende complacer al lector, sino desasosegarlo con una trama apasionante y una duda moral que acabará superando a sus protagonistas.

Los libros de la semana: De revoluciones, aventuras, maternidad y periodismo

sobre la autora

Periodista curtida en casos judiciales como el de Madeleine McCann, Fiona Barton (Cambridge, 1959) triunfó con «La viuda» y «La madre»

ideal para...

los fans de las novelas de intriga familiar que contengan mucho suspense y una crítica moral

un defecto

Existe cierta dilatación en la narración que, de aligerarse, hubiera ganado en ritmo y eficacia expresiva

una virtud

Lo bien que escribe Barton y la facilidad con la que maneja al lector, prisionero del mundo literario creado por ella

puntuación: 8

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ENSAYO

«Alta costura»

Florence Delay

acantilado

87 páginas,

12 euros

Del Siglo de Oro a Balenciaga; por S. Fernández.-Prieto

Cuando Florence Delay visitó por primera vez el Museo de Bellas Artes de Sevilla y contempló extasiada las pinturas de Francisco de Zurbarán tuvo la impresión de encontrarse ante un desfile de alta costura durante el Siglo de Oro. Las santas de Zurbarán fueron a menudo mujeres torturadas con una violencia extrema, jóvenes que prefirieron los más crueles tormentos antes que abjurar de su fe en Dios. En sus cuadros el gran pintor extremeño suele incluir en segundo plano el instrumento, a veces de refinada crueldad, que los hombres eligieron para rematar el suplicio: un clavo, un carro con ruedas dentadas, una antorcha o una espada. Pero a pesar de pasar a la historia por tanta sangre, escarnio y dolor todas ellas aparecen con elegantes y suntuosos trajes. Los tafetanes, las sedas, los brocados, los adornos y las joyas son tan exquisitos y elegantes que la historia de estas mujeres vestidas de gala necesita de una explicación detallada para entender su santidad.

Pasión por el lienzo

Delay comienza con los protagonistas de un milagro que se repite a menudo: santa Casilda, Isabel de Portugal y Rosalía de Palermo escondían entre los pliegues de sus vestidos los alimentos que, generosas, llevaban a los presos o a los necesitados. En distintas épocas y situaciones el prodigio se repetía, cuando eran sorprendidas por padres o maridos que les pedían mostrar lo que escondían y ellas soltaban esos pliegues, la comida se transformaba en flores y lo mismo ocurrió con el joven fraile franciscano san Diego de Alcalá que Zurbarán pintó a menudo, pues era un pintor de asuntos religiosos que trabajaba por encargo. Son unos veinte cuadros del pintor los que selecciona la autora no solo para describir el aspecto de sus protagonistas, también para recrear la época en la que vivieron, en la España romana, en Alejandría o en Catania y lo hace de forma muy meritoria tanto por lo sucinto de sus explicaciones como por la viveza y elegancia de su estilo. Especialmente interesante es la descripción del gremio de pintores y artistas sevillanos con los que tuvo que litigar Zurbarán, siendo ya pintor de éxito, al que el escultor Alonso Cano exigía un examen inicial para poder trabajar en Sevilla.

Al final, una sorpresa, el último capítulo lo dedica a la figura de Balenciaga, considerado el mejor y más influyente de los modistos de la historia, para explicar la influencia que este tuvo de Zurbarán en sus creaciones. Una pequeña joya, amena y documentada que muestra la pasión de Florence Delay por España y en particular por nuestro Siglo de Oro.

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sobre el autor

Florence Delay (París, 1941) es escritora, traductora, guionista y miembro de la Academia francesa

ideal para...

admiradores de la pintura, la alta costura y también de la hagiografía

defecto

Ninguno. Es un ensayo breve y apasionante

una virtud

La forma brillante en que la autora describe los detalles de las pinturas y de las formas de vida

puntuación: 10

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RELATO

«Cuentos completos»

Mario Levrero

Penguim Random House

656 páginas,

22,69 euros

Exquisitas obras maestras; por Diego Gándara

Como la de Felisberto Hernández, la obra de Mario Levrero (nacido en Montevideo en 1940 como Jorge Mario Varlotta Levrero y fallecido en la misma ciudad en 2004) ha encontrado finalmente su sitio en España. El camino, no obstante, ha sido largo. Fue dado a conocer en 1999 gracias a Marcial Souto (su primer editor), que publicó la trilogía involutaria, compuesta por esas tres novelas breves que son «La ciudad», «El lugar» y «París», y que revelaron a un escritor original, de una imaginación bastante curiosa, que captaba la realidad con los sentidos bien abiertos y la mostraba en toda su extrañeza.

Su arraigo definitivo entre los lectores y los escritores españoles, sin embargo, se produjo en 2004 con la publicación de «La novela luminosa», un ejercicio de estilo y de lo que significa hacer literatura cuando se escribe lo que sea. En este caso, un diario, el «Diario de la Beca», en el que Levrero registra, durante un año, todo lo que hace, todo lo que sueña, todo lo que piensa, todo lo que lee mientras se dedica, por otro lado (perseguido por la Beca Guggenheim que le han concedido) a la imposible tarea de escribir una novela en la que solo puedan narrarse experiencias «luminosas».

Más allá de estas novelas, Mario Levrero también fue un extraordinario escritor de textos breves, también capaces de captar, a través de la experiencia de la escritura, otro de los miles de sentido que puede tener la realidad. Así lo prueban, en todo caso, estos sesenta que componen sus «Cuentos completos» (prologados por Fabian Casas), donde se reúnen los cuentos publicados entre 1970 y 2003, desde «La máquina de pensar en Gladys» (cuyo título, en sí mismo, ya es todo un cuento) hasta «Los carros de fuego», pequeñas y exquisitas obras maestras escritas por uno de los autores más singulares nacidos a orillas del río de la Plata.

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DIETARIO

«DIARIOS DEL AGUA»

Roger Deakin

IMPEDIMENTA

408 páginas,

24,95 euros

Roger Deakin, a brazada limpia; por Sagrario Fdez.-Prieto

Impedimenta rescata su aventura recorriendo las islas británicas a nado

El primer párrafo de «Diarios del agua» describe un chaparrón de verano mientras el autor nada en el foso de su casa en Suffolk. El fragmento es tan hermoso que el lector se sorprende envuelto en su belleza y cuando lee las últimas palabras, «llovían espíritus del agua», ya tiene claras dos cosas: que tiene en sus manos el libro de un autor de especial sensibilidad y que dicho autor posee una gran pasión en su vida: el agua. Fue en 1996, durante ese aguacero, cuando Roger Deakis empezó a pensar en un largo viaje que le llevará hasta el mar. Empezaría y acabaría el viaje en su foso, nadaría durante todas las estaciones del año y escribiría sus peripecias e impresiones en un diario. Quería hacer algo parecido a «El nadador» de Cheever, pero en vez de ir andando o corriendo de piscina en piscina él iría en bicicleta o en coche. Estaba convencido de que fluir con el agua le conduciría a percibir mejor todo lo que ocurre en la superficie, al igual que la meditación proporciona una mayor consciencia de la realidad, idea ésta que surge en varios momentos del libro, así como el hecho de que estar en el agua es un regreso al estado natural del ser humano, a la etapa previa al nacimiento.

Deakin comienza un recorrido que le lleva a bañarse en lagos, pozas, manantiales, ríos, arroyos o costas desde su granja en Suffolk hasta las gélidas aguas de la corriente del Golfo Atlántico. Completamente desnudo o con traje de neopreno, se zambulle, nada a favor o en contra de la corriente, cabalga olas o flota en aguas saladas, avanza tranquilo a braza o rompe el agua con su rápido crol y se adentra en el mar cuando está triste «para dejar sus demonios en las olas», porque no cesa de reivindicar el poder terapéutico del agua y de la natación. A lo largo de su viaje este nadador que estudió inglés en Cambridge bajo los auspicios de Kingsley Amis no deja de sorprender tanto por sus cualidades literarias como por sus conocimientos científicos que le llevaron a ser considerado en vida un experto naturalista. Abierto y carismático, Deakin aboga por el acceso abierto y libre al campo y a las vías fluviales, siendo precursor de un movimiento social en el que participaron miles de personas.

Cuando la vida salpica

El libro es un valioso documento sobre la historia, la literatura y la sociología de los ingleses, su afición a reunirse en clubes, también de los nadadores, esos británicos que elogian las aguas cristalinas cuando son «claras como la ginebra». En sus páginas aparecen cientos de referencias interesantes a escritores –Daniel Defoe, T. S. Elliott, D. H. Lawrence, Robert Frost y, cómo no, Henry David Thoreau– y también a científicos y personajes peculiares con los que conversa amistosamente. A veces el escritor y el naturalista se unen en descripciones tan evocadoras como esta: «En el mar nocturno en Walberswick he visto cuerpos ardientes con pláncton fosforescente golpeando a través de las ondas de neón como dragones».

Los libros de la semana: De revoluciones, aventuras, maternidad y periodismo

sobre el autor

Roger Deakin (1943-2006) saltó a la fama en 1999 cuando se publicó este libro, que se convirtió enseguida en

un éxito de

ventas y con el paso del tiempo en un clásico de culto

ideal para...

amantes de la naturaleza en general, de la natación en particular y de todas esas crónicas de viajes que marcan época

un defecto

Ninguno. Es un libro único y diferente que merece la pena conocer. Su edición, además, resulta muy

exquisita

una virtud

Cómo es capaz de contagiar su gran pasión por la natación al lector

Puntuación

10

Los libros de la semana: De revoluciones, aventuras, maternidad y periodismo

NOVELA

«Golpéate el corazón»

Amélie Nothomb

ANAGRAMA

152 páginas,

16,90 euros

Nothomb y una mala madre; por Ángeles López

Una vez más, la número 25, Nothomb nos presenta una fábula conmovedora, hiriente, cruel, con buena dosis de Freud en la trastienda, ácida, desasosegante y maravillosa. No se encuentra nunca en sus historias prosa de saldo. Esta vez se centra en abordar las relaciones viciadas entre mujeres. El libro toma el título de un texto de Alfred de Musset, uno de los iconos del romanticismo francés: «Golpéate el corazón, ahí es donde reside el genio». Es la frase que impulsa a la protagonista a estudiar cardiología, el mantra que le advierte de una traición, la máxima en la que cifra una existencia que tiene altas dosis de desamparo. Recapitulemos: en una ciudad francesa de provincias en 1971, Marie, de 19 años, superflua y vanidosa, disfruta de ser el centro de atención, adorada por los chicos y envidiada por las niñas, y siente que está destinada a grandes planes. Sin embargo, se queda embarazada del hombre imprevisto, se apresura a contraer matrimonio y termina trabajando en la farmacia de su esposo. El comienzo de la novela es un falso arranque porque la verdadera protagonista no es ella, sino su primogénita, Diane, a quien someterá al ostracismo y a la mayor de las frialdades, sabiendo mantener, sin embargo, una pasión desbocada por los dos hijos menores que llegarían con el tiempo.

Sentimientos congelados

Una madre imposible por su estricta carga de celos, de frialdad, de envidia. Un témpano para el que su hija mayor solo tiene una pregunta: por qué. La niña crecerá bajo la desgraciada sombra que proyectan las frustraciones de esa diosa indiferente «capaz de tocarla sin que existiera un contacto real, de mirarla sin verla». La situación se agrava hasta el punto de tener que abandonar el hogar familiar para mudarse a casa de sus abuelos, que se encargarán de criarla con todo el cariño que siempre se le negó. Adolescente educada, en la edad adulta, Diane se prepara para convertirse en cardióloga y comienza sus estudios de Medicina y conocerá a otra importante figura femenina, Olivia. Una profesora que podría convertirse en una madre sustituta y que tiene una hija con la que nuestra protagonista también simpatizará. Pero las cosas están muy lejos de ser tan perfectas como ella piensa.

Como siempre, Nothomb nos deleita con una historia punzante, seca y maquiavélica. Abordar sus novelas de corto aliento, una vez al año, supone una sensación de asco y atracción que no permite puntos de fuga en su lectura, siempre ejecutada con buen pulso y una complejidad, en ocasiones excéntrica y sobreactuada, que a ella, y solo a ella, no le sienta nada mal.

Los libros de la semana: De revoluciones, aventuras, maternidad y periodismo

sobre la autora

Se convirtió desde su novela «Higiene del asesino» en una de las autoras más populares en lengua francesa

ideal para...

observar los preceptos que presuponen la maternidad como fuente de amor incondicional

un defecto

Los personajes no parecen tener claro por qué hacen lo que hacen

una virtud

Es una lectura deliciosamente retorcida

Puntuación

9

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