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De artificiero a cuidar de Jon Rahm

Desactivó bombas con la Ertzaintza durante catorce años, ahora trabaja con el número cinco del mundo

De jugarse la vida como desactivador de explosivos a «coach» de Jon Rahm. «Del agua al vino se podría decir», comenta entre risas Joseba del Carmen (52 años, Vitoria). Ex entrenador mental de una de las grandes estrellas de la Juventus y del fútbol italiano, Paulo Dybala, ex asesor del cuerpo técnico del Alavés y trabajando desde hace cinco años con el último genio del golf mundial, la vida de Joseba del Carmen es digna de producción cinematográfica. «He sido jugador de baloncesto en el Baskonia, empresario en quiebra, profesional del golf, artificiero en la Ertzaintza y desde hace diez años soy “coach” de deportistas de élite», cuenta mientras da un paseo por el campo de golf del Montgomerie Maxx Royal de Antalya. «Nunca me hubiera imaginado poder vivir lo que estoy viviendo. Para mí esto es un sueño y cada día que pasa le doy las gracias a la vida por estar donde estoy».

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Recluido durante tres largos años en el monte cántabro por una grave lesión de cadera que le hizo renunciar a su trabajo como artificiero, Joseba encontró entre los árboles, sus huertos y la sidra, la llave de su nueva vida. «Me recluté solo como un ermitaño porque no entendía lo que me estaba pasando. Cuando empecé a entender que yo era responsable de todo lo que me pasaba empecé a decir: “Tengo que hacer algo para saber qué está ocurriendo”. Y así es como el “coaching” llegó a mi vida», dice. «Empecé a hacerme preguntas, a responderme a mí mismo y ahí me di cuenta de que podía ayudar, además de a mí mismo, a deportistas de élite, a equipos y a otras empresas a ir desarrollando ese máximo potencial que todos tenemos dentro», señala.

Con Jon Rahm, con el que lleva trabajando desde 2014 («Ya lo conozco demasiado bien», admite), lo ha conseguido y hoy el chico «malo» de Barrika que de más joven acostumbraba a romper palos y a marcharse de los torneos antes de tiempo por descalificación, ocupa el quinto puesto en el ranking mundial. «Jon es una persona extremadamente emocional. Las emociones le brotan de dentro. Yo considero que las emociones tienen que salir, pero siempre con una norma: con respeto hacia ti mismo y hacia los que te rodean. Hay veces que tenemos que entendernos, perdonarnos a nosotros mismos y permitirnos soltar esa rabia y ese cabreo que llevamos dentro», cuenta uno que ha sobrevivido 14 años en su delicado trabajo de desactivador gracias al control emocional. Jon, que el domingo sopló las velas de su 25 cumpleaños, de momento no ha tenido que perdonarse mucho porque en los tres años que lleva como profesional, ha demostrado un talento espectacular. «Sólo él sabe dónde está su techo. Es una persona que bajo presión compite a nivel de excelencia». No obstante, él le suele incidir en un aspecto que considera fundamental: la derrota. «A perder se aprende perdiendo y cuanto más aprendas, cuando te llegue la situación vas a saber gestionarla mucho mejor». Pegado siempre al teléfono, Del Carmen no podrá acompañar a Jon Rahm en su próximo desafío: la final de Dubái del European Tour que se disputa la próxima semana. «Yo lo único que le digo es que no olvide nunca para qué juega y que siga siendo el mismo de siempre». Y es que aunque no lo creamos, «las bombas son como las personas».